Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 28
marzo 2026 - agosto 2026
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

“Nuestras Juventudes y las del Dr. Bunge”. Una aproximación a las juventudes socialistas en Argentina (primeras décadas del siglo XX)


Luciana Carreño

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Universidad Nacional de Quilmes,
Departamento de Ciencias Sociales, Centro de Investigaciones en Historia, Memoria, Educación y Territorios
Buenos Aires, Argentina.
lcarreno1@uvq.edu.ar
ORCID: 0000-0001-5920-2035

Resumen: El artículo realiza una aproximación al estudio de las juventudes socialistas en Argentina, en las primeras décadas del siglo XX. Para lo cual toma por objeto una polémica sobre los modelos de organización juvenil, confrontados por el diputado Augusto Bunge y la Federación de Juventudes Socialistas. En diálogo con los aportes de los estudios sobre las izquierdas, el trabajo se inscribe dentro del campo de la historia de las juventudes, desde el cual se propone problematizar sobre la incidencia de la variable etaria, como construcción sociocultural, en los procesos históricos que signaron la configuración del partido y de las juventudes como actores políticos del período.

Palabras clave: Juventudes socialistas – Partido Socialista – Antimilitarismo – Historia de las Juventudes

Abstract: This article proposes an approach to the study of socialist youths in Argentina, during the first decades of the twentieth century. It takes as object of inquiry a debate regarding models of youth organization, which was upheld respectively by Congressman Augusto Bunge and the Federation of Socialist Youths. In constant dialogue with the contributions of leftist studies, this essay inscribes itself within the field of youth history, from which it aims to critically examine the influence of age, as a socio-cultural construct, in the historical processes that shaped both the party and youth as political actors of the period.

Keywords: Socialist Youth – Socialist Party – Antimilitarism – Youth History

Recepción: 26 de junio de 2025. Aceptación: 9 de marzo de 2026.

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La organización de las Juventudes Socialistas (JJSS) en las primeras décadas del siglo XX ha sido destacada en distintos trabajos que señalaron el protagonismo de estas agrupaciones en la conformación de una corriente izquierdista que dio lugar a la escisión del Partido Socialista Internacional en 1918 y a la creación del Partido Comunista en 1920. Desde la historia elaborada en este último espacio, y especialmente en estudios monográficos no partidarios, se ha coincidido en identificar al “problema de la juventud” como un factor dentro del proceso más complejo en el que se enmarcó dicho cisma (Partido Comunista, 1947, p. 17; Corbiére, 1984, p. 18; Camarero y Schneider, 1991, p. 28). Asimismo, desde producciones más recientes, las juventudes figuran como actores centrales en el tramado de revistas, discusiones ideológicas y cuestionamientos a la postura reformista que se desarrollaba en el socialismo argentino (Díaz, 2015; Parot Varela, 2022). Finalmente, los jóvenes socialistas (mayoritariamente hombres, como se verá) fueron parte central en el armado de proyectos político-organizativos que, al promover estrategias de democracia directa y de acción gremial, se oponían al predominio de las prácticas electoralistas y parlamentarias que propiciaba la conducción del partido (Campione, 2005; Camarero, 2015).

El trabajo toma por objeto una polémica, desarrollada entre 1916 y 1917, en torno a las funciones que les cabía ejercer a las juventudes dentro del partido. En ese prolongado debate se opusieron dos modelos de organización, sostenidos respectivamente por el diputado Augusto Bunge y por la Federación de las Juventudes Socialistas (FJS). Para lo cual, recurre a un corpus de fuentes compuesto de revistas de las juventudes, complementado con noticias y artículos de la prensa política partidaria.1 A través de esta discusión, la pregunta por cómo se elaboró en el socialismo un problema en torno a la cuestión juvenil y su vinculación con la política y qué prácticas y conflictos implicó ese proceso por parte de las juventudes, se analiza en los siguientes apartados en diálogo con los aportes de dos campos de estudio de los cuales se abreva.

Por un lado, en el referido contexto previo a la escisión y en paralelo al desarrollo de otra polémica en la que se dirimían proyectos diferenciados sobre la acción gremial y política, la controversia por el papel de las juventudes dialoga con los estudios del socialismo y las izquierdas en Argentina. Desde allí, la confrontación por los modelos de organización juvenil permite profundizar en otras cuestiones que también atañen a la discusión sobre la organización partidaria y las formas de intervención política analizada por la historiografía. Por otro lado, la reconstrucción del debate y del derrotero organizativo de las JJSS se inscribe dentro del campo de la historia de las juventudes. Desde ese marco, el artículo propone analizar la incidencia de la variable etaria, como categoría construida dentro de un sistema de relaciones de poder (Mintz, 2008), en la estructura partidaria.2 A la vez, esos aportes nos permiten estudiar y situar la polémica dentro de la configuración, desarrollada en distintos países, de las juventudes como actores políticos y atender a los conflictos entre autoridad y agencia que esos procesos generaban durante el período de entreguerras (Manzano, 2023). En el contexto local, situado en la apertura electoral que implicó la Ley Sáenz Peña (que sancionó el sufragio universal masculino, secreto y obligatorio), el caso bajo estudio permite acceder a una serie de procesos más vastos, relativos a la organización de las juventudes dentro de los partidos, la construcción de la ciudadanía en esos espacios y la politización de la categoría de “juventud”, entre otras tendencias que, si bien no resultaban completamente novedosas, adquirieron entonces mayores dimensiones, dinámicas específicas y agencias que las juventudes empezaron a reclamar como propias.

