Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 28
marzo 2026 - agosto 2026
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

De Pulacayo a Tiahuanacu: programas y debates en torno a la politización de las masas durante el siglo XX boliviano


Patricio Grande

Universidad Nacional de Luján - Luján, Argentina
patriciogrande@yahoo.com.ar
ORCID: 0000-0003-1966-6745

Resumen: Este artículo se propone analizar, desde una perspectiva comparada, cuatro documentos políticos fundamentales para la historia boliviana del siglo XX. Se trata de la Tesis de Pulacayo, la Tesis de Ayopaya, el Manifiesto del Partido Indio de Bolivia y el Manifiesto de Tiahuanacu. Estos textos programáticos, y las corrientes que los impulsaron, bregaron por erigirse en plataformas políticas hacia las masas obreras, campesinas e indígenas. Desde el campo de la historia política, el trabajo recupera y analiza distintas interpretaciones en torno a preguntas muy complejas ¿Es posible la revolución en Bolivia? ¿Qué tipo de revolución? ¿Quién es el sujeto revolucionario?

Palabras clave: Bolivia – Programas – Revolución – Identidades políticas

Título: From Pulacayo to Tiahuanacu: Programs and Debates on the Politicization of the Masses in the History of Bolivia in 20th Century

Abstract: This article aims to analyze, from a comparative perspective, four fundamental political documents in the history of Bolivia in the 20 th century. These are the “Tesis de Pulacayo”, the “Tesis de Ayopaya”, the “Manifesto del Partido Indio de Bolivia” and the “Manifiesto de Tiahuanacu”. These programmatic texts, along with the movements that promoted them, sought to establish themselves as political platforms for the working class, peasant, and indigenous masses. From the field of political history, this study revisits and analyzes various interpretations surrounding highly complex questions: Is revolution possible in Bolivia? What kind of revolution? Who is the revolutionary subject?

Keywords: Bolivia – Programs – Revolution – Political Identities

Recepción: 28 de septiembre de 2024. Aceptación: 14 de abril de 2025.

* * *

Bolivia es un país que durante el siglo XX atravesó distintas coyunturas históricas con intensos conflictos sociales y políticos enraizados en complejos procesos socio-económicos, guerras internacionales, revoluciones sociales y contrarrevoluciones, golpes de Estado, rebeliones, insurrecciones obreras, campesinas e indígenas y diversas reconfiguraciones políticas. Es decir, se trata de una formación estatal, con sus correspondientes cambios históricos a lo largo del tiempo, signada por una “institucionalidad burguesa” relativamente frágil.

Asimismo, a lo largo de ese siglo pueden observarse en este país una serie de importantes reconfiguraciones ideológicas y culturales que implicaron el surgimiento de diversas y enfrentadas vertientes contestatarias al interior de las clases subalternas: el anarquismo, el marxismo y sus distintas corrientes, el nacionalismo, el indigenismo, el indianismo y el katarismo. Esta riquísima complejidad supone un enorme desafío para historiadores e investigadores sociales: se trata de intentar comprender y explicar, siguiendo las palabras del investigador Jean-Pierre Lavaud (1998), el denominado “embrollo boliviano”. Sobre la base de este conjunto de elementos, y desde el campo de la historia política, el artículo se propone realizar una contribución a los estudios históricos sobre el siglo XX boliviano.

Entonces, el objetivo de este trabajo es recuperar y analizar desde una perspectiva comparada cuatro documentos políticos fundamentales para la historia boliviana del siglo XX, específicamente entre los años 1946 y 1985:1 la Tesis de Pulacayo (1946), el Manifiesto a los campesinos de Ayopaya (1946), el Manifiesto del Partido Indio de Bolivia (1969) y el Manifiesto de Tiahuanacu (1973).

Cabe aclarar que el propósito de este artículo no es realizar un análisis exhaustivo de cada documento, para lo cual el lector interesado podrá revisar una vasta literatura académica y política, sino recuperar a partir estos textos –y de sus interrelaciones– la existencia de la muy rica y diversa cultura política de oposición a los regímenes sociales dominantes en este largo y apasionante proceso histórico.

El trabajo se centra en examinar y analizar diversos ejes relevantes: la coyuntura histórica en la que se produjo cada obra, las fuerzas políticas e ideológicas intervinientes en su elaboración y difusión, las caracterizaciones y debates-polémicas sobre qué es Bolivia, sus principales contradicciones sociales y étnico-raciales, el tipo de sujeto social que se pretende interpelar o “ganar” políticamente y, por último, las propuestas de acciones programáticas que se presentan para la intervención política y la transformación social de la realidad nacional.

Estos documentos interpelan al lector a partir de colocar en su centro respuestas categóricas a interrogantes nodales y de extrema complejidad, tales como: ¿Es posible la revolución en un país como Bolivia? ¿Qué tipo de revolución es posible? ¿Quién es el sujeto revolucionario?

Los cuatro textos tuvieron como suelo común la afanosa búsqueda por transformarse en una orientación para la dirección política de amplios grupos o capas subalternas de la sociedad boliviana: la clase obrera, sectores medios urbanos empobrecidos, el campesinado, y las mayorías indígenas del campo y las ciudades, entre otros. Entonces, la principal hipótesis del artículo es que estas plataformas fueron la expresión de corrientes políticas alternativas con posiciones y visiones ideológicas divergentes o contrapuestas entre sí. Divergencias en torno al pasado, el presente y el futuro de Bolivia.2

Como estructura organizativa del artículo se estableció una segmentación en dos grandes bloques de análisis. El primero de estos bloques está conformado por los documentos de Pulacayo y Ayopaya, mientras que al segundo lo integran los manifiestos del Partido Indio y de Tiahuanacu.

Bloque I: Tesis de Pulacayo y Tesis de Ayopaya

I.1. La coyuntura histórica de elaboración de ambos documentos: clasismo y nacionalismo

Ambos documentos aparecieron en el año 1946. Es decir, al inicio del período histórico conocido como “sexenio rosquero” de 1946 a 1952. Los acontecimientos políticos que marcan el inicio y el fin de esta etapa de la historia boliviana son la caída del presidente militar Gualberto Villarroel en julio de 19463 y la revolución social triunfante en abril de 1952.4 A su vez, el “sexenio” forma parte de un período más amplio que va desde el final de la Guerra del Chaco en 1935 hasta la liquidación del Estado oligárquico en abril de 1952.

