Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, nº 28
marzo 2026 - agosto 2026
ISSN 2313-9749
Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas

Alejandro M. Schneider, El tercer peronismo en el gobierno. Protestas laborales y comportamiento sindical (1973-1976), Buenos Aires, Grupo Editor Universitario, 2025, 136 pgs.


Martín Mangiantini

ORCID: 0000-0002-4615-8693

* * *

Alejandro Schneider posee una profusa trayectoria en el campo de la producción académica, tanto en torno a los estudios sobre la clase trabajadora argentina en la segunda mitad del siglo XX como así también en el abordaje del movimiento obrero latinoamericano en países como Bolivia o Puerto Rico. Específicamente, este trabajo se inserta en la colección Pasado y presente de la clase obrera argentina, dirigida por Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo, y publicado por el Grupo Editor Universitario y, en cierta medida, puede ser considerado como la continuidad de su investigación Los compañeros: trabajadores, izquierda y peronismo, 1955-1973, editado en el año 2005 por Imago Mundi.

El nuevo estudio analiza el turbulento período abierto con la asunción a la presidencia de Héctor Cámpora en mayo de 1973 y, con ello, el retorno del peronismo al gobierno. Discurre luego por los convulsionados meses en los que se desarrolló la última presidencia de Juan Domingo Perón y, finalmente, en el devenir que experimentó su mujer, antes vicepresidente, María Estela Martínez de Perón, hasta su ocaso con la ejecución del golpe de Estado que la derrocó en marzo de 1976.

El autor se propone dar cuenta de esta etapa a través de dos planos de análisis simultáneos. Por un lado, mediante la reconstrucción de la conflictividad desarrollada desde los sitios de trabajo. Esta, para Schneider, implicó un límite impugnatorio a diversas medidas políticas y económicas del gobierno peronista a la vez que posibilitó el desarrollo de una conciencia anticapitalista en el seno de la clase obrera. Por otro lado, el trabajo se adentra en el estudio de una dirigencia sindical que cumplió un papel de contención de la protesta y, en ocasiones, incluso en un componente activo del aparato gubernamental, siendo este un fenómeno marcado por matices y disputas intestinas.

Organizado en cinco capítulos que se suceden sobre la base de un criterio cronológico y en concordancia con el enfoque propuesto, el trabajo identifica en cada etapa algunos tópicos y problemáticas centrales. La importancia brindada a la conflictividad en los ámbitos de trabajo permite dar cuenta de una multiplicidad de acciones de diverso tipo protagonizadas muchas veces al margen de las conducciones gremiales. La explicitación de un amplio repertorio de iniciativas disímiles acompaña el análisis del nutrido abanico del que se valió el activismo laboral para canalizar sus reclamos.

Si bien dialoga con aportes preexistentes como el estudio de Elizabeth Jelin, el trabajo no posee una pretensión cuantitativa o una expectativa por dar cuenta de un modo acabado del accionar de protesta en estos tres años, sino que utiliza la presentación de muestras representativas de la conflictividad en cada momento específico a partir de determinados ejemplos y cierta enumeración de hechos. A su vez, si bien la pesquisa se focaliza en el Área Metropolitana de Buenos Aires, las fronteras geográficas son difusas y el relato se construye de un modo amplio sin especificar matices regionales o provinciales y recuperando algunos sucesos emblemáticos por fuera del espacio porteño-bonaerense.

Otro aspecto permanentemente referenciado recae en la identificación de matices no siempre menores entre aquellos actores que conformaron el núcleo dirigencial del mundo sindical. Las tendencias dentro de la CGT, el papel de las 62 Organizaciones y las pujas interburocráticas son un componente nodal al momento de analizar el período y, todo ello, se incorpora de un modo vinculado a las propias internas presentes dentro del movimiento peronista en general.

El tercer peronismo en el gobierno es un trabajo de valor. En primer orden, conlleva un aporte historiográfico. Autoras como Marina Franco o Alicia Servetto, atendieron desde diversos enfoques al fenómeno de la depuración interna del peronismo y la conjunción de la represión legal e ilegal como parte de esta empresa. Schneider complejiza este escenario incorporando a los sectores más combativos de la clase obrera y el clasismo como parte de las lógicas de erradicación y, en ese esquema, las articulaciones existentes entre el gobierno peronista, el aparato represivo formal, el informal y la dirigencia sindical tradicional. En este tópico, se destaca la recuperación de una experiencia escasamente abordada como fue la Juventud Sindical Peronista y sus lógicas de disputa tanto contra las alas combativas del peronismo como hacia las disímiles corrientes de izquierda insertas en el movimiento obrero.

