Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 28
marzo 2026 - agosto 2026
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

Develar la crisis. Los viajes de Raimundo Ongaro a Tucumán (1968-1969)


Leandro Lichtmajer

Instituto Superior de Estudios Sociales - Universidad Nacional de Tucumán -
Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas - Tucumán, Argentina
leandrolichtmajer@gmail.com
ORCID: 0000-0003-1349-4444

Resumen: El artículo analiza los viajes de Raimundo Ongaro, líder de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos, a la provincia de Tucumán (1968-1969). Reconstruye la agenda de actividades, los espacios e interlocutores privilegiados en sus intervenciones y las implicancias de sus visitas en la difusión de la crisis azucarera. El texto argumenta que los viajes contribuyeron a la visibilización de las resistencias locales frente al colapso productivo.

Palabras clave: Industria azucarera – Viajeros – Década de 1960 – Sindicalismo combativo

Título: To Unveil the Crisis. Raimundo Ongaro’s Trips to Tucumán (1968-1969)

Abstract: The paper analyzes the trips of Raimundo Ongaro, leader of the Confederación General del Trabajo de los Argentinos, to the province of Tucumán (1968-1969). It reconstructs the schedule of activities, the places and key interlocutors in his interventions and the implications of his visits in spreading information about the sugar crisis. The text argues that the trips contributed to raising awareness of local resistance to the productive collapse.

Keywords: Sugar Industry – Travellers – 1960s – Combative Unionism

Recepción: 11 de abril de 2025. Aceptación: 14 de agosto de 2025.

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Entre junio de 1968 y febrero de 1969 Raimundo Ongaro viajó a Tucumán en tres oportunidades. Trabajador gráfico, peronista, ferviente católico y líder de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGTA), Ongaro era una figura emergente de la vida política nacional. Las visitas se enmarcaban en la estrategia institucional de la central, proyectada en marzo de 1968 por los sectores opositores a la conducción de Augusto Vandor, que reclamaban nuevas tácticas de confrontación y promovían un enfrentamiento frontal contra la dictadura de Juan Carlos Onganía (Bozza, 2009; Dawyd, 2014; Caruso, 2021). La correlación desfavorable de fuerzas con la CGT Azopardo, de filiación vandorista y mayoritaria entre los gremios industriales, estimuló a la CGTA a apelar a los sindicatos del “interior”, representantes de los sectores “empobrecidos por el desarrollo desigual” de la Argentina (Cordone, 1993, p. 72). En ese contexto, uno de sus puntales fue la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA), cuyo peso cuantitativo y simbólico la erigían en una pieza relevante del mapa gremial argentino.

La importancia de las provincias en el proyecto institucional de la CGTA respondía, asimismo, a la búsqueda de aglutinar una alianza multisectorial que articule a los sindicatos combativos con actores del universo político-asociativo tales como organizaciones estudiantiles, clero, partidos, intelectuales, profesionales y mujeres. Definida como una “nueva oposición social” (Dawyd, 2016, p. 28) o un “frente civil de resistencia” (Caruso, 2019, p. 192), la apelación al universo extra sindical fue una marca característica de la CGTA y una vía de diferenciación respecto de la conducción vandorista. Guiadas por ese imperativo, sus dirigencias emprendieron una intensa actividad de articulación y proselitismo a lo largo del territorio argentino. Los viajes gozaron de una amplia difusión en su órgano oficial, el semanario CGT dirigido por Rodolfo Walsh (Viano, 1993; Caruso, 2021).

En las visitas de Ongaro a Tucumán confluyeron estas tentativas con la particular coyuntura signada por el colapso azucarero (Bravo, 2022). En agosto de 1966, el decreto-ley 16.926 intervino siete ingenios con el fin de cerrarlos por considerarlos ineficientes. Dos años más tarde, el desmantelamiento del parque agroindustrial dejó un saldo de once establecimientos clausurados, sobre un total de veintisiete, la destrucción de un tercio del aparato fabril y la exclusión forzosa de miles de productores independientes. El colapso azucarero generó una crisis social sin parangón, con profundos efectos a nivel provincial y regional, en tanto la actividad representaba el engranaje central de la economía tucumana. Sus consecuencias más notorias fueron el aumento exponencial de la desocupación, la migración masiva y un dramático proceso de pauperización. Las localidades circundantes a las fábricas, principales afectadas por la crisis, vieron amenazada su supervivencia.

A tono con el programa de la CGTA, en ese marco se desplegaron formas de confrontación que trascendieron el cauce sindical para involucrar a múltiples actores. El retroceso en las condiciones laborales y los despidos en los ingenios debilitaron a la FOTIA. A la sensible merma de afiliados, por el desgranamiento de la fuerza laboral, se sumó la decisión oficial de suspender su personería gremial en marzo de 1967. Otro golpe infligido a la FOTIA fue la creación de la Federación de Obreros de Surco de la Industria Azucarera y Agropecuaria de Tucumán, entidad que buscó aglutinar a los trabajadores de menor calificación. Paralelamente a la representación sindical surgieron nuevos actores, tales como las Comisiones Pro Defensa de ingenios (CPD), que motorizaron repertorios locales de protesta y articulación intersectorial en las comunidades agroindustriales.

Sobre ese telón de fondo se materializaron los viajes de Ongaro a Tucumán. Las repercusiones de las visitas, plagadas de incidencias, hechos de violencia, agitación social y conflictividad política, se proyectaron allende el territorio provincial. Sus peripecias concitaron la mirada de observadores propios y ajenos al medio tucumano: la prensa escrita, las dirigencias políticas y sindicales, las autoridades de gobierno y el aparato represivo del onganiato. A pesar de ello, las investigaciones sobre el período aludieron tangencialmente a los viajes de Ongaro a la provincia norteña. La producción sobre la CGTA los enmarcó en la estrategia de articulación intersectorial y solidaridad con las regiones postergadas del país (Cordone, 1993; Bozza, 2009; Dawyd, 2016; Caruso, 2019). Los estudios sobre el ciclo de conflictividad azucarera, en escala provincial y local, encuadraron las visitas en la confluencia FOTIA-CGTA y la gesta de la multisectorial antidictatorial de 1968-1969 (Pucci, 2007; Ramírez, 2008; Nassif, 2016; Crenzel, 2019), o bien en el contexto de confrontación y articulación comunitaria ante al colapso productivo (Bravo y Lichtmajer, 2019; Gutiérrez y Santos Lepera, 2022).