En este convulsionado período, a pesar de las políticas de violencia estatal desplegadas por la “rosca”5 para mantener el poder (masacres obreras, golpes, persecuciones a dirigentes trotskistas y otros grupos opositores, proscripciones, etc.), el descontento, la convulsión social y la lucha de clases fue en ascenso. Así, la movilización de los trabajadores mineros, fabriles, campesinos y sectores medios urbanos fue la característica central de esta etapa, fundamentalmente desde mediados de los años 40.

Como gran telón de fondo de todo este proceso histórico entre 1946 y 1985, resulta interesante recuperar aquí el aporte historiográfico de Juan Luis Hernández (2018, p. 51): su tesis central es que

a diferencia de lo sucedido en otros países latinoamericanos, donde la construcción de hegemonía al interior del movimiento obrero por parte de una tendencia política (el nacionalismo en México o la izquierda en Chile) excluyó o dificultó en extremo la intervención de otras tradiciones ideológicas, en Bolivia se produjo una alternancia en el predominio de la izquierda y el nacionalismo durante el período 1946 a 1986.

I.2. Tesis de Pulacayo

Dentro del “sexenio”, un lugar destacado merece la famosa Tesis de Pulacayo.6 Este documento programático, presentado por la delegación de Llallagua, fue aprobado en el Congreso Extraordinario de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) que se realizó el 8 noviembre de 1946, en la localidad minera de Pulacayo, en medio de una difícil coyuntura política que atravesaba la clase trabajadora a pocos meses de la caída de Villarroel.7

La redacción original del documento sindical estuvo a cargo del joven militante trotskista Guillermo Lora Escobar, del Partido Obrero Revolucionario (POR).8 Un hecho político que muestra la creciente inserción del trotskismo en el sector más avanzado del proletariado boliviano (Grande, 2022).9

Este documento cuenta con once secciones o capítulos: I. Fundamentos; II. El tipo de revolución que debe realizarse; III. Lucha contra el colaboracionismo clasista; IV. La lucha contra el imperialismo; V. Lucha contra el fascismo; VI. La FSTMB y la situación actual; VII. Reivindicaciones transitorias; VIII. Acción directa de masas y lucha parlamentaria; IX. A la consigna burguesa de unidad nacional, opongamos el frente único proletario; X. central obrera; y XI. Pactos y compromisos.

De modo global, el texto sigue la tesis y los planteos de La revolución permanente (1930) de León Trotsky y del Programa de Transición de la IV Internacional (1938).10 Entre sus principales consignas se colocaron las siguientes: “¡Forjemos el Frente Único Proletario!”, “¡Guerra a muerte al colaboracionismo clasista!”, “¡Muera el imperialismo y la feudal burguesía!”, “¡Viva la revolución proletaria!”. Sin lugar a dudas, se trata de consignas que contienen una perspectiva de tipo clasista e impulsan la acción directa de los trabajadores para la conquista del poder y, a su vez, rechazan los llamados “frentes populares” en tanto representación de la colaboración de clases (Rubio, 2022).

En distintos pasajes del texto se sostiene que las tareas democráticas y antiimperialistas serán llevadas a cabo por la clase obrera y no por sectores “progresistas” de la burguesía, como una “fase” de la revolución social dirigida por el proletariado. Para ejemplificar y capturar la riqueza que se plantea sobre esta nodal cuestión, se colocan a continuación dos breves fragmentos del documento original:

El proletariado, aún en Bolivia, constituye la clase social revolucionaria por excelencia. Los trabajadores de las minas, el sector más avanzado y combativo del proletariado nacional, definen el sentido de lucha de la FSTMB. (I.1. Fundamentos, p. 49)

El proletariado de los países atrasados está obligado a combinar la lucha por las tareas demo-burguesas con la lucha por las reivindicaciones socialistas. Ambas etapas –la democrática y la socialista– no están separadas en la lucha por etapas históricas sino que surgen inmediatamente la una de la otra. (I.6. Fundamentos, p. 50)

En esa línea argumental, el documento plantea que el proletariado boliviano “se caracteriza por tener la suficiente fuerza para realizar sus propios objetivos e incluso los ajenos”. Mientras que el peso específico para su intervención en la vida política “está determinado por el lugar que ocupa en el proceso de la producción y no por su escaso número. El eje económico de la vida nacional será también el eje político de la futura revolución” (I.7. Fundamentos, p. 51).

Si bien claramente es el proletariado la clase social que debe llevar adelante ese conjunto de tareas políticas, el texto se encarga de explicar que la futura revolución proletaria debe incluir a otras capas explotadas del país en una “alianza revolucionaria del proletariado con los campesinos, los artesanos y otros sectores de la pequeña-burguesía” (II.1. El tipo de revolución que debe realizarse, p. 51). En este sentido, se plantea como una cuestión estratégica la colaboración revolucionaria del proletariado minero con las comunidades indígenas en la lucha del campesinado contra el latifundio.

Como cuestión central, el documento proclama la independencia del movimiento obrero del Estado y de los partidos burgueses, coloca a la clase obrera como el sujeto histórico de la futura revolución, denuncia el colaboracionismo reformista o de clases y postula la revolución social como vía para la transformación. No obstante, se afirma que en Bolivia no existen “condiciones objetivas” para una inmediata revolución socialista.

Además, se plantean un conjunto de reivindicaciones de carácter transicional para los mineros: salario básico, 40 horas semanales de labor, convenios colectivos de trabajo, ocupación de las minas, control obrero de la producción, apertura de los libros contables de las empresa, etcétera.

