Flora Tristán y el Tour de Francia. La autoformación de la clase obrera.
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas - Universidad Nacional del Sur
Bahía Blanca, Argentina
angsos96@gmail.com
ORCID: 0009-0004-5281-3772
Resumen: Inscripto en el interés por la recuperación de mujeres en la historia de la filosofía, este artículo propone analizar las tensiones en el encuentro de Flora Tristán (1803-1844) –narrados en El tour de Francia– con los/as trabajadores/as durante el tour que realiza para llevar a la práctica su proyecto. La hipótesis es que esta obra resulta significativa para analizar el movimiento de la praxis política de la autora y cómo este afecta sus reflexiones teóricas.
Palabras clave: Flora Tristán – Socialismo utópico – Conciencia política – Unión Obrera
Título: Flora Tristán and The Tour of France. The self-formation of the working class
Abstract: Centred on the recovery of women in the history of philosophy, this article is meant to analyze the tensions in Flora Tristan’s (1803-1844) meetings –narrated in The Tour of France– with workers during the tour she undertakes in order to carry out her project. The hypothesis is that this work is significant for analyzing the movement of the author’s political praxis and the ways in which affects her theoretical reflections.
Keywords: Flora Tristán – Utopian Socialism – Political Consciousness – The Workers’ Union
Recepción: 20 de febrero de 2025. Aceptación: 14 de agosto de 2025.
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Desde principios de la década de los 80 se desarrolla un prolífero trabajo por recuperar la historia de las mujeres. En 1987 Mary Ellen Waithe se pregunta en A History of Women Philosophers si hubo filósofas y si se puede realizar una historia sobre ellas. Las mujeres, desestimadas intelectualmente, se vieron afectadas en su práctica filosófica por restricciones sociales. Aunque existieron, fueron consideradas figuras menores o directamente invisibilizadas en la historia de la filosofía. Tal ausencia de pensadoras se verifica también en la historia del socialismo. Cole (1957, p. 186) afirma en Historia del pensamiento socialista que “solo una mujer, una figura muy extraña, tiene claramente derecho a ocupar un lugar, aunque sea secundario, en esta historia. Es Flora Tristán”. Esto se debe a que es la primera persona en exponer un plan definido para una internacional proletaria (ídem, p. 190).
Entre los estudios que dan cuenta de la presencia de mujeres, Flora Tristán se posiciona como un personaje central. De esta forma, Susan Ferguson en su libro Women and Work: Feminism, Labour and Social Reproduction afirma que la franco-peruana inaugura el feminismo de la igualdad crítica: una perspectiva alternativa del feminismo socialista que se caracteriza por vincular una crítica político-económica del trabajo productivo con una crítica racional-humanista de la desigualdad de las mujeres (Ferguson, 2020, p. 42).
Si bien no teoriza la opresión de las mujeres en términos de relaciones capitalistas, sino más bien como consecuencia de prejuicios culturales, discriminación legal o relaciones patriarcales en el hogar (Ferguson, 2020, p. 53), su análisis se entrelaza con una crítica al capitalismo que utiliza la desigualdad de la mujer para explotar más a todos/as los/as trabajadores/as. Su posición feminista se anuda con su propuesta de construir unidad política; de esta forma, se trata de un análisis con ventaja crítica respecto del feminismo del siglo XVIII (ídem, p. 54).
Flora Tristán (París, 1803 - Burdeos, 1844), hija de un noble peruano de familia española y de una francesa de la pequeña burguesía, se ve arrojada a la pobreza a sus 4 años cuando su padre muere sin haber regularizado el matrimonio con su madre. A los 17 años se casa con André Chazal y vivencia un matrimonio atravesado por la violencia hasta que escapa con su hijo e hija. Comienza su vida de “paria”: su marido la persigue y el código civil napoleónico no le permite la separación, por lo que debe mentir y ocultarse.
En este contexto, en 1833 parte a Perú en búsqueda del apoyo y la ayuda económica de su familia paterna, donde reconoce que la desigualdad sufrida por ser mujer es una cuestión compartida y estructural y registra otros tipos de injusticias. A partir de ese momento comienza su actividad política y el desarrollo de su obra, que se ubica entre las revoluciones burguesas de 1830 y de 1848. Se trata de una etapa caracterizada por la monarquía constitucional de Felipe de Orleans, por un movimiento obrero compuesto por el semiproletariado artesanal y por la proliferación de journals y de las ideas socialistas.
El presente artículo recupera no solo la voz de una mujer dentro de la historia de la filosofía sino también su proyecto político-filosófico, que forma parte del diálogo de una época caracterizada por el surgimiento de teorías políticas preocupadas por la cuestión social. Se propone analizar la figura de los/as trabajadores/as que construye Tristán a partir de las tensiones que experimenta en su encuentro con ellos/as durante el tour que realiza para llevar a la práctica su proyecto y poner en marcha la autoformación de la clase obrera. Desde nuestros días parece contradictorio que su amor por la humanidad y su deseo de querer salvarla conviva con ciertas consideraciones negativas sobre los/as obreros/as. Cabe recordar que el diario donde realiza tales descripciones se escribe para ser publicado.
Flora Tristán intenta despertar algún grado de conciencia sobre la situación de opresión entre los/as trabajadores/as; si bien la formación de la conciencia de clase y la constitución del movimiento obrero son procesos colectivos, la autora realiza una acción concreta para favorecer esas transformaciones: hablarles directamente. Estima la asociación, le otorga características negativas al obrero en su singularidad y sostiene su “Unión Obrera” en estructuras organizativas previas, como es el caso del compagnonnage; no obstante, incluso reunido y organizado lo percibe bruto. A lo largo del trabajo se observa que la imagen no es estática, al igual que, y en relación recíproca con, sus estrategias de acercamiento.
La bibliografía crítica que versa de manera filosófica sobre conceptos específicos en la obra de Tristán se enfoca principalmente en Peregrinaciones de una paria (2003 [1838]), Paseos en Londres (1972 [1840]) y Unión Obrera (2011 [1843]). El Tour de Francia es una obra poco abordada, probablemente debido a su tardía publicación (1973) y reciente traducción (2006). Al respecto, en la Tesis de Máire Fedelma Cross (1988), The relationsheep between feminism and socialism in the life and work of Flora Tristán, se destaca el capítulo seis, “Le Tour de France: socialism and feminism”. La investigadora analiza el rol de la franco-peruana y la presencia del feminismo en el movimiento de la clase obrera de 1840.