El presente artículo analiza estos episodios desde otro prisma.1 Para ello abreva en la historia conectada, en particular los estudios sobre viajeros y circulaciones (Colombi, 2004; Bruno, 2014; Petra, 2017; Bergel, 2018). Su objetivo es reconstruir los viajes de Ongaro a Tucumán, atendiendo a la agenda de actividades, los espacios e interlocutores privilegiados en sus intervenciones y las implicancias en la difusión de la crisis azucarera, aspecto que concitó un renovado interés en la producción reciente sobre el tema (Buffo, 2023).

Reflexionar sobre las visitas del secretario en esa clave permite situarlas en una práctica inveterada de las dirigencias gremiales metropolitanas, cifrada en recorrer las provincias para desarrollar tareas de carácter organizativo y/o contendiente. En cuanto tales, revisten interés para el diálogo entre los estudios sobre viajeros y el devenir del movimiento obrero en las provincias, perspectiva a la que este artículo busca aportar desde el episodio analizado. Las referencias a los viajes de sindicalistas hacia Tucumán se concentraron en las primeras décadas del siglo XX (Di Tella, 1993; Bravo y Teitelbaum, 2009; Fernández de Ullivarri, 2014; Teitelbaum, 2012), en consonancia con la práctica de las “giras de organización” que Leyes (2021) analizó en Entre Ríos. Este devenir fue también desandado en la dirección inversa, atenta a los dirigentes que se trasladaban a la Capital Federal. Fernández de Ullivarri señaló que este fenómeno, embrionario durante el primer tercio del siglo XX, se potenció en los años 40 cuando el tránsito adquirió “una dinámica bidireccional” que involucró a los “delegados viajeros” a la provincia y a los representantes tucumanos que “asistían frecuentemente a congresos nacionales” (2010, p. 220). Allende las fronteras gremiales, los viajes de Ongaro también pueden situarse como parte de un movimiento secular que involucró a dirigentes, intelectuales, artistas, sacerdotes y periodistas que recorrieron la provincia con el fin de describir y analizar su abigarrado mapa agroindustrial (Bravo, 2004; Campi, 2009; Gutiérrez y Santos Lepera, 2023, 2024). Este fenómeno tuvo especial relevancia en los años 60, cuando la “cuestión tucumana” generó un interés renovado en los debates político-intelectuales en escala nacional, al vislumbrarse en la provincia norteña un territorio propicio para la agitación multisectorial y el estímulo a formas de resistencia contra la dictadura.2 En ese marco, interrogarse sobre las visitas del secretario de la CGTA ofrece un punto de mira sugerente para ampliar el conocimiento sobre la convulsionada trayectoria tucumana de finales de los 60.

El texto argumenta que los viajes de Ongaro contribuyeron a la visibilización de las resistencias locales frente al colapso productivo. El conflictivo transcurrir del secretario por la provincia modeló una narrativa de la crisis que inscribió la cuestión azucarera en la caracterización general del onganiato como un régimen represivo e ilegítimo. La interpretación del colapso agroindustrial en esa clave amplificó las demandas motorizadas por las CPD, vehículos de la articulación intersectorial promovida por la CGTA. Así, los viajes exteriorizaron el vínculo entre las estrategias nacionales de la central, la agenda de la FOTIA y los reclamos de las comunidades, que encontraron en su presencia una vía de legitimación y repercusión. Al priorizar la problemática azucarera, Ongaro fungió como agitador, intérprete y difusor de las formas de confrontación promovidas en los ingenios.

“Pan para la lucha” (junio de 1968)

En junio de 1968, con motivo del segundo aniversario del golpe de Estado, la CGTA promovió una jornada nacional de protesta contra la dictadura de Onganía. Para apuntalar la convocatoria, el secretario de la central visitó diferentes puntos de la Argentina. En ese marco se concretó su viaje a Tucumán, primera escala en su gira por la región norte.

La provincia era un punto nodal de la estrategia de movilización popular delineada por la CGTA (Caruso, 2019; Dawyd, 2014). En efecto, la problemática azucarera estaba presente desde fecha temprana en las intervenciones de la central. En abril de 1968 se formó en su seno la Comisión Nacional de Solidaridad con Tucumán, con el objetivo de reunir donaciones para las poblaciones de los ingenios afectadas por la crisis. La provincia tuvo, asimismo, un lugar preponderante en los actos por el día del trabajador, primera protesta nacional de la central, cuyo cariz federal buscó marcar un contrapunto con la CGT vandorista que organizó una reunión en la sede capitalina. En representación de la CGTA viajaron a Tucumán los dirigentes ferroviarios Lorenzo Pepe y Antonio Scipione, que participaron de una olla popular en el ingenio Amalia y la inauguración de un mural en homenaje a Hilda Guerrero de Molina.3 Sus actividades culminaron en la misa de San José Obrero, patrono de la ciudad de Bella Vista.

Sede del segundo establecimiento más grande de la provincia, Bella Vista era uno de los epicentros del conflicto azucarero y tuvo, como veremos, un rol de importancia en los viajes del secretario de la CGTA. La fábrica fue incluida en el decreto-ley 16.926, pero la resistencia comunitaria, que movilizó a los actores locales nucleados en la Comisión Pro Ingenio (1966), pudo revertir la clausura y mantenerla en actividad. De duración efímera, la Comisión Pro Ingenio fue la punta de lanza del singular movimiento de “comisionismo defensivo” que comenzó a gestarse en 1966 y se aceleró en 1968, al calor de la profundización de la crisis (Bravo y Lichtmajer, 2019). El acto del 1 de mayo de 1968 se enmarcaba en ese contexto. Durante la misa se pronunciaron el sacerdote tucumano Amado Dip y Lorenzo Pepe. Al iniciarse la tradicional procesión del santo, la policía dispersó violentamente la columna. Se registraron numerosos heridos –entre ellos Dip– y arreciaron los abusos policiales contra los representantes de la central (Ledesma, 2025). Scipione y Pepe fueron trasladados desde Bella Vista hacia el norte del territorio provincial, donde fueron víctima de un simulacro de fusilamiento.4

Largamente difundido por el semanario CGT, el episodio abonó a un diagnóstico de crisis social y arbitrariedad policial, caldo de cultivo para la articulación intersectorial promovida por la central. Este registro coexistía con un análisis de la situación azucarera, tematizada desde miradas sobre el deterioro de la estructura productiva, la escala salarial y la división del trabajo en las comunidades agroindustriales.5 Bajo ese encuadre, el semanario propuso una pedagogía de la crisis tucumana, que mixturaba un lenguaje analítico –plasmado en cifras de producción, la reconstrucción del conflicto en el largo plazo y un examen documentado sobre el problema azucarero– con la denuncia y el llamado a la acción. Este registro se materializó en los informes de las comisiones de trabajo de la CGTA, singular experiencia obrera-político-intelectual que cobijó a intelectuales y cientistas sociales de la talla de Miguel Murmis, Silvia Sigal y Carlos Waisman, para quienes la situación de esa provincia fue un tema prioritario (Caruso, 2019).