Como ejemplo de una de las tantas polémicas que abrió este documento,11 el historiador Pierre Broué plantea que si bien

la Tesis de Pulacayo formuló tareas cuya realización planteaba el problema del poder, no abordó jamás la cuestión de la preparación de la toma del poder. Si bien las masas bolivianas se preparaban para el combate decisivo, su dirección no estaba preparada para la amplitud de las luchas que se avecinaban. (1954, p. 14)

El propio Lora, años después, responderá a este tipo críticas sosteniendo que

se ha olvidado con mucha frecuencia que la Tesis de Pulacayo, pese a todo su radicalismo y a su ortodoxia marxista, es un documento sindical, con las limitaciones inherentes a las organizaciones gremiales. (1983, p. 172).12

Las repercusiones y reacciones en torno a la Tesis de Pulacayo fueron importantes, despertando “la furia de la oligarquía” (Sándor John, 2016, p. 130). Como uno de sus efectos prácticos más inmediatos, en 1947 se conformó el Frente Único Proletario para competir en las elecciones generales de aquel año (Grande, 2022).

Bajo la tesis de llevar un bloque obrero al parlamento y convertir a este en tribuna revolucionaria, la FSTMB y el POR presentaron una lista de candidatos parlamentarios integrada en su totalidad por sindicalistas mineros (algunos pertenecientes al Movimiento Nacionalista Revolucionario) y dirigentes poristas. El Frente Proletario conquistó una considerable cantidad de bancas y conformó el Bloque Minero Parlamentario (BMP), compuesto por dos senadores y ocho diputados.

Si bien la experiencia del BMP fue corta, los parlamentarios obreros desarrollaron su actividad articulando la agitación política callejera con la labor legislativa. Así, entre 1947 y 1949 el POR había logrado dirigir importantes conflictos obreros. Finalmente, en 1949 el BMP fue expulsado del parlamento e ilegalizado en medio de una escalada represiva de la “rosca”, con importantes masacres en las minas. Lora fue obligado a exiliarse junto a otros dirigentes.

No obstante, la Tesis de Pulacayo, con su explícito radicalismo de clase, logró trascender en el tiempo, “constituyéndose en el sustento ideológico de la identidad minera”, y marcar el trazo grueso de la orientación política del movimiento obrero boliviano hasta el año 1985 (Sándor John, 2016, p. 19). Como sostuvo Pablo Pozzi, todas las acciones futuras de los mineros, y en buena medida del conjunto del movimiento obrero, “se analizarían desde el punto de vista de estas tesis” (2004, p. 64).

I.3. Tesis de Ayopaya

También en 1946, el dirigente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)13 Walter Guevara Arze publicó un documento conocido como Tesis de Ayopaya.14 Este folleto, que apareció publicado poco tiempo antes del derrocamiento de Villarroel, se compone de tres partes o capítulos centrales: “Justificación”, “Necesidad de una concepción teórica para la interpretación de los problemas nacionales” y “Nazifascismo, socialismo, democracia, nacionalismo”. El documento, que cronológicamente apareció antes que la Tesis de Pulacayo, era en sus orígenes un texto escrito como parte de una campaña electoral en el departamento de Cochabamba. Una de sus preocupaciones fundamentales era esclarecer la diferenciación del nacionalismo, y la Revolución Nacional postulada por el MNR, con el nazi-fascismo europeo. Por entonces, los opositores al MNR endilgaban a este partido simpatía con el fascismo, de ahí el énfasis en este tópico.

El texto, según su autor, “fue prácticamente la Declaración de Principios del MNR […] y la guía estratégica y táctica del partido antes de la Revolución de abril […] [Se trató con el correr del tiempo] de una respuesta indirecta a la Tesis de Pulacayo” (Guevara Arze, 1988, p. 71). En líneas generales, el escrito apunta a dotar de una orientación estratégica a la revolución nacional propuesta por el MNR (Hernández y Salcito, 2007). Sin embargo, las divergencias internas en el MNR hicieron que su divulgación en lo inmediato fuera bastante limitada.

El documento planteaba la imposibilidad o inviabilidad de la revolución socialista y la dictadura del proletariado en Bolivia. En su reemplazo proponía “la Revolución Nacional, que no niega la lucha de clases pero no se funda en ella”. El manifiesto sostiene que, a diferencia de los postulados de Pulacayo, en Bolivia no existe un proletariado revolucionario que sea capaz de asumir la tarea de instaurar una dictadura de clase. Así, el texto se pregunta sobre si es viable la dictadura del proletariado en este país y si existe un proletariado capaz de asumir esa tarea. Su respuesta es:

Ni lo uno ni lo otro. […] Lo cierto es que no se cumple en Bolivia la condición que crea la conciencia de clase y la capacidad revolucionaria del proletariado […]. ¿Si no podemos hacer la revolución socialista, qué podemos hacer? Podemos hacer la Revolución Nacional. (“Nazifascismo, socialismo, democracia, nacionalismo”; punto Socialismo, pp. 223-226)

Por eso, según este documento, el sujeto social para la transformación no es el proletariado boliviano sino el “pueblo” que se imbrica en una “alianza de clases” integrada por la incipiente burguesía nacional, las capas medias urbanas, los artesanos, los obreros y los campesinos. Esta alianza social supone llevar una “lucha común” contra los “males de una economía semi-colonial que alcanza a todos”:

se trata de una interpretación nacionalista de nuestros problemas. […] se trata del nacionalismo propio de los países de economía atrasada, de colonias y semi-colonias. Se origina en la explotación imperialista. Pretende modificar condiciones económicas y políticas que afectan a toda la Nación, sin negar que dentro de ella subsistan las divergencias de clase. Es radicalmente diferente en sus orígenes y en su desarrollo del nacionalismo nazifascista. (“Nazifascismo, socialismo, democracia, nacionalismo”; punto Nacionalismo, p. 233)

En la parte final del texto, Guevara plantea que se deben cambiar las condiciones de explotación de la minería en Bolivia y nacionalizar los ferrocarriles. Pero que al tratarse de problemas que afectan al país o a la nación como un todo, y no exclusivamente a la clase obrera, solo una Revolución Nacional puede lograrlo.

Así, este documento propuso un explícito debate político con el sindicalismo minero revolucionario de orientación cuartainternacionalista. La revolución posible para el nacionalismo es de naturaleza policlasista y, lógicamente, de carácter nacionalista.