Si bien esta autora reconoce como un elemento de originalidad en la acción de Flora Tristán que es la primera persona en hablar directamente con los/as trabajadores/as (cfr. Fedelma Cross, 1988, p. 269), observa cómo en la puesta en marcha de la “idée” se produce una brecha entre la franco-peruana y el proletariado (cfr. Fedelma Cross, 1988, p. 258); considera que finalmente Tristán es rechazada desde dentro de la clase obrera y que su único camino es depender de pequeños grupos de “ouvriers intelligents”. El Tour de Francia, de acuerdo a la posición de Fedelma Cross (1988, p. 296), tiene más valor como análisis de la estructura de poder dentro de la sociedad francesa que como la crónica del progreso de la praxis de Tristán.
A lo largo de este trabajo se disputará esta aseveración: la hipótesis es que esta obra resulta significativa para analizar el movimiento de la praxis política de la autora y cómo este afecta sus reflexiones teóricas; la apuesta por la conformación de la clase proletaria abre el juego a importantes preguntas en torno a tal proceso. Flora Tristán es mujer y no pertenece al movimiento obrero ¿Cómo favorecer desde ese lugar el proceso de constitución de clase?
En cuanto a la metodología, se propone una indagación histórico-filosófica centrada en el análisis de la puesta en marcha del “proyecto” planteado por Flora Tristán en Unión Obrera; específicamente del encuentro con los/as obreros/as durante su tour por Francia. Se tendrá en cuenta el contexto histórico-intelectual para el abordaje de las fuentes filosóficas primarias que integran el corpus: El tour de Francia en diálogo con Unión Obrera.
Contexto histórico-intelectual
El tour llevado a cabo por Tristán se realiza en Francia durante el gobierno de Felipe de Orleans, producto de los acontecimientos de 1830. El siglo XIX se caracteriza por la batalla entre las ideas de la Revolución Francesa y las fuerzas restauradoras: “Las tendencias reaccionarias pretenden volver a un modelo social imposible y las fuerzas progresistas no saben exactamente cómo avanzar hacia un nuevo régimen y no saben tampoco en qué consiste su apuesta al futuro” (Díaz, 2020, p. 17).
En 1814, los vencedores de Napoleón reestablecen el poder de los Borbones de la mano de Luis XVIII y se dicta la “Carta de compromiso”. De acuerdo con este documento, se establece un poder legislativo bicameral, se aceptan algunas garantías individuales y se reconocen los códigos napoleónicos.
La Restauración de 1814 cambió radicalmente el discurso político. El respeto a la tradición y a la autoridad, el horror a la revolución y la piedad religiosa llegaron a ser el pan de cada día. Sin embargo, la llegada de la monarquía borbónica no pudo restaurar las condiciones políticas prerrevolucionarias. Luis XVIII se proclamó monarca por derecho divino en vez de por la voluntad de la nación, pero prudentemente decretó una constitución –una “Carta”, como él la llamó– que incluía un amplio abanico de garantías “liberales” y establecía una forma representativa de gobierno. (Sewell y Martínez, 1992, p. 131)
En 1824 asume Carlos X, instituye una monarquía absoluta e intenta restaurar el Antiguo Régimen. Sin embargo, la preeminencia dada a la aristocracia, la censura de prensa y la disolución de las cámaras en un ambiente de cierta madurez política detonan los acontecimientos de 1830: “El resultado fue una insurrección popular, el derrocamiento de los Borbones y el establecimiento de una monarquía orleanista más liberal” (Sewell y Martínez, 1992, p. 131).
La insurrección se caracteriza por una acción conjunta de republicanos, obreros, estudiantes e intelectuales. Felipe de Orleans asume sostenido por la alta burguesía y se instala una monarquía liberal y constitucional basada en la soberanía nacional y popular y no en la gracia real. Se establece un poder legislativo bicameral y se asume la “Carta de Compromiso”. Sin embargo, adviene al poder una oligarquía de industriales y negociantes. Las masas que participan del proceso revolucionario a través de barricadas no reciben ningún beneficio.
En lo que respecta al aspecto económico, a Francia le lleva más tiempo el paso de una economía agrícola a una industrial en comparación a Gran Bretaña (Palmer, 2013, p. 451). Sin embargo, la sociedad francesa resulta transformada por el capitalismo industrial en el siglo XIX (Sewell y Martínez, 1992, p. 119). Las principales características de este proceso son “un comienzo gradual y temprano, un predominio continuado de la producción artesanal, un crecimiento relativamente lento de la industria en las fábricas y unos índices bajos de crecimiento demográfico” (Sewell y Martínez, 1992, pp. 119-120).
Lo mencionado deja sus huellas en el movimiento obrero francés. Una de las consecuencias de tales características es que durante mucho tiempo los artesanos, y no los obreros de las fábricas, representan la gran mayoría de los trabajadores (Sewell y Martínez, 1992, p. 122). Es decir, no se produce una gran masa de obreros de fábricas, pero sí un gran número de artesanos descontentos que constituyen la base del movimiento obrero más temprano (Sewell y Martínez, 1992, p. 119). Antes de 1848 el obrero francés es todavía el de las profesiones tradicionales (Westphalen, 2006, p. 35): con ese semiproletariado artesanal se enfrenta Flora Tristán durante su tour.
Además, en 1839 y 1840 reaparece la agitación a través de huelgas y publicaciones como Voyage en Icarie de Cabet, la Organisation du travail de Luis Blanc y Qu’est-ce que la propriété? de Proudhon. A partir de entonces, “las ideas socialistas llegaron a ser una presencia palpable en el discurso público francés, en la prensa, en la calle, en los talleres y en los bares y cafés de la clase obrera” (Sewell y Martínez, 1992, p. 135). De acuerdo con Díaz, la palabra “socialismo” surge en 1832 “para denominar al movimiento asociativo proletario y luego para darle fisonomía a la aspiración social del futuro” (2020, p. 76).