Concretado en junio de 1968, el primer viaje de Ongaro a Tucumán fue un corolario de estas acciones y un llamado a profundizarlas. Trasladarse por la Argentina durante la dictadura militar no carecía de riesgos y la FOTIA desplegó un esfuerzo logístico notable para asegurar el éxito de la visita. El secretario viajó en automóvil y fue acompañado por directivos de la CGTA.6 En el límite con Santiago lo aguardaba una caravana de vehículos organizada por FOTIA, en el marco de un operativo policial desplegado por el gobierno provincial. La delegación fue escoltada a lo largo de los 50 kilómetros que separaban al puesto fronterizo de la sede de la federación en San Miguel de Tucumán. La temprana presencia de las fuerzas del orden presagiaba un rasgo de la visita, vigilada permanentemente por el poder de facto.

Expresión de la pujanza del sindicato, la sede de FOTIA, inaugurada poco tiempo antes, funcionó como un cuartel de operaciones de Ongaro, que se alojó en los departamentos allí emplazados. El despliegue de la federación patentizó las expectativas depositadas en el viaje: la búsqueda de multiplicar los apoyos a la CGTA por fuera del sindicalismo azucarero, abonar a la articulación multisectorial pregonada por la central y visibilizar las respuestas locales a la crisis. El siguiente mapa detalla los lugares visitados por el secretario en sus viajes.

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Itinerario de Raimundo Ongaro en Tucumán (1968-1969)

 

Itinerario de Raimundo Ongaro en Tucumán (1968-1969)

Referencias: Viaje 1 (13 al 16 de junio de 1968): sede de FOTIA (1), Ing. Concepción (2), Ing. Amalia (3), Ing. San Pablo (4), Club Marcos Paz (5), Ing. La Corona (6), Parroquia San Pablo (7). Viaje 2 (15 de enero de 1969): Ruta Nacional 157 Km. 1170 (8), destacamento policial (9), comisaría abandonada (10), aeroclub Los Tucanes (11). Viaje 3 (1 al 14 de febrero de 1969): sede de FOTIA (12), cerro San Javier (13), centro de San Miguel de Tucumán (14), Ing. San Pablo (15), juzgado provincial (16), diario La Gaceta (17), Ing. San José (18), Ing. Esperanza (19), Basílica de Nuestra Sra. de La Merced (20), colegio Tulio García Fernández (21), parroquia Ing. Bella Vista (22), Ing. Santa Ana (23), Ing. Santa Lucía (24), Ing. Amalia (25).

Fuentes: La Gaceta; CGT.

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El primer viaje tuvo una duración de tres días y Ongaro desarrolló una apretada agenda de actividades, que se inició con una larga conferencia de prensa en la sede de FOTIA (1).7 Eximio orador, sus intervenciones fueron extensas, mientras que su carisma y magnetismo fueron resaltados por la prensa. Por la tarde se dirigió al ingenio Concepción, principal establecimiento azucarero de Tucumán, donde se desarrolló un plenario de la delegación regional de la CGTA (2).8 El segundo día se reunió con militantes peronistas en la sede de FOTIA, visitó una olla popular en el ingenio Amalia (3), participó de una asamblea en San Pablo junto al secretario del sindicato del ingenio (4) y encabezó un acto en un club de la capital (5). Finalmente, el 16 de junio se trasladó a Concepción, ciudad más importante del sur provincial, donde realizó un acto en el ingenio La Corona, presidió un plenario de la CGTA y recibió a una delegación estudiantil (6). A su regreso se detuvo en la parroquia de San Pablo, donde conversó con “un grupo de sacerdotes de la diócesis” (7). El 16 de junio siguió camino hacia Salta y Jujuy.

La centralidad de la problemática azucarera se plasmó en la visita a los ingenios –cerrados y en actividad– y en el protagonismo de la dirigencia fotiana. Los representantes de la federación agasajaron a Ongaro en cada localidad y participaron como oradores destacados en los actos. Romano, lugarteniente del secretario en la CGTA, lo acompañó en todo momento. La articulación con FOTIA y la atención a la problemática azucarera no mellaron, sin embargo, la tónica frentista que Ongaro pregonó en Tucumán, en consonancia con la estrategia de la central.

La matriz multisectorial fue recurrente y convocó a actores diversos –tales como estudiantes, sacerdotes, dirigentes partidarios y vecinas y vecinos– a enfrentar los cierres de ingenios. En la conferencia de prensa inaugural señaló su anhelo de vincularse con los trabajadores de Tucumán, “ejemplo de lucha para la liberación del país de todas las ataduras” y convocar al “pueblo” de la provincia, que se encontraba “primero en la línea de fuego”. Esta tesitura fue reiterada en el ingenio San Pablo, donde convocó a “salir todos a dar la cara para acabar con la desigualdad y la injusticia”. En el plenario de la CGTA (Concepción), Ongaro manifestó su satisfacción por “la coincidencia demostrada por los sectores populares en torno a la CGT” y llamó a conformar un “frente de resistencia” contra el gobierno de facto.9

Aunque el carácter amplio del llamado era relevante, podían observarse algunas jerarquías tácitas en los interlocutores de Ongaro. Se destacan, en ese marco, los vínculos con las dirigencias estudiantiles y con los representantes del peronismo. En función de su lugar central en las comunidades azucareras, de la formación religiosa de Ongaro y de su compromiso con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), los párrocos tuvieron también un lugar notable. Los elogios de Ongaro a los “curas obreros”, protagonistas de un “fenómeno extraordinario” y “verdaderos ejemplos de cristianismo”, fueron acompañados por gestos de cercanía y apoyo al MSTM en Tucumán. Visitado en dos oportunidades durante su corta estadía, el ingenio San Pablo fue escenario de dichas interlocuciones (Gutiérrez y Santos Lepera, 2022).