La organización de las Juventudes Socialistas y el tramado de la polémica

En noviembre de 1916 la FJS organizó una función cinematográfica para la que convocó a Augusto Bunge como orador principal. Para sorpresa de su auditorio, el entonces diputado nacional y miembro del Comité Ejecutivo del PS, prescribió en ese evento un modelo de organización que contradecía las funciones políticas y la autonomía adoptadas hasta ese momento por las JJSS y favorecía en cambio el autogobierno limitado por el contralor del partido y el predominio de las actividades deportivas y culturales. La conferencia que dio origen a la polémica se complementó con su publicación de un folleto (Bunge, 1917), la realización de varias conferencias ampliatorias y la presentación de un proyecto de reglamentación de las entidades juveniles, que el diputado elevó a distintos centros socialistas y obtuvo el apoyo para ser sometido al voto general del partido.3 A través de estas acciones, la intervención de Bunge en la discusión de normativas estatutarias daba continuidad a su “función de intelectual de partido” ejercida en anteriores polémicas internas y se apoyaba en sus variados capitales políticos, científicos y culturales (Reyes, 2021).4

A partir de allí, el debate por la cuestión de las juventudes implicó diversas respuestas, que (a lo largo de casi un año, en el que se cerró la cuestión mediante el voto y la aprobación de la reforma de Bunge) se llevaron a cabo en discusiones asamblearias, artículos en la prensa juvenil y oficial del partido, conferencias públicas y con la creación de nuevas agrupaciones contrapuestas al modelo de las juventudes federadas.5 Tomando como punto de partida ese debate, en este apartado se reconstruye el derrotero organizativo de las entidades juveniles, en vistas de analizar las funciones y formas de intervención pública que llevaron a cabo dentro y fuera del partido.

La historia de la organización de las JJSS no recorre un derrotero lineal, sino que se halla sujeta a discontinuidades (marcadas por la duración interrumpida de varias de sus entidades) y a las omisiones que pueblan las versiones sobre sus inicios y desarrollo. Entre estas alusiones históricas, las elaboradas por Rodolfo Schmidt y Gregorio Bezchinsky (dos jóvenes de la FJS, respectivamente en contra y a favor del proyecto de Bunge) coincidían en ubicar el origen en 1908, en la acción de las juventudes de las secciones 12ª y 13ª, que luego no tuvo continuidad.6 Las omisiones en este antecedente fueron señaladas por Bezchinsky quien, además de incluir a la Juventud Socialista de la Boca, acusó a su rival de silenciar los motivos disciplinarios que originaron la disolución de aquellas agrupaciones, evidenciando con ello las falencias del modelo de organización autónoma que la FJS defendía. Pese a ello su relato, al igual que el de Schmidt, incurría también en omisiones al no rescatar otras juventudes socialistas que se desempeñaron más tempranamente en campañas anticlericales y antimilitaristas.7

Los orígenes inciertos de la actuación juvenil, representativos del carácter político y militante que interviene en la construcción de las memorias partidarias, también se replican en las alusiones sobre su organización más estable. Desde las versiones favorables a la FJS, los antecedentes que dieron impulso a la organización federativa se ubican en 1912 con la creación de distintas agrupaciones y la posterior organización de un Comité de Propaganda de las Juventudes Socialistas, que dio lugar a la Federación y a la celebración del I Congreso de Juventudes Socialistas en mayo de 1916.8 Sin embargo, este seguimiento no registra otras entidades previas entre 1913 y 1915 (el Comité de Relaciones del Movimiento Juvenil Socialista y especialmente otra Federación Juvenil Socialista) ni tampoco la realización de otro Primer Congreso de las Juventudes Socialistas en octubre de 1914,9 lo cual se explica en relación con la crisis que condujo al cisma del socialismo de 1915 con la creación del Partido Socialista Argentino (PSA), bajo el liderazgo de Alfredo Palacios. En tal sentido, en las citadas referencias a la breve historia de las JJSS se alude a un intento fallido de cooptación por parte de sectores simpatizantes con Palacios, que fue finalmente superado por las juventudes que dieron origen al Comité de Propaganda. De este modo, la desestimación de antecedentes y la alteración de la cronología de los congresos se interpreta como un intento, por parte de las JJSS que permanecieron en el partido, de diferenciarse de la antigua federación y desvincularse de algunos dirigentes que migraron hacia la nueva agrupación, que además pasó a contar con las juventudes estudiantiles entre sus apoyos distintivos (Herrera, 2018, p. 126). Más allá de las omisiones, la crisis interna de las nóveles entidades constituyó uno de los argumentos de la polémica, en la que de una parte se la utilizaba para representar los peligros de “sugestibilidad” de las juventudes cuando se desviaban en el terreno de la política (Bunge, 1917, pp. 26-27),10 mientras que, por otra, era prueba favorable del buen uso de la autonomía y de la fidelidad de las juventudes al partido.11

Pese a las repercusiones del cisma en la organización juvenil, es posible advertir una línea de continuidad entre las funciones y agrupaciones en el período que va desde la reaparición de nuevas entidades en 1912 hasta la resolución de la polémica, con la reforma de los estatutos a fines de 1917 y la pérdida de la autonomía de las juventudes. Esa línea traza un repertorio común de elencos y espacios de sociabilidad con los proyectos editoriales, gremiales y políticos (como el periódico Palabra Socialista, el Comité de Propaganda Gremial [CPG], o el Comité pro Defensa a las Resoluciones del III Congreso Extraordinario del PS, CDRCE) identificados por la historiografía como originarios de la tendencia izquierdista crítica a la conducción del PS.12 Tal como veremos, estas vinculaciones y la propia acción crítica de las juventudes en torno a la cuestión del militarismo ayudan a identificar conflictos previos a la polémica,13 los cuales no obstante no obstruyeron las relaciones de las JJSS con la dirección del PS. Según el seguimiento de sus iniciativas a lo largo de esos años y como se ve en la misma invitación de la FJS al diputado Bunge, las juventudes contaron con la participación de los principales líderes del socialismo como oradores en sus actos y a la vez prestaron su concurso en distintas actividades del partido.