Los teóricos pertenecientes a las primeras corrientes son personas cultas e instruidas de la burguesía, e incluso de la nobleza, que toman conciencia de la cuestión social y proponen soluciones (Nahum, 1972, p. 34). Es decir, se trata de distintas propuestas de reforma social generalmente pensadas por intelectuales no pertenecientes a la clase obrera: se teoriza sobre los/as proletarios/as. Dentro del movimiento obrero se produce mayor o menor adherencia a ellas; paradigmático es el caso del icarismo.1 Se trata de la época de los “tanteos teóricos” previos al marxismo que se enfrentan a la realidad política de su tiempo y a la vez se van modificando a partir de la práctica política y de las transformaciones que el mismo sistema capitalista experimenta (Díaz, 2020, p. 15).
En este marco, Flora Tristán desarrolla su pensamiento y su praxis. Frente a los teóricos socialistas por un lado y el semiproletariado artesanal por el otro la autora es definida como “un laboratorio viviente del conjunto de proyectos, estrategias y fracasos del socialismo y el feminismo de su época” y como “un puente ideológico” entre los “socialismos primitivos” y el marxismo; justamente lo que la ubica como puente es que establece un camino para organizar a la clase obrera (Díaz, 2020, p. 125).
El tour de Francia en tanto puesta en marcha de la
autoformación de la clase obrera
Las ideas filosóficas de Tristán se caracterizan por mantener una explícita relación con su biografía: se trata de una obra teórico-experiencial. La franco-peruana logra reconocer una raíz estructural y social de sus sufrimientos, realizar un diagnóstico y elaborar un proyecto. Hacia el final de Unión Obrera (Tristán, 2011, p. 143), la autora realiza un resumen de las ideas contenidas donde se puede observar con claridad y de manera sintética su propuesta.
En primer lugar, se debe constituir la clase obrera a través de una unión “compacta, sólida e indisoluble”. El concepto de “unión” alude a una organización “universal” que trasciende oficios y países, es decir, internacionalista y que revaloriza el trabajo manual en general. Una vez constituida la “Unión Obrera” resulta necesario elegir un defensor remunerado que la represente frente a la nación. Desde ese lugar de representación se luchará para que “se reconozca la legitimidad de la propiedad de los brazos” y para que se reconozca también, de esta forma, el derecho al trabajo.
Además, es preciso conseguir el derecho a la instrucción moral, intelectual y profesional para todos/as. Asimismo, se examinará la posibilidad de la organización del trabajo. En cada departamento se levantarán palacios para instruir a niños y niñas y curar y cuidar heridos/as, enfermos/as y ancianos/as. Las mujeres ocupan un lugar central en su obra; a la “Unión Obrera” le corresponde reconocer el principio de la igualdad de derecho entre el hombre y la mujer: “único medio de constituir la unidad humana”.
Sin embargo, Tristán no se limita a la teorización: sostiene que “hacer un libro para el pueblo es echar una gota de agua en el mar”. Por tal razón, asume una nueva “misión”: ir con su “petit livre” por toda Francia “a hablar a los obreros que no saben leer y a los que no tienen tiempo de leer” (Tristán, 2011, p. 69). El proyecto refiere entonces a la “idée” de la “unión universal”, a la impresión de Unión Obrera y a su divulgación, que en sí misma constituye su desarrollo real y efectivo, su puesta en marcha.
El Tour de Francia: estado actual de la clase obrera bajo los aspectos moral, intelectual y materiales es el diario de la autora en el que queda testimoniado el recorrido por el centro y sur de Francia, que tiene como objetivo acercar la Unión Obrera a los/as trabajadores/as y lograr la concreción del proyecto. Durante su recorrido, como ya se mencionó, se encuentra con un semiproletariado artesanal.
Frente a la autoridad de los maestros y a modo de desafío, los obreros cualificados se organizan en “fraternidades corporativas ilegales propias”. Las más poderosa de estas hermandades son las que se organizan en federaciones nacionales llamadas “compagnonnage” (Sewell y Martínez, 1992, p. 128). Con vistas a esa organización diagrama Tristán su “gran idea”, como una versión mejorada de aquella (Tristán, 2011, p. 71).
El compagnonnage2 consiste en una forma de organización laboral que se remonta míticamente a la construcción del templo de Jerusalén en el siglo X a.C. Como esta obra fue encargada por el rey Salomón y dirigida por el padre Soubise y el Maitre Jacques, estas tres figuras representan a los fundadores legendarios y sus diferentes Devoirs (Hijos de Salomón, Hijos del maestro Jacques e Hijos del padre Soubise). Los Devoirs constituyen diferentes formas de códigos y costumbres dentro de esta organización: así como el compagnonnage abarca múltiples oficios, pueden existir distintos tipos de asociaciones dentro del mismo oficio.
Además, el compagnonnage tiene como objetivo la especialización en una disciplina. Para calificarse en un oficio, el aspirante debe recorrer diversas ciudades francesas en el sentido de las agujas del reloj (“Tour de France”). Cuando llega a un nuevo lugar, hasta que consigue trabajo, se queda en lo de la Madre, figura que tiene el rol de alojar a los compagnons itinerantes; su casa es la sede de la Orden y el lugar donde se realizan las asambleas. Se trata de una red de vínculos entre obreros de distintas ciudades que pretenden el monopolio de las contrataciones, negocian colectivamente los salarios y funcionan como mutual. Se oponen a las corporaciones y se caracterizan por la exigencia moral a sus miembros y por rituales vinculados a la masonería.
En la época en la que Tristán interactúa con ellos, intentan crear un movimiento más unido. Para la década de 1840 se destacan tres corrientes en torno a las divisiones: los Devoirs (tradicional), los Devoirs de Liberté (cercanos a Agricol Perdiguier, que propone una alianza entre las tres facciones) y la Société de l’Union (cercanos a Pierre Moreau que propone reforzar una unidad material y resignar algunas tradiciones; Tristán los nombra como “societarios”).