En paralelo a estas acciones que, en pequeña escala, reforzaban los lazos interpersonales entre Ongaro y los sectores opositores al onganiato en Tucumán, la prédica del secretario buscó enmarcar las resistencias al cierre en una escala mayor. Proclamó la “solidaridad de los trabajadores latinoamericanos” con sus pares tucumanos y llamó a “reconquistar la patria hoy penetrada por el gigante rubio del norte”, en alusión a la política imperialista de Estados Unidos. Las alusiones a ese país fueron recurrentes: días antes había sido asesinado Robert Kennedy, “triste noticia” que motivó un homenaje de la central. Ongaro aprovechó la oportunidad para vincular este luctuoso acontecimiento con la situación argentina, al afirmar que, a diferencia del asesinato de Kennedy, ampliamente difundido, había en nuestro país un hecho “más grave” que “no se publicaba”: el de los 15.000 niños argentinos que mueren por falta de alimentos y enfermedades, crimen que la “voluntad popular” debía castigar.10 Quizás artificioso, este ejercicio abrevaba en un tópico recurrente de su prédica: la necesidad de pensar los fenómenos locales, nacionales y globales concomitantemente y en articulación, inoculando a las reivindicaciones azucareras un significado que trascendía al espacio provincial.

Este rasgo también modeló las acciones de la Comisión Nacional de Solidaridad con Tucumán, gestadas en articulación con el viaje del secretario. Si bien la colecta había comenzado meses antes, la entidad hizo coincidir el envío con la visita de Ongaro a la provincia, que anunció la llegada de alimentos, ropa y medicina a ser distribuidos en los locales de FOTIA a lo largo del territorio. La entrega fue coordinada por la Comisión y permitió asistir con diez toneladas de mercadería a los obreros desocupados, a través de ollas populares y la “taza de leche” infantil, y proveer de medicamentos a los centros asistenciales. La impresión de la frase “PAN PARA LA LUCHA” en los paquetes, lema de la colecta, reafirmaba su sentido reivindicativo, que procuraba galvanizar una identidad resistente y contestataria. Se trataba, en palabras de la central, de un aporte importante pero insuficiente: un “balde de agua volcado en un río”, que aportaba “cierto alivio” a las “necesidades imperiosas” de la población tucumana.

Tanto la gestión de la colecta como la distribución de los bienes y la difusión de sus actos revelan aristas interesantes de la visibilización de la problemática azucarera y la articulación entre CGTA, FOTIA y las demandas de las comunidades afectadas por el cierre. El impulso inicial provino de la donación de fondos de organizaciones sindicales afiliadas a la CGTA. Este primer esfuerzo permitió a la Comisión apuntalar la convocatoria, a cuyo fin creó filiales en diferentes provincias. En la promoción de la colecta remarcó el “compromiso incondicional” de la central con la causa tucumana y, ante la insensibilidad de las autoridades, el llamado a que el “pueblo” participe “plenamente de la solución de sus problemas”. Esto volvía imperioso involucrar en ella a las “organizaciones sindicales, estudiantiles y populares”.11 Como lo revela el caso de la regional La Plata (CGTA), este llamado permeó hasta las bases, conectando la distante realidad de los pueblos azucareros con la cotidianeidad de los trabajadores, estudiantes y vecinos de distintos puntos del país, a quienes se buscó concientizar sobre la situación tucumana e involucrarlos en la colecta. La tarea no era sencilla, como lo revelaban informes policiales que remarcaban, en agosto de 1968, la “muy opaca iniciación” de la colecta, a la que “tácitamente, con su incomparecencia” habían negado el apoyo las organizaciones radicadas en la capital bonaerense. Frente a ello, las autoridades locales de la CGTA decidieron dar “amplia publicidad” a la iniciativa a través de la impresión de panfletos alusivos al “hambre y la miseria” del pueblo tucumano y el llamado a la “sensibilidad del pueblo” con el desamparo de “nuestros sufrientes hermanos del norte”.12

La campaña de recolección de fondos alentó estrategias múltiples en el territorio nacional. En Capital Federal se programó un festival artístico, a realizarse en el Luna Park, que fue prohibido por el gobierno.13 Esta iniciativa corrió mejor suerte en Lanús (Buenos Aires), donde se realizó un festival y una “reunión danzante” cuyos ingresos fueron remitidos a la regional Tucumán de la CGTA.14 Por su parte, la poderosa regional cordobesa lanzó una “campaña de 60 días” para recaudar fondos y recolectar bienes para “aliviar a los tucumanos”.15 Al donar objetos, comprar una entrada para el festival o participar de un baile, el contacto entre habitantes de puntos lejanos de la Argentina con la crítica realidad tucumana se galvanizaba, simbólica y materialmente, a través de las iniciativas de la central. Punto de llegada de estas tentativas, la visita del secretario a la provincia norteña publicitó la labor previa de la Comisión y dio lugar a la distribución de los bienes recolectados.

Desde otro registro, el viaje de junio de 1968 puede enmarcarse en un dispositivo mayor, cifrado en la búsqueda de construir un hecho noticiable que concite la atención fuera de Tucumán e involucre a múltiples actores en su distante realidad. Los viajes fueron cubiertos por diferentes medios de tirada nacional, que ofrecieron interpretaciones disonantes de sus implicancias. El semanario CGT esgrimió un tono triunfalista, que denotaba la confianza en las resistencias sociales al onganiato:

Ni las presiones psicológicas ni las medidas de represión evitarán que los trabajadores azucareros, por medio de FOTIA y consustanciados con nuestra central […] transiten el camino fijado para la auténtica justicia social.16

Menos elocuente, La Razón resaltó el revuelo que la visita provocó en la provincia y reprodujo pasajes completos de la conferencia de Ongaro.17 Este tono contrastaba con otros medios, tales como Primera Plana, que atribuyó al viaje de Ongaro escaso impacto. Así, aunque su presencia en Tucumán “parecía predecir un aluvión”, sus efectos concretos habían sido acotados. Esta tesitura también fue sostenida por Panorama.18 El principal diario de la región noroeste, La Gaceta (Tucumán), adoptó una línea similar. Puso en tela de juicio el predicamento del secretario y remarcó la desconfianza de las autoridades del peronismo provincial –identificadas con el delegado Jerónimo Remorino, crítico de la CGTA–. Según ese medio, las objeciones al carácter heterogéneo de la comitiva y del “auditorio” reunido por la central, donde el peronismo era minoría, denotaban los resquemores ante su estrategia frentista.19