En segundo orden, el libro abre debates con producciones preexistentes. El tratamiento sobre la dirigencia obrera, la recuperación de su papel como parte del entramado represivo y sus objetivos de obturación a la radicalización es también un modo de posicionamiento de la polémica en torno a la burocracia sindical como categoría. A la vez, el texto pone en tensión la obra de Juan Carlos Torre, Los sindicatos en el gobierno, 1973-1976, y su aseveración de un persistente y férreo control de la dirigencia sobre el movimiento obrero. Para Schneider, la multiplicidad de conflictos y acciones en los lugares de trabajo como así también la frecuente emergencia de nuevos organismos de representación (comisiones internas, cuerpos de delegados, comités de huelga, comisiones de solidaridad, etc.) dan cuenta de un claro cuestionamiento al papel dirigencial.

No obstante, el enfoque se complejiza aún más cuando el autor asegura que esta dirigencia mantuvo una base de legitimidad no despreciable dentro de la clase trabajadora. Amén de la obtención de ciertas conquistas materiales concretas, un motivo central de ello recae en la herencia simbólica, retórica y litúrgica que esa dirigencia heredó del peronismo sustentándose así ante sus bases. Sin menospreciar el aspecto identitario, ello abre otro interrogante toda vez que la reflexión del autor habilitaría a concluir que el consenso hacia una dirección burocrática se hallaba exclusivamente ligado a aquellos trabajadores referenciados en la tradición del peronismo. Vale preguntarse: ¿cómo incorporar dicha aceptación en sujetos con otro tipo de tradiciones o, incluso, en trabajadores carentes de una autopercepción anclada a una filiación política específica? Las recientes incorporaciones en disímiles trabajos de sujetos tales como “los obreros comunes” son un campo factible de examinar para ahondar en la reflexión sobre el tópico.

Una tercera virtud, a partir de la periodización y el enfoque propuesto, es la posibilidad de reflexionar sobre el papel del propio Perón como un componente nodal para los intentos de desarticulación de la conflictividad y la radicalización obrera. La visualización del comienzo del ciclo represivo y la depuración del activismo una vez materializado el fallecimiento del líder del movimiento se topa en este caso con un conjunto de discursos, medidas e iniciativas presentadas que permiten cuestionar dicha perspectiva.

La ausencia más notoria del trabajo quizás recaiga en el escaso desarrollo sobre el papel que diversas expresiones del campo de la izquierda imprimieron a la conflictividad laboral y a la organización en los sitios de trabajo. Si bien ameritaría una descripción más amplia, ello se vuelve necesario pues una de las hipótesis que hilvana el trabajo advierte que la inestabilidad de este período no debe explicarse exclusivamente por las tensiones internas en el peronismo, o bien, en razón de la debilidad de la clase dominante. La pesquisa subraya la potencialidad de una clase obrera atravesada por diversas corrientes de izquierda que disputaron la hegemonía del partido gobernante. Tomando como base el trabajo Los setentistas del propio autor junto a Pablo Pozzi, la hipótesis se circunscribe a aseverar la recepción y aceptación de las ideas más radicales en el seno del mundo del trabajo. Sin embargo, más de dos décadas posteriores de producción historiográfica en torno a la dinámica del comunismo, el maoísmo, el trotskismo o el peronismo revolucionario, permitirían adentrarse aún más en este fenómeno mediante el diálogo con otros aportes. Si bien ahondar en los mecanismos y estrategias de inserción y participación de las diversas organizaciones revolucionarias, con sus correspondientes matices, conllevaría un complejo tratamiento y obligaría a un entrecruzamiento de fuste entre la historia social y la política, la aseveración transversal del trabajo en torno a la relevancia que estas corrientes tuvieron como un factor explicativo de la radicalización de la etapa y de las imposibilidades de una acabada hegemonía del peronismo hace ello necesario. En definitiva, junto a un novedoso análisis del período que sistematiza hechos y problemas, el aporte de Schneider también permite abrir nuevos tópicos en la agenda historiográfica dando cuenta de la necesidad de establecer una sincronización mayor entre la organización obrera en los sitios de trabajo, el repertorio de protesta y el papel concreto de las disímiles propuestas radicalizadas a partir de sus respectivos mecanismos de inserción y participación.