Así, algunos centros juveniles impartieron cursos, conferencias e inclusive fundaron una escuela, en sintonía con las funciones educativas, culturales y científicas de la red más vasta de bibliotecas, centros y universidades del socialismo.14 Por otra parte, varias entidades contaron con equipos de fútbol, coros y cuadros dramáticos, que también se emparentaban con las actividades deportivas y artísticas de los centros y el periódico del PS.15 Asimismo, gran parte de estas asociaciones cumplieron funciones de defensa gremial, por medio del envío de delegados no solo en el CPG, sino también en el menos conflictivo Comité pro Reglamentación del Trabajo de la Mujer y el Niño, en el cual algunos centros juveniles desarrollaron acciones específicas.16

Esta proliferación de actividades se enmarca dentro de un universo de agrupaciones relativamente amplio en su alcance numérico y territorial. La cobertura de noticias de La Vanguardia muestra que la mayoría se concentró en la capital, aunque también se destacan juventudes en ciudades de la provincia de Buenos Aires y del Litoral (en especial en Rosario, Avellaneda, La Plata, entre otras).17 Ese seguimiento permite advertir, entre 1912 y 1918, la configuración de un denso entramado juvenil de modo paralelo a los centros socialistas, aunque usualmente compartían con estos las mismas sedes.18 En cuanto a las edades, si bien en un principio variaban según cada entidad, el congreso juvenil de 1916 delimitó un rango que abarcaba a jóvenes de 14 a 25 años, con la posibilidad de permanencia hasta los 30.19

Junto a las funciones culturales, educativas y gremiales, la labor propagandística representó un recurso valorado en el incremento de la vida electoral tras la ampliación democrática.20 En ese marco, la acción de las JJSS competía con la de los núcleos juveniles de la Unión Cívica Radical, también de reciente reorganización, dando cuenta del papel político de las juventudes en ese proceso.21 En tal sentido, como se señala en relación con el radicalismo, el desarrollo de espacios de politización juvenil que se llevó a cabo a través de los clubes y comités, potenció el planteo de oposiciones provenientes de agrupaciones juveniles, como espacios de “legitimación para sustentar posturas críticas o disputas a la conducción del partido” (Carreño, 2025a).

El caso de las JJSS resulta especialmente representativo de esa tendencia. Así, durante las actividades previas a las elecciones legislativas de 1914, la afirmación de las juventudes a través de entidades específicas (entonces representadas en el Comité de Relaciones del Movimiento Juvenil Socialista) dio lugar al desarrollo de una campaña alternativa, que se sustentaba en concepciones diferenciadas sobre lo que debía constituir la ciudadanía política socialista. Dichas concepciones no solo minimizaban el papel de la función electoral-propagandística, sino que también pretendían reformularla mediante conferencias que no se limitaran a reproducir la plataforma del partido sino que contribuyeran a aprovechar esas instancias explicando “en qué consiste el socialismo, cuáles son los métodos de lucha, dedicando especial atención al gremialismo”.22 Este tipo de propuestas (si bien rechazada por la conducción del PS, que desestimó el ofrecimiento del comité juvenil de incluir a sus oradores en los actos oficiales) se materializó en la organización de un mitin que contemplaba el desarrollo de ocho conferencias en distintas plazas de la ciudad y una convergencia final en la sede de La Vanguardia, en la que se entregarían las adhesiones de las juventudes a la lucha electoral.23

La afirmación del papel político juvenil se restringió no obstante principalmente a los hombres. Si bien, a diferencia de las radicales, las JJSS fueron mixtas y contaron con mujeres como afiliadas y en los cargos de las comisiones administrativas,24 la participación femenina fue minoritaria. Este hecho no respondía a una restricción formal, dado el reconocimiento del socialismo a los derechos políticos de las mujeres y la participación de afiliadas en distintos puestos directivos (Barrancos, 2005, p. 165). Dentro de otros factores, esta tendencia, no exclusiva de la militancia juvenil, se interpreta como ilustrativa de la circulación de concepciones normativas sobre el género que aceptaban, en la práctica, la vinculación de ciertas actividades políticas como áreas de predominio masculino. En tal sentido, la dedicación de las JJSS a las actividades políticas fue aludida para explicar la ausencia de mujeres en estas entidades por parte del sector juvenil que adhirió al proyecto de Bunge. En contrapartida, y a diferencia de posiciones que dentro del socialismo buscaban revertir la baja participación femenina fomentando su inclusión en las actividades políticas,25 estas juventudes proponían atraerla, auspiciando iniciativas que reforzaban los roles tradicionales de las mujeres, en cursos de corte y confección o clases de música.26

La fundación de juventudes socialistas no adheridas a la FJS, encabezada por la JS de Belgrano, complementó el proyecto de Bunge, al materializar, de modo previo al voto general, un modelo alternativo de organización juvenil que se promocionó como más exitoso. Por su parte, la respuesta de las juventudes federadas se reforzó en el II Congreso de JJSS y en una campaña de conferencias en distintos centros y espacios públicos de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la crisis desatada en el PS a raíz de la actuación del bloque parlamentario frente a los hechos de la Primera Guerra Mundial influyó en el resultado del voto general. Así, la expulsión de los adherentes al CDRCE, representativo de la tendencia de izquierda opuesta a la actuación de dicho bloque, repercutió dentro de la FJS, cuya junta ejecutiva y gran parte de su membresía pasaron a estar fuera del partido. El derrotero del cisma contribuyó a escindir cuadros de las JJSS hacia las nuevas agrupaciones que darían lugar al Partido Comunista y a su Federación Juvenil desde 1921 (Gilbert, 2009) y a reformular la antigua organización en agrupaciones juveniles anexas a los centros socialistas desde inicios de 1918. Sin embargo, la reforma de los estatutos y la pérdida de la autonomía no se reducen a una consecuencia de los hechos detonantes de la escisión del socialismo. Tal como lo señalan los antecedentes trazados en este apartado y como se analiza en el próximo, la cuestión de las juventudes, si bien comparte elementos con los demás factores que desencadenaron el cisma, adquirió también componentes específicos y su densidad propia.