En efecto, los viajes de Ongaro a Tucumán no eran ajenos a las disputas que surcaban al peronismo a lo largo del país. Asiduo informante del ex presidente sobre la crisis azucarera, Pablo Vicente –delegado de Perón en Uruguay– valoró positivamente la recolección de bienes para los ingenios tucumanos y las visitas del secretario a las provincias. Señaló que esto caía “muy bien en las bases” y contribuía a la “actitud de lucha y total enfrentamiento a la dictadura”.20 Días más tarde, Perón conoció por puño y letra de Ongaro sus impresiones:

Vamos de un pueblo a otro, a todo pulmón, haciendo reuniones y actos. Con trabajadores, con estudiantes, con la clase media, con sacerdotes, etc. O con todos juntos. Tratando problemas particulares de cada sector y el de todos. Y los alentamos y les pedimos a todos: hay que hormiguear el país, todos protestando. Hay que llegar a realizar, en cada pueblo, un acto público por semana. No hay que pelear aislados. Peleen todos juntos.21

Gráficamente expuesta, la estrategia de articulación multisectorial de la CGTA encontraba cauce en los viajes del secretario por las provincias. Estos le permitían familiarizarse con los actores locales y sus demandas, percibiendo en carne propia sus necesidades. Ongaro actuaba, así, como un nexo entre realidades y agendas distantes, unidas por el común denominador de la resistencia al onganiato. Tanto en su mirada como en la de Vicente, los viajes configuraban una pieza clave de la agitación social contra la dictadura. Estos rasgos pudieron percibirse en el territorio tucumano, donde la visita representó la carta de presentación del secretario general ante las dirigencias provinciales. Buscó apuntalar a la CGTA, promover la articulación pregonada por esta y visibilizar la problemática azucarera, enmarcándola en una agenda más amplia.

“El dogal azucarero volvió a ceñir el cuello del oficialismo”

(enero-febrero de 1969)

El paro y las protestas de junio de 1968, organizadas en distintos puntos de Tucumán por una comisión coordinadora de obreros, estudiantes y dirigentes partidarios, reforzó la necesidad de afianzar la oposición multisectorial contra el gobierno y articular la agenda azucarera con otras demandas (Ramírez, 2008). Este horizonte cobró impulso entre el segundo semestre de 1968 y comienzos de 1969.

El secretario de la CGTA regresó a Tucumán en enero de ese año con el objetivo de participar de un acto de la CPD del ingenio Bella Vista. Liderada por el sacerdote e integrada por representantes del ámbito asociativo, la entidad movilizó a la comunidad en vista del mantenimiento de la fábrica, cuya continuidad estaba seriamente amenazada. Formadas en 14 localidades, las CPD trastocaron las modalidades de la protesta al afianzar su carácter intersectorial y apuntalar las estrategias de resistencia contra el gobierno (Bravo y Lichtmajer, 2019). Las dirigencias de FOTIA se integraron activamente, transmitiendo a los vecinos sus experiencias de confrontación, mientras que la presencia de los curas párrocos robusteció su legitimidad. El acto de enero de 1969 marcaba un punto álgido del proceso de activación local emprendido meses antes por las CPD. Procuraba ser una demostración masiva y a gran escala, al concitar la adhesión de 42 asociaciones de diferentes puntos de la Argentina.22 La presencia del secretario de la CGTA buscaba reforzaba el carácter opositor de la protesta y amplificar su resonancia nacional.

Ongaro se dirigió en ómnibus desde Córdoba, en compañía del sindicalista gráfico Ramiro Aragundi. Al ingresar a la provincia, en horas de la madrugada, ambos dirigentes fueron detenidos para ser trasladados a un destacamento policial cercano a San Miguel de Tucumán (8 y 9). Luego los condujeron hacia una comisaría abandonada en la localidad de Virginia –región norte de la provincia– donde pasaron la noche bajo vigilancia policial (10). Tras sufrir maltratos y vejaciones los embarcaron con destino a Bahía Blanca (11), donde fueron liberados. Si esta práctica recordaba al episodio de Pepe y Scipione, la gravedad de los hechos y la notoriedad de sus víctimas amplificaron las repercusiones. El relato de Ongaro, reproducido en medios provinciales y nacionales, incluyó detalles sórdidos, testigos con nombre y apellido y una minuciosa descripción de los acontecimientos.23 Frente a una vaga respuesta oficial, plagada de contradicciones, el secretario contrapuso una lectura contundente sobre prácticas violentas y arbitrarias achacadas a la policía provincial y al aparato represivo del onganiato. En efecto, el traslado por el territorio tucumano, el uso de un avión propiedad del gobierno provincial, la escala en Córdoba y el arribo a Bahía Blanca dejaban entrever la participación de las autoridades nacionales, a quienes Ongaro responsabilizó por lo sucedido. En ese marco, el secretario radicó una denuncia judicial por los delitos de privación ilegítima de la libertad y secuestro.24

La acción represiva contra Ongaro contó con la cobertura de un amplio espectro de medios nacionales, donde predominaron las notas críticas contra el gobierno. Crónica lo calificó como un “rapto” y dedicó varias páginas al hecho.25 El semanario CGT otorgó una amplia resonancia al hecho. Narró extensamente el acto de la CPD y aludió a la situación local: “El ingenio Bella Vista dio trabajo, mientras quisieron sus dueños, a 2.000 familias. Desde principios del año pasado no paga sus jornales y ahora su cierre es inminente”. Esta situación era inescindible de un contexto nacional signado por un “gobierno cómplice que alienta, bajo una máscara de impasibilidad, al continuo cierre de fuentes de trabajo”. El dirigente local Manuel Valeros, cuyo discurso fue transcripto en la publicación, redundó en ese concepto al afirmar que “el problema del Bella Vista es solo una parte del problema general que atraviesa el país”.26 Sin ahondar en los detalles sensibles, tales como las vejaciones y la violencia, Primera Plana interpretó la detención de Ongaro en el marco del crescendo de la conflictividad azucarera en todo el país. Esto vinculaba la huelga de hambre en Villa Ocampo (Santa Fe), sede del ingenio Arno, con los “gemidos que brotaban desde Bella Vista, donde otra fábrica va al muere”.27 Desde su perspectiva, la problemática azucarera era el talón de Aquiles del programa económico de Onganía, lo cual “llena de amargura al gobierno nacional”. Como lo revelaban estos conflictos, el “dogal azucarero” había vuelto a “ceñir la garganta del oficialismo”.28