Para la década de 1820 el movimiento corporativo se encuentra extendido; no obstante, eso no significa la formación de una clase trabajadora consciente: se mantienen actitudes de indiferencia y hostilidad entre los diferentes oficios (Sewell y Martínez, 1992, p. 130). Tal problemática es recuperada y criticada por la franco-peruana. Autores como Sewell y Martínez (1992, p. 131) afirman que en las luchas sociales y políticas posteriores a la revolución de 1830 los artesanos de París, Lyon y otras ciudades transforman “su concepto corporativo del trabajo en conciencia de clase”. En el siguiente análisis se observa, a través de la percepción de Tristán, la complejidad de este proceso.
Del trabajo corporativo a la construcción de la unión y la conciencia politica
A la vez que los intelectuales socialistas avanzan en sus teorías, el proletariado (mayormente perteneciente a las profesiones tradicionales) se encuentra en un estado de incapacidad para movilizarse (Fedelma Cross, 1988, p. 272). Desde antes de comenzar propiamente su tour,3 los encuentros con los/as obreros/as “reales” despiertan en Tristán sentimientos ambivalentes: “Son fríos, secos, desprovistos de elevación, de inteligencia; en cambio, leo en ellos los caracteres de la vanidad, de la arrogancia, de la terquedad, aunque aunada a una muy grande movilidad de ideas” (Tristán, 2006, p. 51).
En esta línea, expresa que los individuos no son inteligentes, que “tienen todos los defectos y vicios de la ignorancia, pero que importa la repugnancia que provocan, es necesario considerarlos como el abono que servirá para fertilizar a la joven generación obrera” (ídem, p. 55).
Además, se enoja ante la mala interpretación que realizan de que su propuesta se reduce a unir a todas las sociedades del compagnonnage en una sola (ídem, p. 55). Choca en varias ocasiones con reuniones de obreros que “no comprenden” y expresa que es por eso que no cuentan con hombres que les sean abnegados, que puedan actuar como sus defensores: su estupidez provoca rechazo, enfriamiento y disgusto en el alma más “ardiente” (ídem, p. 57). Si no comprenden su posición, significa que aún no llegó el momento de actuar (ídem, p. 58).
Más adelante agrega: “He aprendido tantas cosas después de vivir quince días con estos obreros. ¡Son horrorosos vistos de cerca!” (ídem, p. 59). Se puede apreciar en estas expresiones la complejidad de la inserción de esta militante por la causa proletaria entre los/as obreros/as de carne y hueso. Si bien recurre a sus convicciones para darle sentido a trabajar con y por obreros/as que en su singularidad le disgustan, se pregunta: ¿Cómo se van a constituir como clase si no comprenden su situación actual? ¿Cómo van a ser representados en la nación si hasta el más convencido se disgustaría al ver su indiferencia? Un ejemplo es la revista L’Atelier, redactada exclusivamente por obreros manuales, que no responde a su pedido de leer en el comité la Unión Obrera y de publicar un fragmento.4
¿Cuál es esa concepción del “otro”, el mundo de los obreros, que ella va construyendo discursivamente? La visión de un no-sujeto, un sujeto instintivo, no individuado, agente y paciente de su estado de ignorancia y explotación al que ella tiene que iluminar con su idea para poder constituirla como clase. Visión que nos remite no sólo a esquemas culturales y de valor propios de su época, sino a las contradicciones internas del surgimiento de la teoría social. (Westphalen, 2006, p. 12)
Sin embargo, se dirige al lector para expresar que frente a tanto descontento no se debe desesperar porque los principios son buenos y es a ellos a quien se sirve: “La clase más numerosa es la más útil” (Tristán, 2006, p. 59).5 La más útil en tanto que produce la riqueza de la nación. Se observa entonces una diferenciación de valor entre las convicciones, a las que se estima, y, en contraparte, las singularidades y el obrero real, portador de los defectos. Tristán considera que tiene una “misión”: hablar a los/as obreros/as sobre sus defectos y sus vicios desde el punto de vista de una idea “religiosa alta y humanitaria”. Considera que de un lado se los rebaja, injuria y calumnia; y del otro se los adula, alaba y exalta. Ambos extremos son malos.
Para poder decirles “la verdad” se los debe conocer y para conocerlos “Es necesario hablar con ellos, comunicarse sobre diversos asuntos, verlos en distintas situaciones, calmados, coléricos, contentos, apenados, infelices, miserables y teniendo dinero en el bolsillo –qué digo, es necesario estudiarlos en todas las posiciones de la vida–” (ídem, pp. 63-64). Es decir, sigue apostando por ir a su encuentro. Además, aparece la religiosidad como fuente de convicción: no se trata solo de principios, sino de una “misión”. Desde ese enmarque, los disgustos cobran “sentido”.
Sobre su primera reunión de obreros en casa de Gosset,6 reflexiona que no les falta inteligencia ni sentido común pero hay una ausencia de fe; aunque tienen buena voluntad, les falta entusiasmo y confianza en ellos y en la humanidad; son “tibios”, lo que preocupa a la autora (cfr. Tristán, 2006, p. 77). Más adelante, considera que el punto más grave de la cuestión es el estado moral en el que se encuentra la clase obrera (ídem, p. 80). Las malas condiciones materiales tienen efectos directos en su comportamiento moral.