Los componentes de la polémica: disciplina, representaciones sobre la juventud y reivindicaciones específicas

Dentro de los componentes de la polémica, la cuestión de las juventudes comparte y resulta afectada por los factores disciplinarios que han sido señalados para los citados proyectos alternativos de acción gremial y política de la tendencia izquierdista, nucleados en los referidos CPG y CDRCE.27 Al igual que estos proyectos, en los cuales los dirigentes juveniles se implicaron activamente, el periódico Adelante!, órgano de la FJS, emprendió una reivindicación de los principios internacionalistas del marxismo, que, tal como analizó Camarero, se asociaba a la antigua tradición de izquierda del PS, de los congresos de 1903 y 1904, que

recordaban la necesidad de la propaganda diaria anticapitalista y a favor del régimen colectivista, del carácter crítico y obstruccionista de la obra legislativa burguesa que debían asumir los parlamentarios socialistas, y de la definición del PS como partido de clase y revolucionario, en búsqueda de la emancipación total del proletariado. (2015, p. 166)

Esa función se replicaba desde actividades en las cuales, a través de conferencias o de debates en las “conversaciones familiares”, los centros juveniles proveían espacios de discusión, que tomaban como objeto al Manifiesto de la Conferencia Socialista de Zimmerwald de 1915 (al cual las juventudes adhirieron en el Congreso de 1916) y distintos tópicos marxistas.28

Sin embargo, al igual que en las sanciones recaídas en contra de los referidos comités, los factores disciplinarios en relación con las juventudes no constituyeron únicamente una censura a la función de crítica doctrinaria que emergía de esos espacios hacia la orientación reformista del socialismo (Graciano, 2010), sino que también remitía a casos puntuales de disidencia con el Comité Ejecutivo del partido y con las posturas de este órgano contrarias al desarrollo de formas alternativas de organización partidaria (Camarero, 2015; Campione, 2005). En el caso de las JJSS, el desarrollo de una organización federada a nivel nacional, presidida por una junta ejecutiva y por un cuerpo legislativo en los congresos, implicaba un desafío directo a la estructura del partido, al habilitar la multiplicación de espacios de autonomía y discusión, de forma paralela a los centros seccionales y al Comité Ejecutivo. Si bien el congreso juvenil de 1916 sancionó el reconocimiento del partido como única entidad socialista y prescribió la afiliación de sus adherentes mayores de 18 años, quedando con ello dentro de sus normas de disciplina, el proyecto de Bunge de “incorporación” de las juventudes se basó en una acusación de que habían devenido en un “partido clandestino”, que actuaba de forma paralela al PS.29

La disputa por la autonomía se referenció a su vez en una discusión por las formas de organización juvenil del socialismo europeo, punto al cual las juventudes locales dedicaron especial seguimiento.30 En esta cuestión del debate, las juventudes federadas se legitimaron en la trayectoria de la acción antimilitarista y en el reconocimiento que contaban sus pares en Europa por parte de distintos partidos socialistas, mientras que, en contraparte, los argumentos de Bunge y de varios afiliados y centros que se sumaron a la polémica acusaban el exotismo de esa extrapolación, que omitía la diferencia de edad, más tardía en los casos europeos, en el acceso a los derechos políticos, como base habilitante para el reconocimiento de la autonomía en esos países. Sin embargo, la comparación con el caso español, por ejemplo, señala que, más allá de las condiciones legales, se aplicaban similares restricciones de la autonomía de los grupos juveniles basadas en concepciones subordinadas sobre la juventud (González Quintana, 1987, p.40).

Este punto nos lleva a considerar el segundo componente que identificamos en la polémica, el cual remite a la incidencia de las concepciones sobre la edad en el trazado de líneas jerárquicas dentro de la estructura partidaria. En este sentido, los referidos aspectos disciplinarios del proyecto de Bunge se apoyaron en concepciones sobre la juventud que se elaboraron no solo en referencia al conflicto puntual con la FJS sino también como parte de una respuesta más amplia sobre la vinculación de las juventudes con la política. Así, las reticencias de Bunge sobre esa relación se emparentaban con posicionamientos previos del PS que condenaban la acción reaccionaria de la juventud argentina durante el Centenario,31 la participación juvenil en las contiendas políticas y la politización o “abuso de la palabra juventud” por parte de exponentes de la política criolla. Estas últimas prevenciones (provenientes de la pluma de Juan B. Justo, principal dirigente del PS e integrante de su representación parlamentaria con los triunfos obtenidos luego de la Ley Sáenz Peña) se actualizaban a partir de la participación política juvenil tras esa ampliación electoral,32 marcando con ello una diferencia con los “elogios” que profesaba la UCR hacia la juventud en ese contexto (Carreño, 2023).

En relación con esos antecedentes, la respuesta de Bunge innovaba no obstante en el uso de tópicos y vocabularios (el concepto de adolescencia, el desarrollo de la personalidad en esa etapa y el empleo de cifras sobre la delincuencia juvenil) de reciente problematización en el discurso científico y pedagógico local,33 para prescribir un rol subordinado de la condición juvenil, en sus notas de inexperiencia, impulsividad y sugestibilidad. Asimismo, resultaba novedoso al asociar la actividad juvenil partidaria con actividades y formatos asociativos, como el escultismo, que contaban con una impronta confesional y militarista en el ámbito local, que era objeto de críticas aun entre los jóvenes que, como Bezchinsky, adhirieron al proyecto de Bunge.

Esas coordenadas trazaban un modelo de despolitización juvenil que traía aparejadas consecuencias concretas en la vida partidaria. Por un lado, implicaba una restricción de las posibilidades de formación y práctica política de las juventudes que se incorporaban al partido.34 Por otro lado, si bien los requisitos etarios para el acceso al PS y a sus cargos de representación eran bajos, la valoración de la experiencia y de la madurez que estas concepciones ponderaban contribuía a fijar capacidades intelectuales, morales y políticas (que en su carencia se representaban en las “lecturas […] mal comprendidas” y las “exposiciones improvisadas” por parte de los jóvenes “con la escasa ciencia, experiencia y petulancia afirmativa propias de la edad”)35 que delimitaban un criterio de autoridad para acceder a las funciones de debate y crítica necesarias en las instancias deliberativas o de disidencia. Finalmente, la valoración de atributos como la experiencia se vinculaba al criterio de antigüedad como capital necesario, no solo para medir la acumulación de méritos y servicios, sino también para dirimir legitimidades en las luchas partidarias. La importancia de este capital se manifestó en el conflicto mantenido entre el Comité Ejecutivo y el CDRCE. Como analizó Campione, desde La Vanguardia se recurrió a la publicación de las fechas de afiliación de sus adherentes, para evidenciar la escasa antigüedad y la función conspirativa que se acusaba en los disidentes (2005, pp. 41-42 y p.163), a lo cual puede sumarse una intención de mostrar la indisciplina del componente juvenil en este comité (deducible en la escasa antigüedad, considerando el requisito de los 18 años para la afiliación) en el momento en que se efectuaba el voto general por la reforma de los estatutos y el destino de los centros juveniles.