Con énfasis y tonos diferentes, las citadas publicaciones remarcaban el carácter arbitrario de la detención. El hecho sufrido por Ongaro en su trayecto hacia Bella Vista abonó, así, a la mirada global del problema azucarero tucumano. Una protesta local, organizada por una organización comunitaria, ofreció una plataforma para amplificar la problemática azucarera a escala nacional, insertándola en una trama mayor. Una mirada divergente pudo observarse en Análisis, que justificó el accionar policial, tendiente a preservar la paz social en los ingenios, y atribuyó a Ongaro una utilización política del hecho.29 La Razón y La Prensa, por su parte, suscribieron a un tono equidistante al sopesar las declaraciones condenatorias del secretario con la versión policial, que justificó el accionar de la fuerza y minimizó su carácter represivo.30

En medio de estas polémicas, Ongaro emprendió su tercer viaje a Tucumán. Los motivos esgrimidos eran prestar declaración en la justicia, en el marco de la denuncia por los sucesos de enero, y concretar la visita pendiente a Bella Vista. Luego iba a seguir camino hacia otras provincias de la región norte, con el fin de visitar ingenios en conflicto y organizar reuniones de la CGTA.31 La convulsionada situación tucumana lo forzó, sin embargo, a cambiar sus planes: permaneció trece días en la provincia y canceló el resto del viaje. Ongaro arribó el 1 de febrero de 1969. A diferencia de los episodios anteriores en esta oportunidad se dirigió en ferrocarril, acompañado por Aragundi, el Dr. José María Vázquez –directivos de la CGTA– y Susana Rosich –integrante de la Comisión Nacional de Solidaridad con Tucumán–. En la estación lo esperaban representantes de FOTIA y otros gremios, que, al igual que en la primera visita, lo escoltaron hasta la sede de la Federación.32 La agenda de actividades se focalizó en la problemática azucarera, predominando las visitas a ingenios cerrados.33

La tónica de estos encuentros fue delineada por Ongaro en San Pablo (15), donde Benito Romano afirmó que aquel “vino a Tucumán para organizar a los obreros en comisiones de defensa”. Esta tesitura fue reforzada por el visitante, quien expresó la necesidad de organizar las comisiones a través de “actos de protesta, manifestaciones y reclamos populares”. Se trataba, desde su punto de vista, de la única “fórmula” para “luchar por el derecho a sus propias vidas, a la liberación y dignidad de todos”. El tono imperativo no dejaba margen para la duda: las CPD marcaban el camino y debían expandirse por el territorio provincial.34 El acto de Ongaro en San Pablo también modeló un formato reiterado en las visitas posteriores: la presencia y solidaridad del cura párroco, la participación vecinal ampliada –incluidas mujeres jóvenes y ancianas, a quienes Ongaro “dio la mano y besó”– y el epicentro en las filiales de FOTIA, sede habitual de los actos en el espacio azucarero.35

Así, a diferencia de los eventos de junio de 1968, donde primó una interlocución con las dirigencias, la apertura hacia la participación vecinal reforzaba la centralidad de las comunidades. En cada visita a los ingenios Ongaro se interiorizó de las problemáticas locales y conversó con trabajadores y vecinas. Sus intervenciones en los actos siguieron esa dirección, al remarcar las demandas esgrimidas por las CPD: restitución de fuentes de trabajo, distribución de las tierras entre los obreros, restablecimiento de los servicios de salud y educación paralizados por el cierre. El involucramiento con las cuestiones locales y la especificidad de los reclamos incorporaba un registro novedoso, que coexistía con la articulación del problema tucumano con otras agendas (nacionales, globales). A la manera de un intérprete de las bases, Ongaro afirmaba que “no vengo con recetas mágicas, como aquella espada que dijo Salimei. Para los tucumanos hay un arma, que es la fe y la lucha”.36

La agenda del secretario en Tucumán abarcó también otras actividades. Recibió diariamente delegaciones sindicales, estudiantiles, políticas y vecinales. También concurrió al juzgado para ratificar la denuncia por secuestro (16). Este hecho tuvo una amplia repercusión en medios provinciales y nacionales, que reprodujeron fragmentos del escrito presentado y reinstalaron las críticas al accionar policial.37 Gesto habitual de los viajeros (Bruno, 2014), el turismo y la recreación también estuvieron presentes, al visitar Ongaro el cerro San Javier, en las afueras de la capital, y realizar una caminata por el centro de la ciudad (13 y 14). Se trataba de actividades austeras y sencillas –se trasladó en un ómnibus de línea acompañado por un núcleo pequeño de dirigentes– que contrapesaban la lógica contenciosa y reforzaban el involucramiento con la comunidad de acogida, sus atracciones y su entorno.38

Bajo una estricta vigilancia policial, el gobierno permitió que las tareas de Ongaro se desarrollaran sin obstáculos durante los primeros días. Los episodios de hostigamiento y represión no tardaron en aparecer, sin embargo. El 12 de febrero, tras efectuar un acto en el ingenio cerrado de Santa Ana (23), el secretario fue interceptado por la policía y pasó la noche en una comisaría cercana, hecho condenado por distintas organizaciones provinciales. Los días 13 y 14 visitó los ingenios cerrados de Santa Lucía (24) y Amalia (25) y, tras cancelar su viaje a Salta, regresó intempestivamente a Buenos Aires.

Abruptamente finalizada, la larga estadía de Ongaro en la provincia tuvo implicancias dentro y fuera del territorio. Su manifiesto apoyo a las CPD, materialización local de la prédica intersectorial pregonada por la CGTA, marcó el rumbo a seguir en las comunidades agroindustriales. Si el secretario vislumbraba allí una herramienta eficaz contra el onganiato, las comisiones encontraban en el líder sindical una vía de legitimación y amplificación de una causa que tallaba en las escalas local, provincial y nacional. Gestado desde 1966 aunque afianzado hacia finales de 1968, el “comisionismo defensivo” reconocía en Ongaro un intérprete y un difusor, que llamó a afianzar este proceso asociativo en el territorio.

