Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 19
septiembre 2021 - febrero 2022.
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

Martín Bergel, La desmesura revolucionaria. Cultura y política en los orígenes del APRA, Lima, La Siniestra Ensayos, 2019, 382 pp.


Leandro Sessa
https://orcid.org/0000-0002-9085-9227  

Universidad Nacional de La Plata, Argentina

Cita recomendada: Sessa, L. (2021). La desmesura revolucionaria. Cultura y política en los orígenes del APRA (2019). Archivos De Historia Del Movimiento Obrero Y La Izquierda, (19), 198-200. https://doi.org/10.46688/ahmoi.n19.332

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El libro de Martín Bergel La desmesura revolucionaria es un hito fundamental en la historiografía sobre el APRA y un aporte ineludible para la historia latinoamericana del período de entreguerras.

La obra, conformada por once ensayos, redescubre el movimiento político asociado al liderazgo de Víctor Raúl Haya de la Torre a partir de algunos desplazamientos respecto de abordajes anteriores sobre el tema. Las preocupaciones que lo recorren no buscan saldar discusiones sobre la “verdadera expresión del APRA”, o dictaminar sobre sus contribuciones a la política peruana, tal el registro predominante en numerosas obras previas, sino indagar en experiencias vinculadas con la construcción de una cultura política. El libro de Bergel aporta nuevas preguntas, hipótesis, fuentes, protagonistas y escenarios para indagar en las características singulares del aprismo. La originalidad del enfoque radica en las posibilidades que ofrece para revisitar la historia latinoamericana del período de entreguerras a través de los aportes de la historia intelectual y de la cultura impresa.

La indagación historiza la experiencia del APRA buscando diferenciar al menos dos momentos. El primero corresponde a sus años iniciales durante la década del 20, cuando resulta posible inscribir al APRA dentro de las distintas iniciativas enmarcadas en la cultura de izquierdas, cuyas apuestas revolucionarias estaban impregnadas por la idea de la capacidad redentora de la educación de las clases oprimidas. La segunda parte se ocupa de un momento posterior vinculado con el crecimiento vertiginoso del aprismo en Perú en los años 30 y su ¿metamorfosis? en un partido en el que predominan las referencias nacionalistas y las prácticas que pueden inscribirse dentro del repertorio de los populismos latinoamericanos.

La experiencia del APRA en sus orígenes, como señala Bergel, es la de un grupo de estudiantes peruanos no muy numeroso movilizado en torno del reformismo universitario, que debió partir tempranamente al exilio, conformando una “comunidad desterritorializada”. En ese marco se sostuvo una construcción política que buscó instalarse como alternativa al comunismo, a partir de una elaboración teórica presentada como una versión original del marxismo en función de las realidades sociales, económicas y políticas latinoamericanas. La iniciativa procuró trascender los marcos nacionales y construir un “frente de clases oprimidas” de escala continental para enfrentar al “imperialismo yanqui” y avanzar hacia un horizonte revolucionario.

¿Qué diferencia esas trayectorias y la impronta de la organización dentro del conjunto de expresiones del antiimperialismo y las izquierdas de esos años? Bergel identifica una serie de rasgos singulares que sostienen la hipótesis central del libro: en el aprismo conviven las marcas de sus orígenes ligados al anarquismo, y en general a la tradición iluminista preponderante en la cultura de izquierdas, con una serie de desplazamientos y originalidades propias de una concepción específica de las prácticas políticas e intelectuales, cuyo aspecto distintivo es “la desmesura revolucionaria”. Los primeros ensayos se concentran en el análisis y la reconstrucción de esos aspectos, que se despliegan en una trama transnacional. La indagación atiende al tipo de prácticas intelectuales desarrolladas por los militantes peruanos, investidas de una ética sacrificial que se irá definiendo como una marca identitaria. El análisis que propone Bergel de las prácticas en los orígenes del APRA permite atender a las funciones que tuvieron la escritura de textos, los viajes y la correspondencia en el crecimiento de la organización. Estas prácticas estaban asociadas no sólo al poder redentor de las ideas, sino también a la posibilidad de movilizar las emociones a través de la constante apelación al compromiso revolucionario, concebido como una irrenunciable predisposición a la formación, la propaganda y el proselitismo, aún frente a las dificultades del exilio, las persecuciones o la cárcel. Si bien algunos de estos rasgos adquirirán mayor centralidad en el período siguiente, la organización y el crecimiento del aprismo en la década del 20 resulta inescindible del sentido de heroicidad al que se asociaba la práctica político-intelectual.