No obstante, si bien la propuesta de Bunge apostaba al fomento de actividades culturales y deportivas como forma de despolitización, no desterraba totalmente la labor política para las juventudes, siempre que se desarrollara bajo la supervisión de los centros del partido o directamente dentro de este, por medio de la afiliación individual al cumplir los 18 años de edad. En este punto, sus apreciaciones positivas sobre el desempeño juvenil en las campañas electorales (Bunge, 1917, pp. 12-13) se emparentaban, pese a los recaudos, con las funciones propagandísticas que cumplían las juventudes en los demás partidos, evidenciando la relevancia que adquirían las mismas en la experiencia democrática. En ese marco, las juventudes no solo representaron un agente de propaganda valorado sino también un disputado caudal de votantes, dentro de un padrón electoral aún reducido por la exclusión de los extranjeros y las mujeres, pero en ampliación constante por la incorporación de noveles ciudadanos, muchos de ellos nacidos en el país, pero hijos de inmigrantes.36

Finalmente, las disidencias por los contenidos y formas que debía adoptar la propaganda antimilitarista se identifica como otro de los componentes que, junto con el anterior, otorgan a la polémica una densidad propia. Desde su reorganización en 1912, y en continuidad con la acción más antigua de las JJSS de los años 10, el militarismo fue adoptado como un tema propio de las juventudes, en tanto público específicamente interpelado por el Servicio Militar Obligatorio (SMO), sancionado en 1901. En las publicaciones y actividades antimilitaristas, la conscripción era representada como un drama que sustraía a los jóvenes del hogar y de las necesidades laborales del núcleo familiar; los exponía a la jurisdicción de la justicia militar y los enfrentaba a la posibilidad de ser empleados como fuerza de choque contra sus compañeros de clase. Estos componentes se llegaron a representar virtualmente en forma dramática en la función teatral a beneficio de la caja del conscripto que organizó la JS La Acción y que contó con el estreno de la “obra antimilitarista” En la Pampa, escrita por el joven socialista Demetrio Buira.37 A la vez, como lo ilustra el propósito de esa actividad, el antimilitarismo como asunto específico de las juventudes se advierte en la función mutualista que desempeñaban algunas de estas entidades.38

La relevancia de la conscripción no pasaba desapercibida para el grupo parlamentario del PS, el cual llevó adelante distintas interpelaciones a los ministros de guerra e inclusive proyectos para mejorar las condiciones higiénicas de los cuarteles. Estas acciones reformistas apuntaban a la obtención de mejoras más asequibles a corto plazo que la supresión del ejército permanente y la organización de la milicia ciudadana, que figuraban en el programa mínimo del partido.39 A su vez, el planteo de demandas a corto plazo que mejoraran las condiciones de los conscriptos también estuvo presente dentro de las JJSS, las cuales elevaron pedidos puntuales a los legisladores a favor de la obtención de pasajes gratuitos.40

Sin embargo, este tipo de demandas sectoriales fueron minoritarias, en tanto la cuestión del militarismo representó un tópico de elaboración doctrinaria y una línea de acción política propia de las JJSS que se oponía en varios puntos a la postura reformista que adoptaba el partido en la materia. En tal sentido, el drama de la conscripción no figuró entre las juventudes como un argumento para avalar reivindicaciones inmediatas de un grupo de edad, sino para justificar la legitimidad específica para llevar adelante la propaganda antimilitarista, desde una función programática que atacaba a la institución del ejército como expresión y medio de explotación de la sociedad capitalista. Esta función crítica (expresada desde las declaraciones del I Congreso de las JS de 1916, en el periodismo juvenil y en diversas conferencias)41 se manifestó particularmente en las campañas antimilitaristas de las JJSS con motivo de las incorporaciones anuales de los conscriptos a las armas. Esos episodios generaron momentos de conflicto con la conducción del PS y condensaron distintos puntos de oposición por parte de las juventudes, en relación con los modos de interpretar las consignas antimilitaristas del programa mínimo del partido y su traducción en las plataformas electorales, en las que se sustituyó el tópico de derogación del SMO por el de su reducción a un período de tres meses.

Entre estos conflictos, el mitin antimilitarista de 1913 evidenció los contrastes en las formas y tonos de protesta que adoptaba la propaganda sobre esa causa. Frente a los reclamos de derogación y las arengas de “¡Abajo el Ejército!” que corearon las juventudes, se opuso una traducción ofrecida por Francisco Cúneo, orador del Comité Ejecutivo del PS, explicando que “Lo que propagan las juventudes socialistas” no era el “odio al ejército de nuestro país” sino “la reforma del régimen militar […] y mientras no sea posible suprimir el ejército permanente para reemplazarla con la milicia ciudadana, reclaman como medida la abolición de los tribunales militares”.42 Estas diferencias se intensificaron en la campaña antimilitarista de 1917, en la que se expresarán posicionamientos contrarios a la plataforma del partido relativa a la reducción del SMO a tres meses, e inclusive contrarios a las milicias ciudadanas.43 Estos precedentes se ubican entonces como uno de los puntos centrales de la polémica, a partir de los cuales se acusó a las juventudes de constituir órganos clandestinos, contrarios a los postulados del partido al que decían pertenecer y se le negaría entre sus funciones el desarrollo de la propaganda antimilitarista. Asimismo, dada su cercanía temporal con el proyecto de Bunge, la campaña de 1917 posiblemente actuó como detonante para impulsar su envío y la obtención del aval para el voto general y para la creación de entidades contrapuestas al modelo de la FJS, en las cuales se dio inicio a una etapa diferenciada en la organización de las juventudes socialistas.