En Burdeos, describe que los obreros tienen buena voluntad: “si algunos de los capaces estuviesen a la cabeza se haría muy fácilmente de ellos unionistas” (ídem, p. 92). Aparece la idea de conducción. En esta dirección:
Cuando uno habla a esos hombres con benevolencia y firmeza, cuando uno les hace un llamado en nombre de la justicia, de la fraternidad y del interés de la clase obrera, uno está seguro de encontrar en ellos una dulzura, una educación, una bondad llena de conveniencia y dignidad. ¡Ah!, si el gobierno conociera a estos hombres no se conduciría con ellos como lo hace. Nada más fácil de conducir que los obreros cuando uno sabe cómo proceder. Son realmente de un carácter encantador. (Tristán, 2006, p. 99)
Los disgustos de los primeros encuentros comienzan a matizarse; en la praxis descubre modos de acercarse a ellos que logran vislumbrar sus aspectos positivos. La pregunta se dirige a sus propias estrategias. Se observa una clara preferencia por los compagnons, en especial por cierto sector entre ellos –los societarios de la Unión (ídem, p. 100)–; en contraposición a los obreros individualmente, como expresa al buscarlos en la ciudad Avallon y Semur. Sin embargo, resulta interesante cómo tal percepción la lleva a pensar su propia práctica, a concluir que no debe dirigirse a ellos aisladamente:
Llegué a encontrar algunos pero pude convencerme, en esta ocasión, de que me sería imposible obtener algún resultado dirigiéndome a los obreros aisladamente. El carácter distintivo del obrero es la desconfianza y eso se entiende. Como es ignorante, no comprende nada, teme siempre comprometerse, y como es constantemente explotado, cree siempre que uno quiere hacerlo víctima de una estafa. Así, vi que incluso con la mejor intención de servir, no podría hacerlo. (Tristán, 2006, p. 104)
En Dijon encuentra obreros socialistas: los describe en posesión de un gran sentido común, con buena voluntad y comprometidos a ayudarla en su “misión”. Aparece en estas referencias la estimación de la autora de aquellos que están organizados alrededor de los principios de una teoría política.7 Ante una petición realizada por los obreros de Lyon al Ministerio de Comercio sobre la organización del trabajo,8 Tristán considera que esta estrategia no sirve si antes no están unidos. Se puede observar entonces el modo en que la unión y la constitución de la clase obrera es pensado como un paso previo a la puesta en marcha de acciones a favor de sus intereses. Para que el proletariado pueda participar de las discusiones políticas es necesario que esté constituido como sujeto político (en tanto clase).
La utilización de la noción de clase en el pensamiento de Flora Tristán se puede rastrear desde Unión Obrera (cf. Tristán, 2011, pp. 72, 73, 77, 78, 80, entre otras) y se continúa en El tour de Francia (cf. Tristán, 2006, pp. 37, 38, 40, 41, 42, entre otros). De hecho, el capítulo II del primer texto se titula “De los medios para constituir a la clase obrera”. Allí la define como aquella que se conforma por quienes no tienen tierras, capitales ni casas; solo poseen sus brazos como únicos instrumentos de trabajo (Tristán, 2011, pp. 81-82). Ella no solo debe unirse más allá de los oficios, gremios y naciones, sino que debe conseguir “una posición social que la ponga en condiciones de poder reclamar su derecho al trabajo, su derecho a la instrucción y su derecho a la representación ante el país” (ídem, p. 72).
[Flora Tristán] Toma la organización efectivamente existente del semiproletariado artesanal de Francia e intenta transformarla en una organización indiferenciada de trabajadores, con un objetivo de emancipación política. (Díaz, 2020, p. 128)
En varios pasajes se puede vislumbrar que tal constitución de la clase obrera es posible a partir de estructuras previas, apoyándose en obreros/as que ya posean la práctica de la unión. En esta línea, en Mâcon expresa que encuentra a los societarios “bastante mejor que los otros” y eso se debe a que “ya forman parte de la Unión de todos los gremios” (Tristán, 2006, p. 132). En Lyon expresa su felicidad por haber pasado tres horas conversando con los obreros de la seda: “sólidos, razonables y audaces”. Si bien cuestiona la institución de los prud’hommes9 como un engaño, resalta su inteligencia e instrucción, su disponibilidad para escuchar a una mujer y para expresar sus miserias. Considera que en ellos está “en germen un nuevo orden”:
Estos obreros, jefes de taller en seda, son lo mejor que he visto aquí, son respetuosos de las reglas, se asocian para hacer una sociedad “coalición organizada”, son hombres muy capaces y de acá a un año van a contar en su asociación a todos los jefes inteligentes de la ciudad. (Tristán, 2006, p. 152)
En esa misma ciudad se encuentra con “societarios de la Unión”, quienes “no tienen tanta inteligencia ni instrucción, pero tienen más fervor de corazón y devoción” (Tristán, 2006, p. 152). Describe que en todos los lugares los “societarios” tienen un carácter amable, franco, sin prejuicios, con elocuencia e inteligencia y que en su aspecto no se parecen a lo que “vulgarmente” se llama un obrero: “Creo que sólo su título ha logrado esta feliz transformación, la palabra «Unión» les recuerda sin cesar que ellos viven en el todo –el amor de la unidad y, por eso, al menos entre ellos, en estado de aspiración–” (ídem, p. 153). Se observa una vez más cómo Tristán encuentra en la práctica de la unión y de la asociación de los obreros una posibilidad, la potencia de un “nuevo orden”, el germen del mundo al que ella aspira. No obstante, no deja de describir su falta de instrucción e inteligencia.
También en Lyon se encuentra con compagnons carpinteros del “Deber de la Libertad” o gavots, que le expresan el obstáculo de que no tienen permitido hablar de política en las reuniones de la forma que lo hacen con ella. Esta opinión expresada por los jóvenes genera la reacción de los ancianos que temen que si aquellos comienzan a hablar de política, al estar prohibido por la policía, provocarán que les disuelvan la sociedad.
Tristán mantiene su postura a favor de que es su “deber de ciudadanos, de hermanos y hombres de progreso” ocuparse de la economía social: las cuestiones políticas entran “hasta en la olla”, las cuestiones particulares dependen de las generales (cfr. Tristán, 2006, p. 154). En definitiva, no se trata solo de la necesidad de que los obreros estén organizados, sino también de que puedan conversar de política. El germen del nuevo mundo lo constituyen entonces no solo obreros “asociados”, sino también politizados.
Además, refiriéndose a los obreros en general, describe que la mayoría le expresa que les gustaría reunirse, pero que resulta imposible, que no saben cómo hacerlo. Para Tristán, esta imposibilidad de pensar en una unión responde a que la miseria y el trabajo embrutecedor genera en ellos la creencia de que están fatalmente destinados a esa suerte, discurso que la burguesía y los sacerdotes les repiten y los lleva a la resignación (ídem, p. 160). Se observa entonces cómo el modo de producción afecta la conciencia de los trabajadores, de manera que no les permite actuar para modificarlo. Tanto la burguesía como el clero tienen intereses en mantener ese orden de cosas.
