Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la Izquierda, nº 18
marzo de 2021 - agosto de 2021.
ISSN: 2313-9749 | ISSN en línea: 2683-9601
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

Elisa Pastoriza y Juan Carlos Torre, Mar del Plata, un sueño de los argentinos, Buenos Aires, Edhasa, 2019, 360 pp.


Ignacio Ibáñez Cornet

Universidad de Buenos Aires, Argentina

Mar del Plata… es una hermosa pieza literaria a la vez que un sólido ensayo histórico, con un riguroso trabajo de archivo. Los seis capítulos que lo componen están atravesados por la hipótesis de que un impulso igualitario, basado en la creencia de que ninguna persona es por nacimiento inferior a otra, dio sostén a una experiencia fuera de lo común en el mundo: un balneario para todos los sectores sociales. Los autores analizan a la Perla del Atlántico “desde los orígenes, a comienzo del siglo […] hasta fines de la década de 1960” (p. 11), planteando un paralelo entre el desarrollo de la ciudad balnearia y las transformaciones de la sociedad argentina, en donde la ampliación del bienestar social durante el siglo XX hizo accesible a una porción creciente de la población unas vacaciones junto al mar.

El primer capítulo presenta a dos protagonistas de la fundación de la ciudad costera: Patricio Peralta Ramos, de familia colonial tradicional, y Pedro Luro, inmigrante vasco francés que arribó al país en 1837 sin más que su persona y en menos de dos décadas ya era un próspero empresario. El frustrado proyecto productivo y el viraje hacia el turismo empalmó con una clase dominante argentina que refinaba su comportamiento mirando a Europa y se hacía eco de las playas del viejo continente. En el segundo capítulo vemos los esfuerzos de Santiago Luro, hijo de Pedro, por insertar el naciente centro de recreación estival en el calendario de la elite. Dardo Rocha primero y Carlos Pellegrini después fueron fundamentales para que Mar del Plata se terminara imponiendo como el sitio de veraneo. El Bristol Hotel cumplía un papel pedagógico en la sociabilidad de la clase dominante, mientras en la ciudad avanzaban las tareas de urbanización pendientes, como el agua corriente, y la Rambla Bristol y el Club Mar del Plata desplazaban a los pescadores de la playa, desalojados por la policía de sus viviendas costeras.

El tercer capítulo se centra en la mutación de una villa balnearia agreste y natural hacia la distinción y el ocio de la pujante ciudad. El Casino ocupó un papel central en el desarrollo de Mar del Plata. Objeto de disputa permanente, se terminó imponiendo gracias a su participación y contribución económica en la expansión de la urbe. La playa era otro espacio de socialización. Durante el verano, la Biarritz permitía un mayor cruce de sexos, habilitando de forma inédita las posibilidades de que las mujeres pudieran elegir su pareja.

La llegada de las clases medias constituye un hito en la historia marplatense. El cuarto capítulo describe cómo hacia 1910, en hoteles de hasta cuarta categoría, la estadía de “amables burgueses” crecía verano tras verano. Esta democratización paulatina de la ciudad conllevó la retirada de la aristocracia, que migró del Bristol hacia la exclusividad de sus propias residencias y de las playas en la zona sur. Por su parte, la conformación del proletariado local –de origen mayoritariamente inmigrante con predominio italiano– tuvo lugar en el cambio de siglo. Profesionales y pequeños capitalistas se instalaron en el que era el centro urbano más dinámico de la provincia. Cocheros, albañiles, cocineros, carpinteros hicieron sus primeras experiencias sindicales en la “Biblioteca Popular Juventud Moderna”, fundada por anarquistas en 1911. En este punto, también jugaron un rol destacado las asociaciones de socorros mutuos, surgidas con anterioridad a 1900.