En contraste con la Tesis de Pucalayo, donde se menciona explícitamente la necesidad de profundizar la lucha del campesinado indio contra el latifundio, en el documento de Ayopaya sobre el problema de la tierra solo aparecen algunas menciones muy generales, sin presentarse una propuesta programática como solución al conflicto:

Los propietarios de grandes extensiones de tierra y miles de indios no conciben cómo sus colonos pudieran tener iguales oportunidades y derechos que ellos. A esto hay que añadir el factor racial que yace como un fondo de desprecio al indio en la mentalidad blancoide y mestiza de ciudadanos y pueblerinos. (“Nazifascismo, socialismo, democracia, nacionalismo”, p. 229)

La cuestión de modificación al régimen de gran propiedad agraria, el problema del férreo poder ejercido por los terratenientes locales15 sobre las comunidades indígenas y la dotación de tierras a colonos y campesinos pobres, como respuestas a estas problemáticas, no aparecen en este horizonte programático propuesto por Guevara Arze. No se trata de una omisión menor, ya que luego del triunfo de las masas en la revolución de abril de 1952, la Reforma Agraria (sancionada en agosto de 1953) será una de las grandes fuentes de legitimación para el nuevo régimen liderado por el MNR.

Desde una perspectiva global se puede señalar que este escrito se orientó, a partir de establecer una fuerte y explícita delimitación con las corrientes marxistas que influenciaban políticamente al movimiento obrero, a otorgarle un corpus ideológico, teórico y político a los militantes del MNR.

Bloque II: Manifiesto del Partido Indio de Bolivia y Manifiesto de Tiahuanacu

II.1. La emergencia de nuevas corrientes políticas: indianismo y katarismo

Como plantea Pablo Stefanoni, las corrientes políticas indianistas y kataristas surgieron a comienzos de la década de 1970 “como un claro caso de frustración relativa16 y de rechazo a la subordinación de los sindicatos agrarios al Pacto Militar Campesino” (2010, p. 99).17 Su construcción discursiva se sustenta en una revisión de la historia boliviana y expone las promesas de ciudadanización (acceso a derechos económicos, sociales y políticos) incumplidas por parte de las variantes nacionalistas que gobernaron el país luego de la revolución de 1952. El propósito cardinal de estas corrientes emergentes fue la reivindicación del indio como sujeto histórico.18

II.2. Manifiesto del Partido Indio de Bolivia

El documento titulado Manifiesto del Partido Indio de Bolivia (PIB), fue escrito en agosto de 1969 y se publicó en enero de 1970.19 Es decir, en una coyuntura de ascenso y radicalización política de la izquierda y las masas en este país. Se trata de un corto e intenso período que va desde la muerte del dictador René Barrientos Ortuño (abril de 1969) hasta la derrota de la Asamblea Popular20 y el golpe de Estado dirigido por Hugo Banzer Suárez en agosto de 1971 (con el apoyo del MNR y la Falange Socialista). Su autor es Fausto Reinaga, intelectual y fundador del PIB.

Este extenso documento cuenta con una Introducción, Prefacio y seis secciones o capítulos principales: Preamérica; Epopeya india; Reforma agraria; Es nuestra patria; Poder o muerte; y Revolución india.

Bajo las consignas centrales de “¡Indios de Bolivia, Uníos!”, “¡La Revolución es el Poder!”, “¡Poder o Muerte!”, el manifiesto expone un vocabulario político radical o directamente de “guerra” contra la “raza blanca” y la “civilización occidental”:

Habla en guerra la América India a través de la guerra total que declara el Partido Indio de Bolivia. Porque ninguna raza más autorizada en América y el Mundo que la raza india para reiniciar la guerra santa contra todo lo que es y significa la raza blanca. […] No es esta entonces una guerra simple, una guerra solo para matar blancos, no; esta es una guerra sin piedad, sin tregua, sin descanso contra todo lo que significa su religión, su cultura, su economía, su moral, su vida, todo. (Introducción, pp. 379-380)

A la discriminación racial del blanco responderemos con nuestro odio racial de cuatro siglos; a la opresión clasista del capital, responderemos como clase explotada; y a la segregación cultural responderemos enarbolando muy alto nuestra maravillosa cultura milenaria. (Prefacio, p. 391)

La ideología política que impulsa y profesa es el indianismo, que se opone al nacionalismo y al comunismo (y a todas sus formaciones o partidos políticos). Así, el indianismo se presenta como el instrumento ideológico y político para la realización de la “Revolución India”. Como una tercera fuerza que “irrumpe abruptamente” en el escenario político de Bolivia.

En sus primeros capítulos el texto propone una suerte de reinterpretación del pasado, delimitándose de las visiones liberales, nacionalistas y marxistas de la historia boliviana. En esa línea, se coloca al indio en el centro de la narrativa histórica y como el sujeto de la historia. Se realiza una exaltación favorable del “pueblo de los Inkas”, de su ciencia y técnica, del “hombre del Tawantinsuyu”, de su dignidad y moral, de su religión, del Estado y la “Nación inka”. A continuación, se ensaya una caracterización del “indio” durante los períodos colonial y republicano, bajo la idea de una verdadera “Epopeya India” en su permanente resistencia al dominio blanco-mestizo. Particularmente, se define a la reforma agraria de 1953 como “conquista india”, pero deformada:

Al liquidar el latifundio gamonal, queríamos la restauración de la comunidad inka; vale decir, la colectivización de la tierra. Hemos sido defraudados. El cholaje blanco-mestizo, en vez de colectivizar, ha minifundizado la tierra. […] El MNR, en vez de socializar, atomizó la tierra. Al indio contra toda su tradición ancestral y su historia socialista lo convirtió en individualista. Le hizo dudoso propietario de su sayaña; de su minifundio. (Reforma Agraria, pp. 423-424)

Una de las tesis más importantes, y trascendentales, de la obra es la caracterización acerca que en Bolivia “hay [en realidad] dos Bolivias o dos sociedades”. ¿Cuáles son esas dos sociedades en abierta contradicción o antagonismo? De un lado, dice el autor, la minoritaria y opresora del “cholo blanco” que constituye el 5% de la población; y, del otro lado, la del indio mayoritaria y oprimida que representa el 95% de los habitantes del país. Sobre esta base, la Bolivia dominada por el “cholaje blanco-mestizo” es una colonia de los Estados Unidos incapaz de liberarse por sí misma del imperialismo. En contraposición, “el indio es un pueblo. El indio es una raza y una cultura. El indio es una Nación” (Es nuestra patria, p. 433).

