Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 23
noviembre 2023 - febrero 2024
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

Nancy Fraser, Capitalismo Caníbal. Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta y hasta pone en peligro su propia existencia. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2023, 240 pgs.


Paula Varela

Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas - Universidad de Buenos Aires, Argentina
paula.varela.ips@gmail.com
ORCID: 0000-0002-1616-6633
DOI: 10.46688/ahmoi.n23.428

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Capitalismo Caníbal, el último libro de Nancy Fraser, condensa las elaboraciones de la autora durante los últimos años. Y es un texto que se mueve en tres registros simultáneos. El de la elaboración conceptual sobre el capitalismo, sumándose a la muy bienvenida reactivación del debate, en el campo de las ciencias sociales críticas, sobre la necesidad de volver a pensar en términos sistémicos (y combatir el afán de parcialidad que domina los estudios académicos). El de la historización de las diferentes formas que el capitalismo ha adoptado a lo largo del tiempo y, por ende, de las características específicas de la actual crisis mundial. Y el del manifiesto político que interpela a una nueva generación de activistas y coloca a este libro en sintonía con Feminismo para el 99%, escrito junto con Tithi Bhattacharya y Cinzia Arruzza.

En el terreno conceptual, presentado en el capítulo 1 y retomado en el resto, Fraser propone desechar lo que ella denomina definiciones estrechas o economicistas del capitalismo, para pensarlo como un “orden social institucionalizado” que “confiere a una economía, cuyo motor es la obtención de beneficio, el poder de alimentarse de los soportes extra económicos que necesita para funcionar: riqueza expropiada a la naturaleza y a los pueblos subyugados; múltiples formas de cuidado, crónicamente subvaluadas cuando no negadas por completo; bienes públicos y poderes públicos, que el capital requiere y a la vez procura restringir; energía y creatividad de los trabajadores” (pp. 18-19). De esta manera, Fraser construye estos cuatro soportes extraeconómicos que el capital canibaliza como contradicciones de este orden social que establecen fronteras conflictivas entre la lógica de la ganancia y las “diferentes gramáticas normativas y ontológicas que les son propias” (p. 46), configurando formas de desigualdad (que exceden la desigualdad de clase) y sentando las bases de lo que ella denomina “luchas por los límites”. La frontera entre producción y reproducción social da forma a la desigualdad de género y empuja las luchas encabezadas por el movimiento feminista. La frontera entre explotación y expropiación instituye la dominación racial y colonial, y provoca las luchas de los movimientos antirracistas, antiimperialistas, por los derechos de los pueblos originarios y también por los derechos de los migrantes. La frontera entre economía y naturaleza no humana instaura la ruptura metabólica y acicatea las luchas ecologistas. La frontera entre el poder privado y los poderes públicos que le son necesarios provoca la constante horadación de lo político (“faenas de la democracia”) empujando a luchas en su defensa.

Hablar del capitalismo como un orden social institucionalizado, fundado sobre estas separaciones, es sugerir su imbricación estructural y no accidental con la dominación de género, la degradación ecológica, la opresión racial/imperial y la dominación política (por supuesto, todo eso en conjunción, con su igualmente estructural y no accidental dinámica en primer plano de la explotación de la fuerza de trabajo –doblemente– libre). (p. 48)

En el terreno de la historización, desarrollado en los capítulos 2 a 5, Fraser piensa estas separaciones a partir de cuatro períodos: el “capitalismo comercial o mercantil” que va del siglo XVI al XVIII; el “capitalismo liberal-colonial” a partir del siglo XIX; el “capitalismo administrado por el Estado” que se inicia en la entreguerras y se consolida en la segunda posguerra; y el “capitalismo financierizado” que va desde los años 70 hasta la actualidad. Cada uno de estos períodos implica corrimientos en las fronteras entre el capital y sus soportes extraeconómicos, estableciendo diversas formas de dominación de género, de las poblaciones expropiadas, de la naturaleza y de la política. Aunque es escueta la descripción histórica, el libro permite captar la idea de Fraser acerca del carácter sistémico de estas dominaciones en el capitalismo, al tiempo que observa su mutación en el tiempo. El lugar en el que se establecen estas fronteras en cada período es producto de su propio carácter conflictivo, de las crisis de los límites (como crisis recurrentes) y de las formas que adoptan las luchas sociales.