Conclusiones

Pese a la pérdida de adherentes tras la escisión, las entidades juveniles continuaron funcionando dentro del PS. Diez años después de la reforma de los estatutos, su antiguo promotor, entonces desde las filas del Socialismo Independiente, acusaba la necesidad de organización de las juventudes con fines culturales como una idea por él patrocinada pero que estaba siendo aprovechada desde la “Casa del Pueblo”.44 Ese diagnóstico, elaborado como diagnóstico del desempeño en las urnas del nuevo partido, es revelador de la importancia, electoral y política, adquirida por las juventudes dentro de las estructuras partidarias durante la experiencia democrática.

El contenido y resolución de la polémica aquí estudiada puede leerse como expresivo de los conflictos entre autoridad y agencia generados por ese proceso más amplio de politización juvenil a nivel internacional (Manzano, 2023) y como parte de la respuesta que elaboró el socialismo local en esa coyuntura. Frente a la afirmación de concepciones tutelares sobre la juventud que finalmente se abrieron paso en los estatutos, los conflictos y acciones llevadas a cabo por las juventudes propusieron concepciones alternativas de ciudadanía; bases autónomas y descentralizadas para la organización partidaria y disidencias en el modo de traducir los principios socialistas en líneas de acción política diferenciadas de los medios electoralistas que acusaban en el partido. Estas propuestas, que no obstante rebasan la dimensión del conflicto por la agencia juvenil para inscribirse dentro de factores más amplios que signaron la escisión de 1918, condensan en la cuestión del militarismo un tema específico que las JJSS se arrogaron como propio. Desde ese tema, la lectura y el modo de encarar la propaganda antimilitarista reivindicó el principio de supresión del ejército y llegó a implicar (en sus críticas más radicalizadas) una oposición a las milicias ciudadanas, constituyendo un proyecto fallido de obstrucción a la tendencia reformista que finalmente se impuso en esa materia. Pocos años después de la salida de las juventudes, dicha tendencia llegó incluso a institucionalizarse mediante una reforma del programa mínimo del PS, que sustituyó las consignas antimilitaristas originales e introdujo la reducción del SMO a tres meses, que figuraba ya en distintas plataformas electorales.45

Finalmente, la polémica también condensa una respuesta a la creciente politización de la categoría de juventud, a través de su uso por distintas fuerzas políticas. Sin despreciar los atributos de entusiasmo que solían adjudicarse a este público, el proyecto de Bunge recurrió a distintas concepciones para disputar esa interpelación y delimitar un espacio subordinado para ese actor, que no obstante también implicaron un costo político. En el terreno de las representaciones en el que se inscribe esa politización, el socialismo pasaría a ser denominado como el partido “que hostiliza a los jóvenes”.46 Más allá de su incierta veracidad, esas acusaciones señalan la importancia de considerar las representaciones sobre la edad, no solo como capitales en la disputa entre fuerzas políticas antagónicas sino también al interior del partido, como una variable (junto a otras como el género o el estatus socioprofesional) dentro de las luchas políticas internas, el trazado de jerarquías y la regulación del acceso a los cargos de representación y de decisión. Tal como se analizó, la discusión sobre los modelos de organización juvenil planteó una serie de condicionantes (pérdida de espacios de práctica y elaboración política; delimitación de atributos para ese ejercicio de acuerdo a la edad; criterios de valoración de la experiencia y la antigüedad) que confluyen en esas dinámicas, más allá de las regulaciones estatutarias formales sobre la edad.

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1. Se consultaron los periódicos Palabra Socialista (1912-1914) y Adelante! Órgano de la Federación de las Juventudes Socialistas (1916-1918) y el diario La Vanguardia (relevado entre 1911 y 1918).

2. Cabe aclarar que el componente juvenil y su prédica antimilitarista ya fue advertido por la historiografía que analizó el cisma del PSI (Campione, 2005, entre otros) e interpretado incluso en términos de “conflicto generacional” en la coyuntura juvenilista de los años 10 (Pittaluga, 2015, p. 90). El análisis aquí propuesto inscribe dichas oposiciones en una elaboración más amplia de representaciones sobre la edad, que, si bien pudo darse en respuesta a conflictos con un grupo juvenil concreto, recogía otros antecedentes e interlocutores en una disputa por dotar de ciertos sentidos a la juventud.

3. Bunge amplió sus posiciones en conferencias en las JS de Belgrano, La Boca, Federico Engels y Esteban Echeverría. Datos de La Vanguardia. Paralelamente envió su proyecto a centros que juzgó favorables para avalar el voto general. La Vanguardia,Incorporación de las Juventudes Socialistas. Antecedentes de un proyecto”, 8 de febrero de 1917, p. 1.

4. El análisis de Reyes da cuenta de su participación en otra polémica en 1915 en la que rebatió un proyecto de reforma de los estatutos del PS que promovía la incompatibilidad de la militancia con la profesión de fe religiosa. Ese estudio también permite situar los capitales con los que contaba al iniciar la polémica con las JJSS. Así, el aval de su proyecto dentro del PS se correspondía con la antigüedad de su militancia, iniciada en los orígenes partidarios, con su participación en el Centro Socialista Universitario en 1894 y su cercanía a figuras clave para su constitución, como Juan B. Justo. Asimismo, la autoridad científica en la que fundaba sus apreciaciones sobre las juventudes se sustentaba en su carrera como médico higienista, con inserción en la burocracia estatal y la docencia universitaria. Finalmente, su reconocimiento se completaba con su carrera política como diputado y su producción e inserción dentro del campo literario e intelectual de la época (Reyes, 2021).

5. Las JJSS dieron conferencias explicando la función del movimiento juvenil y organizaron sesiones de lectura y asambleas para discutir el proyecto de Bunge, que se trató también en asambleas de los centros socialistas. Datos de La Vanguardia.