Otras dos cuestiones centrales que aparecen en el documento: en primer lugar, la construcción de un sujeto social para la transformación radical de la sociedad y, en segundo lugar, el tipo de revolución que se promueve. En distintos pasajes el autor enfatiza que no es un manifiesto de clase social. “Es un Manifiesto de una raza, de un pueblo, de una Nación; de una cultura oprimida y silenciada. […] plantea la Revolución India contra la «civilización» occidental”. Es decir, que se aparta por completo de una concepción marxista de las revoluciones, colocando en este caso el problema de opresión étnica-nacional (la “nación india” o el “pueblo indio”) como contradicción principal, por sobre la explotación de una clase social sobre otra. Así, son los 4 millones de indios de Bolivia quienes, organizados en el PIB, deben hacer su propia Revolución de liberación del Kollasuyu y del Tawantinsuyu en el siglo XX frente “al cholaje blanco-mestizo nacionalista y comunista”.

Por tanto, se presenta y pretende realizar un tipo específico de revolución: “Nuestra Revolución es nuestra Revolución: ¡Una Revolución india!”. Se plantea que los indios deben organizar su propio régimen socialista; “pero no con el socialismo o el comunismo importado […] Gobierno y pueblo organizarán una República Socialista India”. Allí, la clase obrera es “la vanguardia india de la liberación de la Nación india” (Revolución india, p. 445). Como fue señalado anteriormente, para alcanzar esta revolución el instrumento ideológico y político es el indianismo: “¡El indianismo es el espíritu y puño ejecutor de la Revolución India!” (Prefacio, p. 387). Se trata de una consigna central cuyo objetivo es, tal como se expuso anteriormente, delimitarse políticamente de las corrientes nacionalistas y marxistas.

II.3. [Primer] Manifiesto de Tiahuanacu

Este documento está fechado el 30 de julio de 1973.21 A diferencia de los tres textos analizados anteriormente, su autoría o redacción no es individual (y en representación de una única organización o partido) sino que está firmado por cinco organizaciones de base: la Unión Puma de Defensa Aymara, el Centro de Coordinación y Promoción Campesina MINK’A, el Centro Campesino Tupac Catari, la Asociación de Estudiantes Campesinos de Bolivia y la Asociación Nacional de Profesores Campesinos. El investigador boliviano Javier Hurtado asevera que este primer documento público del movimiento “es producto de la relación entre el sindicalismo anti-oficialista y sectores progresistas de las iglesias” (1986, p. 58).

En esa fecha, el texto fue presentado ante una masiva concentración de campesinos aimaras y quechuas reunida en el centro arqueológico de Tiwanaku, un sitio simbólico para las corrientes indianistas, que representa la cuna cultural y el centro político-religioso del mundo andino. También fue difundida una versión en aimara y otra en quechua. Como sostiene la investigadora Silvia Rivera Cusicanqui, este manifiesto constituyó “la síntesis más lograda hasta ese momento de las múltiples corrientes reivindicativas que conformaban el katarismo” (2003, p. 154).

Fue elaborado en los primeros años de la dictadura de Banzer Suárez (1971-1978). Una coyuntura política de cercenamiento de las libertades democráticas, con una fuerte persecución y represión a dirigentes y militantes de organizaciones populares. Es decir, un momento de retroceso y de carácter defensivo para el combativo movimiento obrero y la izquierda revolucionaria.22

Como señala el politólogo Hervé Do Alto, el texto incluye por primera vez la “lucha por la democracia” en el horizonte estratégico del movimiento campesino (2007, p. 31). Entonces, su publicación y difusión ocurrida en este tiempo político e histórico completamente hostil para el desenvolvimiento de cualquier tipo de iniciativa emancipadora o reivindicativa de las clases subalternas le otorga un carácter especialmente relevante al Manifiesto.23

Pese a estas condiciones adversas, el texto logró tener una gran repercusión a nivel nacional e internacional. En Bolivia fue divulgado por diversas organizaciones dedicadas a la “promoción” campesina, y en el exterior por organizaciones como el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas –IWGIA, por sus siglas en inglés– (Hurtado, 1986). Por ejemplo, al interior del katarismo sirvió para la formación política de cuadros sindicales durante la dictadura de Banzer.24

Según el autor Ticona Alejo, “es innegable la profunda influencia de las tesis de Reinaga en el documento de Tiwanaku de 1973, […] es la interpelación histórica de los pueblos aymaras y quechuas a la continuidad colonial del Estado y la sociedad boliviana” (2014), si bien, a diferencia de Reinaga, no presenta un vocabulario de “guerra” y proclama la unidad de acción entre el campesinado, la clase obrera y los sectores medios empobrecidos.

Esta plataforma política marcará un hito histórico y el inicio de un momento de ascenso para las diversas organizaciones, partidos y movimientos kataristas,25 quienes con sus vaivenes serán actores sociales y políticos claves en la historia boliviana desde finales de la década de 1970 hasta la actualidad.

El documento está conformado por siete partes: Introducción; Nuestra cultura como primer valor; Nuestra historia nos habla; Economía; Los partidos políticos y el campesinado; El sindicalismo campesino; y La educación en el campo.

La declaración está dirigida centralmente a los campesinos quechuas y aimaras, en tanto “culturas autóctonas” o pueblos económicamente explotados y políticamente oprimidos del país. También se denuncia la opresión cultural e ideológica sobre las masas indígenas y ensaya una crítica al proyecto de ciudadanía y de mestizaje promovido por el nacionalismo revolucionario en la década de 1950. Además, aparece como otro aspecto importante una delimitación con la izquierda tradicional y sus partidos.