Por último, en el terreno del manifiesto político, concentrado en el capítulo 6, Fraser propone un “socialismo del siglo XXI”. Aunque no está dicho en el texto, esto implica una corrección respecto de la posición política de la autora en su libro Contrahegemonía ya! (2019), en el que proponía una suerte de “populismo de izquierda” como respuesta al “progresismo neoliberal” y al “populismo de derecha”. En Capitalismo Caníbal, por el contrario, encontramos una fuerte crítica a las ilusiones populistas y una propuesta de discutir qué sería un horizonte socialista en la actualidad. En esa senda, plantea la necesidad de ir más allá de la socialización de los medios de producción (aspiración a la que adhiere “incondicionalmente”, p. 212), para transformar también la relación de la producción con sus condiciones básicas de posibilidad. Esto implica, según la autora, tres procesos: repensar la frontera entre economía y política, no para abolirla, sino para que “lo que el capitalismo decidió en lugar de nosotros a nuestras espaldas ahora debe ser decidido por nosotros mediante un proceso colectivo y democrático de toma de decisiones” (p. 224); repensar qué es el excedente (por ejemplo, si contabilizáramos como trabajo necesario el trabajo de reproducción social hoy canibalizado por el capital) y democratizar su control; repensar el rol de los mercados en el socialismo a partir de la fórmula “sin mercados en la cima, sin mercados en la base, pero tal vez con algunos mercados en el medio” (p. 28), fórmula que desarrolla escuetamente hacia el final del libro.

Para cerrar, permítanme algunas preguntas y señalamientos críticos que pueden ser retomados con más espacio en el futuro. Algo de sabor a poco aparece desde el inicio del libro cuando la autora decide discutir contra una visión estrecha o economicista del capitalismo, pero decide, a su vez, no polemizar con posiciones realmente existentes. El debate, entonces, es siempre con una sombra, lo que nos priva de argumentos más filosos y hace que en ocasiones Fraser aparezca criticando “el marxismo” en general (aunque nunca a Marx directamente) y otras veces aparezca como parte de esa tradición. Dado que el retorno del debate sobre el capitalismo (que la autora festeja y yo también) ha implicado una renovación de elaboraciones en el campo de la perspectiva inaugurada por Marx, una mayor precisión por parte de Fraser respecto de con quiénes discute y por qué sería algo para agradecer. Adentrándonos en su propuesta teórica, resulta importante señalar que su definición de la reproducción social, la naturaleza no humana, los pueblos racializados y subyugados, y la política como “subsistemas” con “gramáticas normativas y ontológicas que le son propias” abre una serie de problemas que el libro no termina de resolver. Por un lado, el de la relación entre el subsistema económico y el resto. Si bien la normatividad del subsistema económico aparece como dominante, debido a que el “capitalismo tiene la peculiaridad de contar con un impulso sistémico objetivo: la acumulación de capital” (p. 29), Fraser rechaza expresamente la idea de una siempre creciente colonización (mercantilización) de la vida como dinámica propia del capitalismo. A su vez, enfrentada a la necesidad de argumentar la especificidad de las normatividades no económicas, la autora oscila entre señalar que implican valores divergentes respecto de los del capital (ideales de cuidado y solidaridad; administración ecológica y justicia intergeneracional; integración y autonomía comunitaria; democracia y autodeterminación colectiva), al tiempo que advierte que es preciso no idealizarlos ni romantizarlos como lógicas autónomas. Esto la lleva a definiciones algo ambiguas (o que requieren mayor fundamentación), como la que sigue: “Lejos de generar una lógica única y general de reificación, la sociedad capitalista alberga normativas diferentes y abarca una pluralidad definida de ontologías sociales distintas pero interrelacionadas” (p. 47). Por último, su propuesta de un socialismo del siglo XXI (que toca tópicos clásicos en el debate socialista) evita, también, polemizar con otras posiciones que abordan los mismos problemas, haciendo que los argumentos pierdan fuerza y que algunos de sus señalamientos aparezcan como más novedosos de lo que son.

Probablemente estas ausencias se deban a la propia voluntad de Fraser de que Capitalismo Caníbal sea un libro escrito para un público que trasciende el ámbito académico e intelectual, y sacuda el debate político postulando, ni más ni menos, que la necesidad urgente de liquidar este sistema que nos devora. Siendo así, sólo resta recomendar su lectura y que cada quien saque sus conclusiones.