Este nivel de desarrollo de la clase trabajadora marplatense explica el peso del Partido Socialista en el municipio, que ganó las elecciones en 1920, resistió una intervención radical con importantes movilizaciones populares y dominó la escena política hasta 1929, aunque no sin el contrapeso permanente de la elite veraneante y su “Comisión Pro Mar del Plata”, avergonzada de que “el hijo de un pescador” gobernara una ciudad aristocrática. El PS en la intendencia prestó más atención a los intereses de la población local, aunque sin dejar de lado la importante actividad del turismo. En 1925 creó una comisión de propaganda, con el ideal de que “el pueblo trabajador” veraneara en la Biarritz (p. 201). Nuevos hábitos culturales cuestionaron el status político y social de la alta sociedad. El jazz y el tango desplazaron el baile de cotillón, mientras que en la playa los nuevos códigos de baño escandalizaron al clero y los viejos veraneantes. Mar del Plata se transformó, una vez más, al ritmo de los cambios de la sociedad argentina.

El quinto capítulo está dedicado al análisis de los años 30 como punto de inflexión para la constitución del nuevo perfil del balneario, al tiempo que analiza también la profundización de este proceso durante la década peronista. El gobernador Fresco a partir de 1936 impulsó fuertemente la obra pública en toda la provincia, en donde se destaca el complejo Casino-Hotel Provincial y la pavimentación de la ruta 2. La novel Dirección Municipal de Turismo buscó modernizar el balneario, organizando excursiones colectivas para algunos gremios, facilitadas a través de créditos. Hacia fines de los 30, los sindicatos más estructurados ya contaban con espacios propios para vacaciones de afiliados, pero en Córdoba. Los años peronistas sobresalieron entonces no por lo novedoso sino por lo masivo.

En este plano, un aporte significativo del libro es la problematización de la consigna del propio Perón, “turismo para el pueblo” (p. 247), mostrando cómo, en cierto modo, esta se inscribió en un proceso que ya estaba en curso, impulsado desde las organizaciones sociales y por el propio Estado, lo cual también viene a poner en discusión la noción tan extendida acerca de Mar del Plata como una ciudad “peronista”. Debe notarse, sin embargo, que la masificación del aguinaldo y las vacaciones pagas produjeron una extraordinaria expansión del turismo. El complejo turístico Chapadmalal se destacó como la mayor iniciativa de turismo social del país, considerado el segundo centro recreativo del mundo en ese entonces. En términos de desarrollo urbano, los veinticinco kilómetros de playa que dominan la ciudad, únicos en comparación con las urbes balnearias europeas, permitieron la coexistencia de distintas clases sociales. Mientras en la Bristol se batallaba por un lugar para clavar la sombrilla, la elite veraneante se refugiaba todavía más al sur.

El sexto y último capítulo del libro analiza la década del 60, correspondiente al llamado “apogeo” de La Feliz. La “primavera económica” tuvo su expresión en la industria del turismo nacional. Creció fuertemente el ingreso de turistas en automóviles, así como también el número de marplatenses, con una marcada presencia de migraciones internas y de inmigración italiana de posguerra. Los hoteles sindicales ganaron terreno, impulsados por la ley de Obras Sociales Sindicales, sancionada por Onganía. Punta Mogotes, otrora espacio privilegiado y reservado para la elite, corrió el mismo destino que la Bristol primero y Playa Grande después, lo que empujó a la alta burguesía a abandonar paulatinamente la ciudad, tendencia que se consolidó en la década de 1970. Lo mismo sucedió con la juventud, que frente a la persecución policial e incluso de patotas “anti melenudos”, hizo de Villa Gesell su nuevo destino estival.

La metáfora de Pastoriza y Torre sobre Mar del Plata y la sociedad argentina culmina así con la ruptura de lo que llamaron un “experimento social de los argentinos: acoger en un espacio físico común y a la vez internamente diferenciado los planes de verano de los más diversos sectores sociales” (p. 351). Lo cierto es que, más allá de la coexistencia en una misma ciudad, los conflictos de clase, varios analizados detalladamente en este libro, atravesaron la constitución de la ciudad ya desde sus inicios, con la huelga de los trabajadores del Bristol en 1888. Queda pendiente, entonces, una historia integral de la clase obrera marplatense, con todo el aporte y todas las dificultades que ella significaría.