En sus primeros párrafos coloca en el centro de la crítica el problema de la “frustración nacional” y la continuidad colonial del Estado y la sociedad boliviana:

Las culturas quechua y aymara han sufrido siempre un intento sistemático de destrucción. Los políticos de las minorías dominantes han querido crear un desarrollo basado únicamente en la imitación servil del desarrollo de otros países, cuando nuestro acervo cultural es totalmente distinto. […] No se han respetado nuestras virtudes ni nuestra visión propia del mundo y de la vida. La educación escolar, la política partidista, la promoción técnica no han logrado que en el campo haya ningún cambio significativo. (Nuestra cultura como primer valor, pp. 237-238)

El texto también expone una crítica a la reforma agraria iniciada en 1953, por concebirla como continuidad de un régimen jurídico y económico de propiedad individual o privada de la tierra:

La propiedad privada, el sectarismo político, el individualismo, la diferenciación de clases, las luchas internas nos vinieron con la Colonia y se acentuaron con los Regímenes Republicanos. La Reforma agraria está concebida también dentro de ese esquema. (Nuestra cultura como primer valor, p. 238)

Al igual que el Manifiesto del PIB, esta plataforma presenta una (re)interpretación histórica sobre el pasado colonial y de los siglos XIX y XX:

La república no es para el indio más que una nueva expresión de la política de los dominadores. […] Los políticos de viejo cuño se acercan al campesino no para servirle sino para servirse de él. Algunos malos campesinos, traicionando a nuestra historia y a nuestro pueblo han logrado meter estas prácticas de politiquerismo corrupto en nuestro sindicalismo campesino. (Nuestra historia nos habla, pp. 239-240)

También se coloca en el discurso una delimitación de la izquierda partidaria. Una crítica que apunta a cuestionar, según la visión de los autores, el carácter pasivo y subordinado otorgado por estas formaciones políticas al campesinado: “Tampoco creemos en la prédica de aquellos partidos que, diciéndose de izquierda no llegan a admitir al campesinado como gestor de su propio destino” (Nuestra historia nos habla p. 240).

Con esa orientación, se desarrolla una crítica directa a los partidos políticos tradicionales y al sindicalismo campesino:

Ni el actual MNR, ni el Barrientismo, ni los partidos tradicionales de izquierda son partidos campesinos. Si el campesinado ha votado por ellos es porque no había otra opción para votar. […] El campesinado ha sido una fuerza pasiva porque siempre se quiso que fuera algo totalmente pasivo. […] Solamente será dinámico cuando se lo deje actuar como una fuerza autónoma y autóctona […]. (Los partidos políticos y el campesinado, p. 242)

Como solución o alternativa a este problema se plantea la estratégica necesidad de poner en pie “una organización política para que sea instrumento de liberación de los campesinos [y] tendrá que ser creada, dirigida y sustentada por nosotros mismos. Nuestras organizaciones políticas deberán responder a nuestros valores y a nuestros propios intereses” (Nuestra historia nos habla, p. 240).

En la parte final del documento se convoca a la unidad (para la lucha y la liberación) con la clase obrera y con los sectores medios empobrecidos. La unidad es convocada bajo la amplia consigna de “son hermanos nuestros”. Asimismo, con la finalidad de lograr el “gran ideal de liberación” del pueblo aimara y quechua, se solicita explícitamente colaboración a la Iglesia Católica y otras “Iglesias Evangélicas”.

Líneas conclusivas

El propósito de este trabajo fue analizar, comparar y colocar en tensión cuatro documentos políticos fundamentales para la historia boliviana de la segunda mitad del siglo XX. Como pudo corroborarse en las páginas precedentes, estos programas expresan las posiciones de diversas corrientes con visiones políticas e identitarias contrapuestas en relación a sus perspectivas sobre el pasado y de su propio tiempo histórico.

De conjunto, se trata de textos clave cuyos análisis sirven para ampliar la comprensión histórica en torno a la construcción de identidades políticas y a la organización y politización de las masas obreras, campesinas e indígenas de Bolivia, con sus adaptaciones al Estado, sus luchas autónomas contra el poder y la opresión estatal (expresada en términos colonialistas, capitalistas y/o imperialistas), sus resistencias, conquistas sociales, etc.

Si bien existen diversos análisis y producciones académicas sobre cada uno de estos documentos políticos, algunas de las cuales fueron recuperadas aquí, lo novedoso de este trabajo fue colocarlos bajo una perspectiva comparada capaz de instalar posibles vasos comunicantes y polémicas. Así, la recuperación de estos documentos permitió observar la coexistencia de distintos ensayos o intentos por construir y desarrollar (al tiempo que proyectan su ejecución) herramientas políticas de transformación y liberación social, ya sea en clave nacional, de clase y/o étnica; o bien, en una clave o forma combinada. No obstante, en esas formas combinadas emergen profundas divergencias que radican en caracterizaciones y valoraciones disímiles sobre la nación, la clase social revolucionaria y el peso político que se le adjudica a la “cuestión étnica” en la formación estatal boliviana.

Este trabajo reconstruyó las coyunturas históricas específicas en las que tuvieron lugar estos debates y las condiciones políticas en las cuales aparecieron los distintos programas analizados. Quedó demostrado que estos textos no se produjeron en un vacío social; contrariamente, cada uno de ellos fue la expresión de un tiempo social y político concreto: ya sea bajo el ascenso de las masas y radicalización de la lucha de clases, en tiempos de represión estatal y suspensión de las libertades democráticas, de auge de las ideas nacionalistas o de crisis de las políticas nacionalistas.

Además, y como un elemento subyacente, los cuatro documentos permiten observar la existencia y difusión de una muy rica cultura política de oposición a los regímenes sociales imperantes y, también, de una búsqueda por superar la realidad social imperante en esa Bolivia del siglo XX.