6. R. Schmidt, “Lo que son las Juventudes Socialistas II. Continuando con la Defensa”, La Vanguardia, 12 de abril de 1917, p. 1; G. Bezchinsky, “Defensa de las Juventudes Socialistas I. Líbranos de nuestros amigos”, La Vanguardia, 5 de mayo de 1917, p. 1.

7. Desde 1903 se registran datos de los Centros Socialistas Juventud de Almagro, Juventud Obrera y de La Boca y en 1905 un intento de organización federal: “La Juventud Socialista. Propaganda antimilitarista”, La Vanguardia, 4 de febrero de 1905, p. 2. El estudio de esas entidades excede los objetivos de este artículo, pero amerita un análisis en el marco de la elaboración del antimilitarismo socialista en Argentina en el cambio de siglo (Reyes y Bacolla, 2018).

8. R. Schmidt, “Lo que son las Juventudes Socialistas II”, art. cit.; A. Zeme, “Nuestra obra”, Adelante!, 25 de abril de 1916, p. 7. En agosto de 1912 se formó la JS de la sección 2ª y en septiembre la JS del Norte, que luego pasaría a denominarse Círculo Juvenil del Norte. Datos de La Vanguardia.

9. “Primer Congreso de las Juventudes Socialistas”, La Vanguardia, 18 de octubre de 1914, p. 2.

10. G. Bezchinsky, “Defensa de las Juventudes Socialistas I. Líbranos de nuestros amigos”, La Vanguardia, 5 de mayo de 1917, p. 1.

11. “La Juventud Socialista. Ventolas, ventoleras y ventolinas de adversidad”, Adelante!, 1 de diciembre de 1916, I (7), p. 2; “FJS. A los afiliados del PS”, Adelante!, 15 de febrero de 1917, II (8), p. 1.

12. Tal como se señaló en la introducción, la reorganización de núcleos juveniles y su relación con esos espacios representativos de la corriente izquierdista ya ha sido señalada en distintos estudios. Véase, entre otros, Camarero (2015) y Campione (2005).

13. La reorganización de las JJSS coincidió con un proyecto de apoyo moral y material a estas entidades con carácter autónomo (“Centro Socialista del Norte”, La Vanguardia, 30 de agosto de 1912, p. 2), que fue desestimado en el XI Congreso del PS, que favoreció “la iniciativa de organizaciones juveniles” pero bajo la dirección y contralor de los centros del partido. “XI Congreso del Partido Socialista Argentino”, La Vanguardia, 14 de noviembre de 1912, p. 1.

14. La JS La Vanguardia ofreció cursos gratuitos de instrucción primaria en junio de 1914; la JS La Acción, conferencias sobre tuberculosis y educación sexual a fines de 1915, y el centro socialista Juventud de Palermo inauguró una escuela en 1916. Datos de La Vanguardia.

15. Como ejemplo, en 1916, varias JJSS participaron en el torneo de fútbol de la copa La Vanguardia y las JJSS Jean Jaurès, Pablo Lafabre y La Acción organizaron cuadros dramáticos. Datos de La Vanguardia.

16. En julio de 1915 la JS La Acción adhirió a un mitin de esa entidad exigiendo el cumplimiento del descanso dominical y el cierre de las tabernas, y en septiembre de 1916 la JS La Vanguardia prometió investigar establecimientos que infringieran las leyes obreras. Datos de La Vanguardia.

17. Se destacaron la Juventud Carlos Marx de Talleres; la Juventud Unión y Libertad de Avellaneda y Juventud Teoría y Práctica de Rosario.

18. El tamaño de las membresías es difícil de precisar en el marco de la polémica y por la escasez de datos. En 1916 la FJS contabilizó 26 agrupaciones y 900 cotizantes, cifra que, según Bunge, citando el II Congreso de la FJS, había descendido a casi la mitad en 1917. A. Bunge, “Consolidando nuestra democracia III”, La Vanguardia, 3 de diciembre de 1917, p. 1.

19. Este último agregado se eliminó como consecuencia de la polémica. “FJS. II Congreso”, La Vanguardia, 23 de julio de 1917, p. 1.

20. Especialmente se ve en la campaña por las elecciones presidenciales de 1916, en la cual además de las JJSS actuaron comités independientes de jóvenes en apoyo al partido. Datos de La Vanguardia.

21. Si bien se destaca el papel de las juventudes de esos dos partidos, se advierte la amplitud del proceso de politización juvenil durante la experiencia democrática. En la ciudad de Buenos Aires, incluye también a las agrupaciones del movimiento de la Reforma Universitaria (Bustelo, 2021), así como también, en los años 20, a las juventudes comunistas (Gilbert, 2009) y de otros partidos como el Demócrata Progresista, la Unión Cívica Radical Antipersonalista, el Partido Liberal, el Socialismo Independiente y las agrupaciones juveniles de la derecha nacionalista a finales de esa década.

22. A. Zeme, “El deber de los jóvenes socialistas en la lucha electoral”, Palabra Socialista, II (36), 1 de marzo de 1914, p. 7.

23. “Comité de Relaciones del Movimiento Juvenil Socialista”, Palabra Socialista, II (36), 1 de marzo de 1914, p. 7. Las juventudes solicitaron, sin éxito, que el acto no coincidiera con otras conferencias del PS y es posible que no se haya realizado por condiciones climáticas. Datos de La Vanguardia.

24. En 1912, Adelina Minguez y Teresa Buira figuraron como asociadas de la JS; en 1915, la JS Los Hijos del Pueblo nombró como revisoras de cuentas a Margarita Sieff y Oliva R. Roseio, y en 1916 Adela Richino fue elegida vocal en la JS Constancia y Labor. Datos de La Vanguardia.

25. L. Recabarren, “Ausencia femenina”, La Vanguardia, 12 de enero de 1917, p. 1.

26. I. Cesarsky, “La juventud socialista de Belgrano”, La Vanguardia, 12 de julio de 1917, p. 1. Como analizó Barrancos, estos cursos se dieron también en la Sociedad Luz; sin embargo, allí la preocupación por la condición femenina se centró en la difusión del higienismo, dentro de la labor más amplia de difusión científica de esa entidad (1996, p. 54).