En sintonía con las visitas previas, las repercusiones fueron variadas. La Gaceta enfatizó la “decepción” del secretario frente a la “falta de organización” de la resistencia al onganiato en Tucumán.39 Lejos del tono equidistante de los episodios anteriores, La Prensa puso énfasis en las “continuas obstrucciones y amenazas por parte de la policía”, que había creado en Tucumán “un clima de represión para aplicar a los dirigentes gremiales”.40 Primera Plana, por su parte, mostró un panorama ambivalente: aunque tuvo un comienzo poco exitoso en su tarea de “agitar la provincia”, Ongaro logró contrarrestar esta situación y recibió una “clamorosa recepción” en los últimos ingenios visitados.41 El semanario de la CGTA reiteró el tono triunfalista y los análisis pormenorizados de la realidad provincial. Reeditó la pedagogía de la crisis tucumana al vincular los cierres con la trayectoria histórica de la actividad –“ya en 1872 se cierran numerosos ingenios quedando en actividad 37 de los 82 existentes”– y responsabilizar a un sector del empresariado – “también antes, como ahora, sobrevivieron los propietarios más fuertes, aquellos que pertenecen a las familias oligárquicas de la provincia”–.42

Con el transcurso de las semanas, la profundización de las protestas, la expansión del “comisionismo” en las comunidades agroindustriales y la articulación entre la conflictividad rural y urbana marcó el pulso provincial. En ese contexto, episodios como la “pueblada” de Villa Quinteros (marzo de 1969) tuvieron amplia repercusión (Santos Lepera y Sánchez, 2019).43 Así, el viaje de Ongaro fungió como una vidriera para una conflictividad azucarera en expansión, a tono con la radicalización de las protestas en todo el país. Al igual que en junio de 1968, el secretario transmitió a Perón sus impresiones:

En Tucumán, con el apoyo de Benito Romano hemos constituido comisiones de defensa popular en cada ingenio cerrado y aquello se ha convertido en un polvorín que ni a balazos lo pueden sofocar. Hombres, mujeres y criaturas salen a los caminos, cansados de estafas y promesas, y alentados también por los curitas jóvenes y la muchachada estudiantil avanzan sin miedo a morir porque no les han dejado ni la caña ni la camisa […] lo que más emociona es ver a mujeres y hombres descalzos, humildes de toda humildad, sin acceso a la civilización, ajenos a las grandes discusiones, llevar en sus manos una actitud casi religiosa, imágenes suyas y de Eva Perón.44

Reconocidas como una pieza clave del “polvorín” tucumano, las CPD eran presentadas por Ongaro como fruto de una iniciativa conjunta con Romano, viejo conocido del ex presidente y asiduo visitante en Madrid. El carácter multisectorial, la participación vecinal y la determinación de los manifestantes, desarrapados y agobiados por años de promesas incumplidas, eran resaltados. Así, Ongaro ofrendaba a Perón un motivo para el entusiasmo y un argumento para apoyarlo en la puja por el liderazgo del movimiento sindical peronista.

El desenlace es conocido, sin embargo: la estrella del secretario y de la central por él liderada se apagarían paulatinamente luego del asesinato de Vandor, la intervención del PEN a la CGTA y el ascenso de José Rucci, exponente del “participacionismo” sindical que, avalado por Perón, logró aglutinar a las fuerzas mayoritarias del gremialismo. El viraje hacia posiciones abiertamente revolucionarias lo lanzó hacia los márgenes de la representación gremial peronista, lo cual quedó plasmado en la estrategia “basista” de la CGTA, reforzándose el peso de las alianzas extra sindicales (Dawyd, 2016).

En ese marco, la conducción de FOTIA no resignó su pertenencia a la CGTA hasta su desaparición en 1974 y el sólido vínculo entre el secretario y la federación azucarera se plasmó en nuevas visitas a Tucumán. En 1970 y 1972 Ongaro lideró las conmemoraciones por el 17 de octubre, mientras que en 1974 lanzó, junto a Agustín Tosco, la Coordinadora de Lucha Sindical, opositora a la CGT.45 Galvanizado a través de los viajes, el lazo del secretario con la dirigencia fotiana y su compromiso con las demandas del proletariado azucarero sobrevivieron a los vaivenes de su trayectoria sindical y a la clausura de la central fundada en 1968.

Consideraciones finales

Las visitas que Raimundo Ongaro realizó a Tucumán entre 1968 y 1969 revelaron múltiples aristas de la crisis azucarera. Los viajes se enmarcaron en la estrategia institucional de la CGTA, que postuló la preeminencia del “interior” en sus reivindicaciones y alentó la articulación intersectorial. Estas tentativas confluyeron con las urgencias de una dirigencia sindical azucarera acorralada por el gobierno y en las demandas de las comunidades afectadas por la crisis. Los viajes contribuyeron a la visibilización de la problemática situación de la agroindustria tucumana, resaltando sus severas consecuencias sociales y económicas. En ese marco, los vínculos establecidos por Ongaro, así como los obstáculos y contratiempos en su transcurrir por la provincia, abonaron a la construcción de narrativas sobre la crisis tucumana, enmarcándola en una caracterización general del onganiato como un régimen represivo e ilegítimo. Proyectados a través de noticias, intervenciones públicas y comunicaciones epistolares, los viajes fueron un eslabón relevante en la exteriorización de las gestas de las comunidades locales afectadas por el colapso productivo.

Las relaciones entre lo central y lo periférico, objeto caro a la historia de los viajeros y las circulaciones, puede ser vislumbrado desde el transitar de Ongaro por el espacio azucarero. Lo periférico cobró protagonismo fruto de la atención renovada en la “cuestión tucumana” que atravesó los debates político-intelectuales de la época. En las caracterizaciones de los viajes, la situación de las comunidades azucareras era parte de una trama mayor, que identificaba en la apremiante situación social de Tucumán un vehículo para visibilizar las consecuencias del onganiato y su cariz represivo. La provincia ofrecía, así, un caldo de cultivo para el llamado a resistir a la dictadura mediante una acción mancomunada, de matriz intersectorial, que modeló el perfil fundacional de la CGTA.

Recorrer las comunidades agroindustriales fue una experiencia perdurable para Ongaro, que recordaría la trama de contactos interpersonales, iniciativas colectivas y un insoslayable ánimo aventurero como parte esencial de su tarea al frente de la central sindical.46 Los viajes pueden leerse, así, como un redescubrimiento del “interior” en una clave combativa: un territorio habitado por “pueblo humilde que nos recibe con fe y esperanza, dispuesto a jugarse no en palabras sino en hechos”.47 A la manera de un profeta, que predicaba la rebelión en zonas alejadas de los centros políticos y económicos de la Argentina, la visita a las localidades postergadas del espacio azucarero acentuaba in situ un anhelo de reivindicación asociado a su crisis y desamparo.