En líneas generales, y como otro rasgo común, estos programas fueron concebidos como un instrumento para lograr, mediante la politización de las masas, algún tipo particular de emancipación social y se colocaron a prueba en el corto y mediano plazo. Sin embargo, y como un aspecto principal de su riqueza analítica, no estuvieron exentos de grandes debates, tensiones, enfrentamientos, antagonismos y polémicas muy fuertes entre sí. Todas estas cuestiones afloraron en un marco de disputa por alcanzar la dirección política de las clases subalternas. En última instancia, estos documentos corporizan o materializan la existencia de alternativas ideológicas y políticas manifiestamente visibles.

En este sentido, desde distintas perspectivas teóricas, autores contemporáneos como Sándor John sostienen que durante el siglo XX “Bolivia fue un laboratorio de ideologías enfrentadas” donde coexistieron una amplia gama de corrientes políticas que debieron definirse y redefinirse (2016, p. 15). Lo propio hace García Linera en su trabajo titulado Indianismo y marxismo. El desencuentro de dos razones revolucionarias (2008), donde coloca en superficie el fuerte combate ideológico entre las corrientes marxistas, nacionalistas e indianistas. Se trata de aspectos y miradas muy relevantes para la construcción del campo historiográfico, tema que podría desarrollarse y profundizarse en futuras líneas investigativas.

La Tesis sindical de Pulacayo, como máxima expresión política radical y de la alta politización de la clase obrera boliviana se constituyó por décadas en la piedra basal y la marca identitaria local e internacional para el combativo sindicalismo minero boliviano. Allí, aun siendo Bolivia un país “capitalista atrasado”, el proletariado fue caracterizado como la clase y el sujeto social revolucionario.

En contraposición, el documento de Ayopaya (como la “antítesis de Pulacayo”), argumenta sobre la imposibilidad de la revolución socialista y la instauración de un Estado obrero y campesino en Bolivia. Como alternativa o variante postula la “Revolución Nacional”. Con esa orientación, el sujeto para la transformación social no es el proletariado de los socavones, sino el “pueblo” boliviano. Un sujeto social de naturaleza policlasista conformado por la incipiente burguesía nacional, las capas medias urbanas, los artesanos, los obreros y los campesinos. Este fue, a grandes rasgos, el sustento teórico y la base ideológica sobre la que se edificó el Estado nacionalista de 1952, dirigido por el MNR.

El Manifiesto del Partido Indio de Bolivia, más allá de sus escasos efectos prácticos en lo inmediato, también logró trascender a su propio tiempo histórico. Funciona hasta nuestros días como orientación ideológica para sectores radicales del movimiento indianista-katarista, en abierta oposición al nacionalismo y al marxismo, procurando imbuirse y terciar en la disputa entre los dos grandes polos ideológicos del pasado siglo XX. Allí, el indio (en tanto pueblo-raza-nación) es colocado como el único sujeto político capaz de llevar adelante una revolucionaria transformación social e histórica en toda América, y particularmente en Bolivia. Dentro de este esquema, la clase obrera es colocada como el sujeto político de vanguardia para la liberación de la “nación india”.

Finalmente, el Manifiesto de Tiahuanacu contiene una reinterpretación histórica que emerge desde los pueblos aimaras y quechuas y, al mismo tiempo, ensaya una denuncia sobre la continuidad de la situación de opresión colonial en tiempos republicanos (desde 1825 hasta 1973). Además, expone un cuestionamiento a las formaciones políticas tradicionales, tanto de orientación nacionalista como marxista. Este texto programático, elaborado por varias agrupaciones, fue un hito para el despegue de las organizaciones, partidos y movimientos kataristas combativos, quienes irrumpieron fuertemente en la escena política nacional con los históricos bloqueos de caminos protagonizados por campesinos aimaras en diciembre de 1979.

El propósito general de este trabajo fue intentar ensanchar el mapa de conocimientos sobre la historia política del siglo XX boliviano. En esa senda abierta, la recuperación de estos programas permitió dar luz sobre algunos de los debates del orden político, teórico e ideológico en un proceso histórico muy complejo y para nada lineal, signado por una alta politización de las masas explotadas bolivianas. Fue justamente esta politización la que permitió o abrió el camino para su intervención en momentos decisivos de la historia boliviana de la segunda mitad del siglo XX, donde no solo se enfrentaron a la imposición de una jerarquía de clase: también debieron hacerlo a una de tipo étnica-racial.

Para finalizar, cabe expresar que este artículo buscó realizar un aporte a la recuperación de la historia de las clases subalternas y las naciones oprimidas de Bolivia, de sus organizaciones políticas y de sus luchas por lograr la emancipación social, proveniente en este caso de los valles cochabambinos, de los combativos campamentos mineros y de las comunidades campesinas e indígenas del altiplano.

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1. Desde la aprobación de la Tesis de Pulacayo, en 1946, hasta la sanción del Decreto Supremo nº 21.060 y el proceso de “relocalización” o despidos de los mineros estatales, entre 1985 y 1986.

2. Cabe colocar la siguiente distinción inicial: la Tesis de Pulacayo y el Manifiesto de Tiahuanacu son textos elaborados y aprobados por una federación sindical el primero, y por un conjunto de movimientos sociales, el segundo. La Tesis de Ayopaya y el Manifiesto del Partido Indio de Bolivia son textos partidarios. Los partidos políticos son facciones organizadas con cierto grado de homogeneidad política e ideológica, mientras los sindicatos y los movimientos sociales son organismos de frente único integrados por individuos que reúnen ciertos rasgos identitarios comunes, pero no necesariamente similar filiación política y/o ideológica.

3. En julio de 1946 un golpe de Estado dirigido por la “rosca”, con la participación del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) y otros sectores agrupados en el llamado Frente Democrático Antifascista (FDA), provocó la caída y el asesinato público del presidente Villarroel.

4. Una insurrección de masas ocurrida en el corazón político del altiplano boliviano, que constituye uno de los acontecimientos históricos más trascendentes y extraordinarios de todo el siglo XX latinoamericano. Su principal protagonista fue la clase obrera, con los combativos mineros del estaño a la cabeza (Grande, 2022).

5. Esta palabra-categoría se utilizaba para denominar a la oligarquía boliviana
–grandes empresarios mineros y terratenientes– y al cuerpo de funcionarios, políticos, magistrados, periodistas e intelectuales que la sostenían en el poder.