27. Sobre los factores disciplinarios comunes y la participación del movimiento juvenil socialista en estos proyectos véase Camarero (2015) y Campione (2005).

28. Se citan, entre otras, las conferencias de Juan Ferlini y Juan Greco sobre el Manifiesto de Zimmerwald y el militarismo; la de Jaime López sobre el concepto materialista de la Historia (López, 1916); la de Alberto Palcos sobre “Qué es el socialismo” y “Teoría económica de la Historia”. Asimismo, las JJSS desarrollaron lecturas comentadas de El origen de la familia, de Engels, y conversaciones familiares sobre diversos tópicos marxistas. Datos de La Vanguardia.

29. A. Bunge, “Las Juventudes y el Partido. II”, La Vanguardia, 10 de marzo de 1917, p. 1.

30. Desde su reorganización en 1912, la referencia a las JJSS europeas fue constante (“Movimiento Juvenil”, Palabra Socialista, I [19], 1 de junio de 1913, pp. 4-5). Además de un aval internacional a la cuestión de la autonomía, estas referencias justificaban la incumbencia de las JJSS en la acción antimilitarista, especialmente a partir del ejemplo de las JJSS belgas y de otros hitos organizativos en torno a esa causa. R. Schmidt, “Lo que son las Juventudes Socialistas I. Defendiéndonos de un ataque”, La Vanguardia, 3 de abril de 1917, p. 1. La acción antimilitarista fue el móvil de las Jóvenes Guardias Socialistas belgas (Rebérioux, 1979, p. 334) y constituyó una tendencia general entre los movimientos juveniles socialistas europeos, aunque con menos incidencia en Gran Bretaña, dada la ausencia del Servicio Militar Obligatorio en ese ámbito (Morgan, 2009, p. 231).

31. Tal como se observa en la denuncia del PS frente al Bureau Socialista Internacional, en la que se solicitaba que se expresara solidaridad, en actos públicos de las juventudes estudiantiles de distintos países, en contra de la juventud argentina, a la que se ubicaba dentro de la reacción dominante (Poy y Benclowicz, 2023, p. 51).

32. J.B. Justo, “La juventud, el alto comercio y la alta banca”, La Vanguardia, 15 de diciembre de 1910, p. 1. La Vanguardia volvió a publicar ese artículo, para referir a la participación juvenil, en el contexto de la campaña electoral de 1914.

33. Dicha problematización tuvo una de sus mayores expresiones en 1918 con la publicación de La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas, de Víctor Mercante (véase Dussel, 2014).

34. Esas posibilidades se identifican en los debates de las conversaciones familiares de las JJSS, las cuales incluso condensaban ambas funciones, de formación y práctica política, en conferencias que tematizaban sobre “Las prácticas de asamblea”. “JS Pablo Lafargue”, La Vanguardia, 28 de noviembre de 1916, p. 5.

35. A. Bunge, “Las Juventudes y el Partido. I”, La Vanguardia, 14 de febrero de 1917, p. 1.

36. Según La Razón, en vísperas de la elección presidencial de 1916, el aumento de “nuevos ciudadanos con capacidad de votar” marcaba un piso de votos necesario en esos comicios en la Capital Federal, que se presuponían reñidos entre el PS y la UCR. “Los votantes de la Capital”, La Razón, 24 de febrero de 1916, p. 5.

37. “JS La Acción y Asociación Esclavos de Thalia”, La Vanguardia, 16 de abril de 1916, p. 3.

38. La Juventud La Acción se destacó por esta función, que también figuró en 1917 en la JS Laboremus. La creación de cajas o secciones de asesoramiento al conscripto se planteó también en la JS de la sección 8ª y en la JS Andrea Costa. Datos de La Vanguardia.

39. Para ver antecedentes y contrastes respecto de este posicionamiento, véase el análisis de Reyes y Bacolla (2018) sobre la elaboración del antimilitarismo del PS en la coyuntura del cambio de siglo. La acción de los legisladores socialistas sobre el SMO en el contexto posterior a la reforma electoral de 1912 se estudió en Carreño (2025b).

40. “Juventud Socialista”, La Vanguardia, 13 de agosto de 1913, p. 4; “JS La Acción”, La Vanguardia, 11 de febrero de 1914, p. 6.

41. Véase, por ejemplo: “Un tema del Congreso Juvenil”, Adelante!, II (2), 10 de mayo de 1916, p 1; C. Thiessen, “El militarismo y las Juventudes Socialistas”, Adelante!, II (2), 10 de mayo de 1916, p 3-4. Si bien allí se admitía el modelo de las milicias ciudadanas, se muestran críticas frente a esa institución y a la democratización del ejército, que ganaba lugar dentro del PS.

42. Los contrastes se observan en: “Propaganda antimilitarista”, La Vanguardia, 21 de enero de 1913, p. 1; “Pro Conscripto Enríquez”, Palabra Socialista, II (3), 15 de febrero de 1913, pp. 1-3.

43. Esas posturas se expresaron en la conferencia de Pedro Zibecchi organizada por la JS La Vanguardia y posiblemente en un mitin por la FJS, al cual no adhirió la JS Adelante. Datos de La Vanguardia. Véanse también las réplicas en defensa de la postura del PS (E. Jiménez, “Antimilitarismo”, La Vanguardia, 9 de enero de 1917, p. 1) y la contrarréplica de Mauricio Freedman, en la que acusaba a las posturas favorables a la reducción del SMO de un revisionismo aún más extremo que el de Bernstein: M. Freedman, “Nuestro antimilitarismo”, Adelante! II (9), 15 de mayo de 1917, p. 7.

44. “La lección del escrutinio”, Libertad, 11 de diciembre de 1928, p. 3.

45. “Clausuró ayer sus sesiones el V Congreso Extraordinario del Partido Socialista”, La Vanguardia, 7 de enero de 1925, p. 1.

46. “La mejor lista de la capital”, La Vanguardia, 31 de marzo de 1928, p. 4.