Estos pasajes resultan interesantes para pensar una problemática y una pregunta que atraviesa a la tradición socialista hasta nuestros días en torno al proceso de formación de la conciencia: ¿Cambian antes los individuos o la sociedad? (Fernández Enguita, 1999, p. 34) ¿Las ideologías se introducen e imponen desde afuera o se producen en el interior de las relaciones sociales? ¿Las “relaciones sociales de producción” generan ideología? (Fernández Enguita, 1986, p. 66). Luego de una descripción sobre la organización de los obreros de la seda que son jefes de taller, reitera el énfasis en los beneficios de la comunidad para el obrero:
De allí resulta que los obreros y obreras de la seda son gente más inteligente que los obreros de otras partes, porque viven todos en familia, reunidos en el mismo taller, comiendo juntos en la misma mesa y la misma alimentación. Se acuestan, de manera que quedan siempre bajo el ojo del maestro conversando con él, escuchándole hablar de todas las cosas, y son tratados en condiciones de perfecta igualdad, lo que no ocurre en ningún otro estado. (Tristán, 2006, pp. 161-162)
La autora resalta el estar reunidos, el compartir la vida en una comunidad basada en la conversación y la igualdad, como factores que hacen a un/a obrero/a más inteligente, que mejoran sus condiciones morales e intelectuales. Pareciera, entonces, que “las relaciones sociales de producción” inciden en la conciencia del trabajador.
Además, también valoriza a los comunistas; si bien no comparte las ideas icarianas, considera que les permiten a los obreros tener nociones que de otra forma no tendrían y los acerca a los libros, puesto que los lleva a leer obras socialistas y filosóficas. De esta forma salen del orden estrecho y deciden a modo de jueces poner a circular una obra si la consideran buena (ídem, p. 178). En línea con otros pasajes, Tristán reconoce la importancia de la organización en torno a una teoría, más allá de que ella acuerde o no con tal visión, no solo por ser en sí una forma de asociación, sino por la formación política que conlleva.
De vuelta en Lyon, afirma que los obreros que se consideran “hombres de progreso” deben instruir a otros: de esa forma dan prueba de dedicación y fraternidad. Esto resulta importante porque en tensión con la fuerte idea de una “misión” asumida por ella (una persona externa a la clase obrera que les acerca la “ideé”), comienza a formarse la noción del propio proletariado como agente. En este sentido, la autora considera que ella los obliga a trabajar por ellos mismos: desde su visión, el pobre debe trabajar por él y por él mismo ser salvado (ídem, p. 292). Lo que les falta es el hábito de la acción. Se puede afirmar entonces que el rol que la autora asume es favorecer cierto hábito de praxis en los/as obreros/as, pero su “salvación” queda en manos de ellos/as mismos/as. Se trata de la primera autora de entre los socialismos utópicos que empieza a pensar al proletariado como sujeto:
Su virtud radica en que la propuesta es realizada como parte de la conformación de un movimiento político de la clase obrera y, por ello mismo, se empieza a considerar la posibilidad de que el proletariado, que hasta ahora habíamos visto como objeto de la política del Estado o como objeto de regeneración por parte de la religión sansimoniana, se transforme ahora en sujeto de su propia transformación. (Díaz, 2020, p. 125)
Si bien se valora y se hace hincapié en el compagnonnage como estructura previa para la “Unión Obrera”, a la vez se observa con ojos críticos el encierro en esas pequeñas sociedades (Tristán, 2006, p. 305). El proyecto político de Tristán atraviesa las distintas clases de oficios, en este sentido es superador de las asociaciones previas, es una verdadera constitución del proletariado como clase. En tanto el compagnonnage, aún en las corrientes más reformistas que proponen una unión general entre diferentes oficios y Devoirs, no es una organización política sino laboral, la “Unión Obrera” intenta ser una propuesta superadora.
Tristán cuestiona también la relación entre los obreros y los caballeros, que no favorecen su causa y los conducen hacia una violencia innecesaria.10 En este sentido, si bien hay una valoración del obrero organizado, también hay una crítica al partidismo:11 “Absorbidos completamente por los odios de partido, sólo tienen pasión, afinidad para pelearse entre ellos ¡es horrible de ver!” (ídem, p. 322). Esto resulta coherente con el surgimiento en el pensamiento de la autora de la noción del proletariado como sujeto de la política.
En Agen es perseguida por la policía, por lo que gran parte del compagnonnage teme poner su local para la reunión. Finalmente, los “asociados de la Unión” disponen la sala de la Madre. Tristán realiza una gran loa a su valentía, puesto que la policía intenta disolver el encuentro y están dispuestos a continuar la sesión de todas formas. No obstante, muchos sienten temor y no se atreven a firmar el apoyo a su propuesta, dejándose intimidar y renunciando a sus derechos de ciudadanos, lo que le prueba a la autora que ella comienza una gran tarea que debe ser continuada: “la educación política del pueblo” (Tristán, 2006, p. 491).
Consideraciones finales
Lo primero a destacar es que Flora Tristán no busca organizar al proletariado a partir de los intelectuales interesados en el problema social, sino que “se basó en la organización real que todavía tenía el trabajador de oficio” (Díaz, 2020, p. 128). En esta línea, Fedelma Cross afirma que fue entre los trabajadores activistas del movimiento obrero francés donde Flora Tristán disfrutó más la posibilidad de los contactos y donde ella realizó la mayor parte de su prédica; tenía grandes esperanzas de encontrar allí un amplio apoyo (Fedelma Cross, 1988, p. 258).
Sin embargo, el encuentro con el obrero despierta sentimientos ambivalentes en la autora: en su singularidad es portador de defectos morales e intelectuales. En este sentido, como segundo punto a destacar, se observa que lo que da sentido a la causa son los principios y la esperanza en una nueva generación proletaria que sobrevendrá. Estos principios están atravesados por una religiosidad: Tristán tiene una “misión”.
En tercer lugar, se puede afirmar que emerge a lo largo de la obra una noción de conducción. Luego de las primeras impresiones –caracterizadas en general como negativas– se comienza a matizar la concepción sobre el/la obrero/a real y a reflexionar sobre una forma de acercarse que favorezca sus características positivas.