6. Su nombre original es Tesis Central de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia. En este artículo se trabajó con la versión original del documento publicado por los historiadores argentinos Juan Luis Hernández y Ariel Salcito (2007, pp. 49-66). Cabe señalar que, desde su aprobación hasta el presente, se publicaron diversas ediciones del texto con algunas variaciones respecto a la versión original (Sándor John, 2016, pp. 339-341).

7. Para conocer pormenores de la votación del documento en el mencionado congreso se pueden consultar las obras de Justo (2007, p. 224); Sándor John (2016, pp. 125-126), y Molina (2022, pp. 335-337).

8. La fundación del POR fue en el año 1935 en Córdoba (Argentina). Para ello confluyen dos tendencias: el Grupo Tupac Amaru de Tristán Marof y el grupo de los “derrotistas” de José Aguirre Gainsborg (Hernández, 2020). Algunos años más tarde, el POR será la sección boliviana de la Cuarta Internacional.

9. El historiador Pablo Pozzi define a este momento como el “período de liderazgo del POR entre los mineros” (2004, p. 65).

10. Como señalan Hernán Camarero y Martín Mangiantini, algunas de las concepciones básicas del trotskismo a nivel mundial “fueron la teoría-programa de la Revolución Permanente (de carácter necesariamente internacional) y el llamado Programa de Transición” (2024, p. 10).

11. En la obra Historia del movimiento obrero boliviano (1933-1952), su autor Guillermo Lora le dedica una sección especial a las diversas críticas y objeciones que se han hecho a la Tesis de Pulacayo (1997, pp. 438-459). En este sentido, Lora plantea que “la objeción más seria que se ha hecho consiste en señalar que encierra una posible desviación hacia el anarco-sindicalismo. En síntesis, los detractores sostienen que se quiere convertir una plataforma sindical en el programa de la vanguardia revolucionaria del proletariado” (p. 438).

12. A comienzos de la década de 1980, René Zavaleta Mercado –si bien reconocía la centralidad que tuvo este documento entre el proletariado minero boliviano– sostuvo que la Tesis de Pulacayo fue un programa proclamado pero no adquirido por las masas obreras: [en relación al comportamiento de la clase obrera en la revolución de 1952] “En la masa había un anhelo de pertenencia y difusión en el movimiento democrático general y no de hegemonía sobre él. Por consiguiente, la Tesis de Pulacayo era un programa que no había sido ‘adquirido’” (2009, p. 279).

13. Fundado en 1942. A partir de los siguientes años se transformará en una formación política determinante en la historia boliviana del siglo XX.

14. Su nombre original es Manifiesto a los electores de la Provincia de Ayopaya del Departamento de Cochabamba, y fue publicado inicialmente en mayo de 1946 en el periódico cochabambino Los Tiempos (Guevara Arze, 1988, p. 71). No obstante, en abril de 1946 había aparecido en el folleto llamado Teoría, medios y fines de la revolución nacional. Aquí se trabajó con la versión titulada Manifiesto a los Campesinos de Ayopaya, publicada por Guevara Arze como anexo de su obra Bases para replantear la revolución nacional (1988). Guevara Arze fue uno de los principales cuadros teóricos del MNR.

15. Conocido en el mundo andino como “gamonalismo”.

16. Stefanoni utiliza esta categoría con el propósito de exponer la incapacidad que tuvo el denominado “Estado del 52” para integrar (de manera plena y masiva) a la población indígena a la vida económica, política y cultural de la nación.

17. Este acuerdo político se firmó el 9 de abril de 1964 en la localidad de Ucureña, entre la Federación Campesina de Cochabamba y el gobierno del dictador René Barrientos. El pacto, entre las Fuerzas Armadas y los principales sindicatos campesinos, se extenderá durante una década.

18. Cabe señalar que, durante la década de 1960, nuevas generaciones indígenas urbanas habían accedido a estudios universitarios, vivenciando allí la discriminación étnica y, al mismo tiempo, el nacimiento de una intelectualidad aimara.

19. En este artículo se trabajó con la versión publicada como capítulo sexto del libro La Revolución India, de Fausto Reinaga (2001, pp. 379-447).

20. El 1 de mayo de 1971, a instancias del Comando Político (conformado por las direcciones sindicales y de la izquierda revolucionaria), se fundó la Asamblea Popular en Bolivia, un órgano de los trabajadores y del poder popular independiente del gobierno nacionalista de Juan José Torres. La agencia de noticias Reuters denunció que en el corazón de América del Sur se había instalado “un sóviet orientado por Rusia” (Pinto, 2021). La Asamblea Popular fue un efímero ensayo de doble poder.

21. En este artículo se trabajó con la versión del documento publicada por Hernández y Salcito (2007, pp. 237-244).

22. En relación a los campesinos, Hernández y Salcito explican que “en los años iniciales del gobierno de Banzer, mientras por arriba las dirigencias sellaban un nuevo pacto con los militares en el poder, en las bases se operaba un proceso llamado a trastocar el panorama histórico del campesinado originario de Bolivia” (2007, p. 233).

23. En agosto de 1977, aún bajo la dictadura banzerista, apareció en La Paz el Segundo Manifiesto de Tiahuanacu. Este documento fue elaborado por el Consejo central de Amautas del Centro campesino Tupaj Katari y “ratifica totalmente el primero; completa algunas ideas y, sobre todo, hace un análisis de la coyuntura más detallado” (Hurtado, 1986, p. 70).

24. Se trata de una cuestión de gran relevancia, ya que política e históricamente (entre 1952 y 1985) los sindicatos campesinos “evolucionaron desde una dependencia de los gobiernos civiles del MNR y los sucesivos regímenes militares hacia una independencia de tales estructuras en una efectiva alianza con la Central Obrera Boliviana” (Healy, 1989, p. 7).

25. Silvia Rivera Cusicanqui explica que “para 1973, el katarismo es el nombre genérico de un amplio movimiento ideológico con múltiples manifestaciones institucionales y organizativas tanto en las ciudades de La Paz y Oruro como en diversas áreas rurales aymaras” (2003, p. 154).