El movimiento, sin embargo, no era unidireccional. Si se miraba con detenimiento, en la fisonomía del profeta se adivinaba también al mensajero de una gesta comunitaria que antecedía su llegada y que contribuyó a amplificar con su presencia. En ese transcurrir, una causa local estimulada por el colapso productivo y protagonizada por las comunidades azucareras, ganó terreno en una agenda nacional signada por una confrontación en aumento contra la dictadura. Al trasladarse al territorio, recorrer la geografía agroindustrial y codearse con las víctimas del onganiato, Ongaro develó aspectos relevantes de la crisis que asoló a Tucumán a finales de los sesenta.

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1. Una versión preliminar de este texto fue presentada en la mesa 64 de las Jornadas Interescuelas - Departamentos de Historia (2024), coordinada por Andrea Andújar, Laura Caruso y Agustín Nieto, donde se enriqueció con comentarios y sugerencias. Valeria Caruso y Darío Dawyd también colaboraron en ese sentido.

2. Sobre este tema existen múltiples registros testimoniales (Cerruti Costa, 1968; Sigal, 1973) e historiográficos (Pucci, 2007; Orquera, 2010; Nassif, 2016).

3. Activista sindical y esposa de un ex trabajador de un ingenio cerrado, Molina fue asesinada por la policía en enero de 1967. Fue erigida en mártir de la violencia estatal del onganiato (Nassif, 2017; Buffo, 2023).

4. CGT, 2, 9 de mayo de 1968. Décadas más tarde, y a pesar de haber estado preso en numerosas oportunidades, Pepe recordó el carácter trascendental de este episodio. Entrevista oral a Lorenzo Pepe realizada el 1 de julio de 2005, Red de Archivos Orales de la República Argentina. Agradezco este material a Nicolás Codesido.

5. CGT, 5, 30 de mayo de 1968.

6. La Gaceta, 14 de junio de 1968.

7. Se consignan entre paréntesis los lugares individualizados en el mapa.

8. La Gaceta, 16 de junio de 1968.

9. La Gaceta, 15 de junio de 1968.

10. La Gaceta, 14 de junio de 1968.

11. CGT, 10, 4 de julio de 1968.

12. Informe sobre reunión de la CGTA filial La Plata, 5 de septiembre de 1968. Archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), Colección CGT de los Argentinos, c. 3, leg. 37, p. 119-131.

13. CGT, 17, 22 de agosto de 1968.

14. Informe secreto elevado al jefe de informaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, 17 de diciembre de 1968. DIPPBA, Colección CGT de los Argentinos, c. 126, leg. 122, p. 328.

15. La Razón, 12 de julio de 1968, citada en Correspondencia Pablo Vicente - Juan D. Perón, vol. 3, Buenos Aires, Congreso de la Nación, 2024, p. 316.

16. CGT, 8, 20 de junio de 1968.

17. La Razón, 14 de junio de 1968.

18. Primera Plana, 286, 18 de junio de 1968.

19. La Gaceta, 21 de junio de 1968.

20. Carta de Pablo Vicente a Juan D. Perón, Montevideo, 13 de julio de 1968, en Correspondencia Pablo Vicente - Juan D. Perón, vol. 3, Buenos Aires, Congreso de la Nación, 2024, pp. 315-316.

21. Raimundo Ongaro a Juan D. Perón, Buenos Aires, 20 de julio de 1968, Hoover Institution Library and Archives, Juan D. Perón papers (JDP), c. 5, leg. 2.

22. La Gaceta, 20 de enero de 1969.

23. Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Fondo Editorial Sarmiento, Subfondo Crónica, Carpeta Raimundo Ongaro, carpeta 91223; La Gaceta, 18 de enero de 1969.

24. La Gaceta, 18 de enero de 1969.

25. Crónica, 17 y 18 de enero de 1969.

26. CGT, 37, 23 de enero de 1969.

27. El ingenio Arno fue sede de importantes movilizaciones populares, que contaron con la participación de Ongaro y el apoyo de la CGTA. En abril de 1969, la protesta conocida como el “Ocampazo” fue brutalmente reprimida por el gobierno.

28. Primera Plana, 317, 29 de enero de 1969.

29. Análisis, 410, 22 de enero de 1969.

30. El título de la nota es ilustrativo de esta mirada: “El dirigente gremial Raimundo Ongaro que iba en viaje de Córdoba a Tucumán apareció en B. Blanca diciendo que fue secuestrado”. La Razón, 16 de enero de 1969. Véase también La Razón, 18 de enero de 1969; La Prensa, 18 de enero de 1969.

31. La Gaceta, 2 de febrero de 1969; La Nación, 2 de febrero de 1969. Agradezco este material a Isela Mo Amavet.

32. Ídem.

33. Ongaro programó visitas a nueve ingenios. Concretó ocho, ya que la visita a San Ramón debió suspenderse tras ser detenido por la policía. De estos nueve ingenios, seis estaban cerrados y tres en actividad.

34. La Gaceta, 5 de febrero de 1969. Estas declaraciones fueron también reproducidas en La Prensa, 6 de febrero de 1969. Agradezco este material a Darío Pulfer y Juan Pablo Kryskowski.

35. La presencia de vecinos, ausente en las crónicas del viaje de junio de 1968, fue resaltada en los actos realizados en Esperanza, Bella Vista, Santa Lucía y Leales. En los dos últimos, la nota periodística aludió a la “asamblea de trabajadores y sectores vecinales”. La Gaceta, 10 de febrero de 1969.

36. La Gaceta, 2 de febrero de 1969. Ongaro aludía al anuncio del decreto 16.926 efectuado por el Ministro de Economía y Trabajo, Néstor Salimei.

37. La Razón, 5 y 7 de febrero de 1969; La Prensa, 6 de febrero de 1969; Crónica, 6 de febrero de 1969.

38. La Gaceta, 13 de febrero de 1969.

39. La Gaceta, 18 de febrero de 1969.

40. La Prensa, 14 de febrero de 1969. Agradezco este material a Darío Pulfer y Juan Pablo Kryskowski.

41. Primera Plana, 321, 18 de febrero de 1969.

42. CGT, 39, 20 de febrero de 1969.

43. Primera Plana, 326, 25 de marzo de 1969; Cristianismo y Revolución, 13, abril de 1969; Cristianismo y Revolución, 14, mayo de 1969.

44. Raimundo Ongaro a Juan D. Perón, Buenos Aires, 17 de abril de 1969, JDP, c. 5, leg. 2.

45. La Gaceta, 18 de octubre de 1970; 18 de octubre de 1972; 16 de septiembre de 1974.

46. Panorama, 1 de diciembre de 1970.

47. Raimundo Ongaro a Juan D. Perón, Buenos Aires, 20 de julio de 1968, JDP, c. 5, leg. 2.