En cuarto lugar, la autora considera imposible trabajar con los/as obreros/as aislados/as: se debe partir de las estructuras previas (compagnonnage, teorías socialistas o comunistas). Un quinto punto a resaltar estriba en que Tristán afirma que el primer paso antes de cualquier acción en favor de los intereses del proletariado es constituirse como clase. Esto no significa solamente la unión y asociación entre distintos obreros/as (superando las divisiones laborales), sino también su politización.
En sexto lugar, resulta interesante desatacar que la vida en comunidad mejora las condiciones morales e intelectuales. En este sentido, se vislumbra en Tristán la temprana problematización de la relación conciencia-existencia material: “las relaciones sociales de producción” comunitarias afectan positivamente la conciencia proletaria. Si bien no se desarrolla teóricamente y de forma específica la razón por la que la sociedad vuelve bueno al obrero, se puede rastrear a lo largo de la obra que la autora adjudica a prácticas tales como vivir “en familia”, estar “reunidos en el mismo taller”, comer “juntos en la misma mesa y la misma alimentación”, dormir “bajo el ojo del maestro”, conversar y escuchar al maestro, ser tratados “en condiciones de perfecta igualdad”, un rol fundamental en su “subjetivación”.
Por último, se aprecia en Tristán (en el marco de la tradición socialista) el pasaje de la concepción del proletariado como objeto de la política a la de sujeto de su propia transformación (en tensión con la citada interpretación de Westphalen). Resulta imprescindible que los/as obreros/as se organicen de forma autónoma (Ortiz Fernández, 2023, pp. 108-109). Como afirma Fedelma Cross, la franco-peruana concluyó que el movimiento tenía que ser esencialmente autoemancipador (Fedelma Cross, 1988, p. 252).
En síntesis, se puede afirmar que la cuestión específica que preocupa a la autora es la pregunta por cómo constituir al proletariado en tanto clase. La respuesta –no estática– la desarrolla en términos teóricos y prácticos (que se retroalimentan entre sí) a través del anclaje en las estructuras ya existentes del semiproletariado francés y en la valoración de la lectura colectiva como motivadora de diálogo y debate para la transformación social (Ortiz Fernández, 2023, p. 108).
Cabe aclarar que, si bien la autora se caracteriza (especialmente en Union Obrera) por prestarle especial atención a la situación de la trabajadora, en el Tour está dialogando principalmente con varones. Aun cuando se describen reuniones con mujeres, generalmente su participación es menor. Conviene recordar que en las estructuras como el compagnonnage ellas no participan o lo hacen en roles específicamente asignados (la figura de la Madre). En este sentido, a lo largo del trabajo se intenta conservar cuando lo autora no desdobla el lenguaje (obreros y obreras).
Para finalizar, en la actualidad, en el marco de las transformaciones del capitalismo contemporáneo, el estudio y la pregunta por la “subjetivación” de los/as trabajadores/as es objeto de debate y producción académica. Los individuos se conforman en espacios compartidos y son parcialmente producidos por los dispositivos de poder que operan en el cuerpo social: la “subjetivación” implica sujeción (Pujal i Llombart, Calatayud y Amigot, 2020, p. 4). Sin embargo, el sujeto no es una sustancia, sino una forma que no es siempre idéntica (Foucault, 1994, p. 123).
Desde una óptica foucaultiana, la “subjetivación” es un proceso de constitución y transformación, procesual e histórico; se trata de un devenir que se va modificando (Ayala-Colqui, 2021, p. 129). La producción del sujeto no es pasiva: los individuos pueden contravenir; la “subjetivación” es un proceso de formación a partir de un vínculo conflictivo con los poderes y saberes de un momento determinado (ídem, p.132).
En tanto forma de agenciamiento de los sujetos, no pasivos, que intervienen reflexivamente y en acción para apropiarse, negociar, adoptar y disputar los sentidos atribuidos (Palumbo, 2022, p. 145), se puede encontrar en Tristán la apertura a la pregunta por la “subjetivación” de los/as obreros/as. Su “misión” consiste en organizar su desarrollo colectivo a fin de que se constituyan como clase –legal, social, económica, moral y religiosamente– (Ortiz Fernández, 2023, p. 114). El Tour de Francia es el relato en primera persona de una proeza: “la lucha de una mujer por organizar a la clase obrera para constituirla como clase” (Westphalen, 2006, p. 12); es un llamado a “transformar en organización ese nuevo sentimiento de solidaridad que se ha ido forjando en el proceso” (ídem, p. 17). En este sentido, se sostiene que el texto analizado tiene valor en tanto crónica del progreso de una praxis; praxis que conmueve a la teoría.
Bibliografía
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1. El icarismo consiste en una teoría de reforma social que propone la construcción de colonias en las que existiría una comunidad integral de bienes y los que más tienen entregarían su excedente a los que no tienen lo necesario. Su referente es Étienne Cabet, quien tiene una posición antisensualista, rigorista y antimaterialista y cuenta con prestigio y partidarios entre el proletariado francés en la década de 1840. Su novela utópica denominada Viaje por Icaria agota varias ediciones. Allí describe Icaria como una ciudad ideal en la que no hay pobreza, las calles son rectas y limpias, todos se visten igual, se habla una lengua nueva y artificial y la economía se concentra en órganos administrativos. Se trata de una sociedad patriarcal, en la que la decisión está en los varones, las mujeres se reducen a servir a sus esposos y padres y un fuerte control afecta el mundo intelectual, la prensa, el arte y las costumbres. Cabet defiende su causa a través del periódico Le Populaire (Díaz, 2020, pp. 189-198).
2. Los próximos párrafos en torno al compagnonnage son de elaboración propia en base a Compagnons du Tour de France, Federation Compagnonnique, 2023; Musée du Compagnonnage de Tours, 2018; Díaz, 2020; Westphalen, 2006; Sewell y Martínez, 1992.
3. El tour empieza propiamente el 12 de abril de 1844 a las cuatro de la mañana, cuando Flora Tristán parte desde París hacia Auxerre; sin embargo, el Diario narra los preparativos del viaje, las reuniones previas y lo dificultoso que resulta para la autora la impresión de su obra. Como el objetivo del viaje es justamente llevar Unión Obrera a los/as obreros/as de toda Francia, es indispensable contar con muchas copias del texto. En este sentido, relata sus vivencias en París entre el 4 de febrero y el 16 de abril de 1843 y en Burdeos en septiembre de 1843.