Ese registro se sostiene en los ensayos que se ocupan de algunas figuras puntuales del movimiento y de su protagonismo en la construcción de la experiencia aprista, como Luis Alberto Sánchez, Manuel Seoane o Luis Heysen. Se trata de personalidades relevantes, frecuentemente relegadas por una historiografía que sólo recientemente ha intentado eludir la centralidad de Haya de la Torre.

La segunda parte se ocupa de algunas dimensiones ligadas a la masificación del aprismo en Perú a partir de la década del 30. ¿Cómo se explica la vertiginosa transformación del APRA en un partido capaz de ganar amplias adhesiones y fundirse abruptamente con expresiones de lo nacional? Otros estudios habían indagado en la capacidad del aprismo de acercarse a la religiosidad y la cultura popular, a través de la centralidad otorgada a la figura de los mártires, o el mesianismo redentor asociado al partido y especialmente a su líder, investido de referencias que remitían a tradiciones indígenas. Bergel desplaza la atención hacia la centralidad de la producción y circulación de los textos impresos y las formas en las que el aprismo se vinculó con la cultura de masas en un contexto de expansión urbana. En este caso resulta también notable la originalidad de la propuesta, que sostiene la pregunta por el lugar de las prácticas letradas en la cultura política del aprismo. El primer ensayo de esta sección indaga en las características del diario Tribuna como un periódico moderno de circulación masiva, y en el lugar que ocupó en la construcción de los contornos del “pueblo aprista”. Bergel analiza también de forma especialmente original el lugar de los jóvenes o niños canillitas, tanto como representación icónica de los sectores sociales castigados por la crisis, como en su rol en la difusión del periódico. El autor sostiene que la circulación clandestina de textos cumplió un papel central en la construcción de una identidad ligada a la épica de la resistencia a las persecuciones. Tal como manifiesta en el ensayo que reconstruye los usos de los objetos impresos y su lugar en el contexto forzado por la clandestinidad, “el acto de dar y recibir secretamente esos objetos reforzaba emocionalmente su identificación con la causa partidaria” (p. 324). La función de los textos se habría desplazado, así, hacia el fortalecimiento de los sentidos de pertenencia, abandonando las expectativas pedagógicas iniciales.

La reconstrucción de la cultura política aprista permite comprender las formas en las que el horizonte de la revolución impregnó y transformó las prácticas de las jóvenes generaciones de intelectuales latinoamericanos en los años 20. En las ideas y prácticas del aprismo convivieron, no sin tensiones, influencias del anarquismo, el marxismo, la revolución mexicana, el leninismo, el reformismo universitario, el indigenismo, el socialismo democrático, el Kuomintang chino y el nacional-populismo. Esas diversas tradiciones, muchas veces estudiadas de manera segmentada, nutrieron el repertorio de quienes buscaron moldear la lucha política sobre clivajes autóctonos, bajo el signo de una extendida sensibilidad antiimperialista.

En la década del 30 el aprismo viró hacia una organización de masas de anclaje primordialmente nacional, pero la pregunta por las prácticas intelectuales y el lugar de la cultura letrada introduce eslabones perdidos en las narraciones nacionalistas, que inscriben el nacimiento de las experiencias de rasgos populistas como rupturas de tradiciones políticas previas. La cultura política del aprismo y su transformación en un partido de masas no parece haber sido el resultado de un quiebre radical con la cultura de izquierdas, aunque haya experimentado una metamorfosis. Si bien el propio autor enfatiza la idea de una transformación y de un segundo momento “populista” del APRA, ligado también al abandono progresivo del internacionalismo de los años iniciales, resulta posible pensar en las conexiones entre un momento y otro.

Los ensayos que conforman el libro son entradas diferentes y complementarias, que logran una polifonía. Cada uno, aunque por momentos vuelva sobre argumentos ya presentados en los anteriores, despliega una aproximación original. Se trata, sin dudas, de una de las más enriquecedoras contribuciones a la historia latinoamericana del período de entreguerras.