4. L’Atelier es llevado adelante por imprenteros adherentes a Philippe Buchez, ex sansimoniano que promueve un socialismo católico. Se caracteriza por ser escrita sin intermediación ni participación de intelectuales y periodistas (cfr. Díaz, 2020, pp. 139-146). Con respecto a este periódico la autora narra que desde hace 15 días espera la contestación de Leveneux –director de la revista– a su pedido. Sin embargo, nunca responden su carta.
5. En este pasaje se refiere específicamente al principio de que la clase más numerosa es la más útil. Se trata de un diálogo directo con Saint-Simon que considera a la clase obrera como la más numerosa y la más pobre. Sin embargo, para la autora la pobreza no es lo que la caracteriza, en todo caso es el estado actual en que se encuentra.
6. Gosset, “le père des forgerons” (“el padre de los herreros”), nace en 1806 y tiene gran influencia sobre los integrantes del “Devoir del Tour de Francia” y sobre los miembros de la “Société de l’Union”. Formula un proyecto de asociación general con el fin de superar las rivalidades y regenerar el compagnonnage, titulado “Association générale de tous les Travailleurs français régénérés”. A partir de esta iniciativa, Flora Tristán se vincula con él, por lo que se encuentran en enero de 1843. Sin embargo, debido a las tensiones entre la autora y la esposa de Gosset, Anne Bureau, finalmente este compagnon no adhiere a la propuesta de la franco-peruana (ver en el diccionario en línea Le Maitron, 2009, “Gosset, Jacques, Joseph, Martin ou Jean dit le Père des Forgerons”: https://maitron.fr/spip.php?article31845).
7. Resulta interesante cómo para la autora solo pueden ser socialistas los obreros, puesto que los “burgueses socialistas” se le presentan como una contradicción: “Esos hombres están forzosamente en una falsa posición: como burgueses, son civilizados de la civilización, y como espíritus de avanzada, ¿están fuera de la civilización y tienen tendencias generosas?; estos dos lados tan opuestos el uno del otro, y reunidos en una envoltura de burgués tan débil, producen un efecto completamente singular que tiene no obstante su lado grotesco” (Tristán, 2006, p. 122)
8. En la década de 1840 una de las ideas que se discute en los journals es la “organización del trabajo”. Louis Blanc publica en 1839 artículos semanales en la Revue du Progrès dedicados a esta propuesta. Su planteo consiste en que el gobierno organice en las principales ramas industriales una gran fábrica –los “talleres sociales”– que compita con las industrias privadas y fuerce de esa manera los precios a la baja. Esto sería posible debido a una organización racional del establecimiento que permitirá abaratar costos y precios de ventas. El capital inicial sería a partir de un empréstito del gobierno y se aceptarían capitales privados pero minoritarios con respecto al estatal. Blanc prevé que luego de un año el taller se autosustentaría. Todos los obreros asociados cobrarían el mismo salario y la dirección técnica se establecería a partir de los talentos de cada área: aunque se establecería una jerarquía de las capacidades, no se las retribuiría de manera diferencial (Diaz, 2020, p. 147). Flora Tristán participa de las discusiones sobre esta propuesta; de hecho, en Unión Obrera menciona la obra de Blanc (Tristán, 2011, p. 87). Sin embargo, tanto en Unión Obrera como durante su tour (con algunas variaciones) plantea que no es suficiente, que en primer lugar se debe reclamar el “derecho al trabajo” (Tristán, 2011, p. 82, 87; Tristán, 2006, p. 459). En las reuniones con obreros la idea que más le interesa que comprendan, junto con la constitución de la clase obrera, es justamente el “derecho al trabajo”.
9. El 18 de marzo de 1806 Napoleón crea el primer consejo de prud’hommes en Lyon (luego se extiende a otras ciudades industriales) ante la demanda de la cámara de comercio y de los manufactureros de la industria de la seda. Su objetivo es juzgar los conflictos en la producción y en la relaciones de trabajo. Si bien participan capataces y obreros calificados, los empleadores tienen un asiento más de representación y los simples obreros no son admitidos (cfr. Halpérin, 1806).
10. Los “caballeros”, “políticos de café”, “caballeros de la industria” o “caballeros en revolución” son “defensores” de los obreros a los que Tristán cuestiona a lo largo de toda la obra y en las diferentes ciudades. De hecho, dice que el pueblo tiene tres enemigos: 1) los sacerdotes, 2) los burgueses y 3) los caballeros. Se encuentra con obreros que reconocen en ellos hombres que viven a sus expensas y empeoran su posición; sin embargo, no tienen fuerza para deshacerse de ellos, los necesitan. Su manera de hacer ruido y escandalo les es útil, puesto que mantiene a los burgueses temerosos. Se trata de “jefes de pueblo” temidos, que se presentan como republicanos, demócratas o revolucionarios. La autora los describe como “charlatanes” que hablan en cafés y teatros, que se encuentran principalmente en la ciudades más “partidistas”, que se muestran cómo los próximos a tener el poder político pero que en verdad no hacen nada útil y reciben beneficios. Para ella son “fanfarrones”, “libertinos” y “vanidosos”. También los denomina burgueses que intimidan a los obreros, que no los alientan a instruirse y que solo conciben un plan de revuelta desastrosa para Francia: con la excusa de cambiar el gobierno y liberar ciudades como París y Lyon, romperán la unidad del país, establecerán una guerra civil y se repartirán el poder entre ellos, a expensas del pueblo. En general, estos hombres se presentan bastantes reactivos a la propuesta de Tristán.
11. En la primera mitad del siglo XIX el concepto “partido político” no refiere a lo que hoy entendemos como tal: no se trata de organizaciones cerradas, jerarquizadas, con un programa claro. En el momento que escribe la autora se trata más bien de “partidarios” de una determinada idea; de un conjunto no muy definido de personas que tienen llegada a la opinión pública o a la prensa (Díaz, 2020, p. 87).